Tras las internas, un relato insostenible...

Las elecciones internas, celebradas el domingo pasado, no han dejado indiferente a nadie, especialmente al Frente Amplio, que intenta instalar la narrativa de una victoria inminente (¡en primera vuelta!). No obstante, lejos de revelar un escenario favorable para la izquierda, las urnas vuelven a mostrar un escenario competitivo, con una ventaja de alrededor de 30.000 voluntades en favor de los partidos que integran la Coalición Republicana. Poniendo toda la carne en el asador, y movilizando hasta el último recurso (humano y material), el frentismo no logra imponer un clima de cambio. 
El Frente Amplio logró movilizar a unos 400.000 votantes, un número que intenta presentar como una señal de su retorno inminente al poder. "Sabemos que vamos a volver a ser gobierno, ellos también lo saben", repite a los gritos Fernando Pereira cada vez que se habla del tema. No obstante, las cifras deben ser analizadas en su contexto. Como es harto conocido, las elecciones internas no son obligatorias y están diseñadas para definir listas y candidaturas dentro de cada partido. La alta participación frentista fue el resultado de una movilización intensa y un esfuerzo organizado -explícitamente anticipado-, no necesariamente una muestra del entusiasmo generalizado del electorado. 
A diferencia de lo que intentan instalar desde la izquierda, la baja participación general en estas internas refleja, como ha dicho el ex Presidente Sanguinetti, una evidente falta de voluntad de cambio entre la ciudadanía. Comparado con las elecciones en países vecinos como Argentina y Brasil, donde la participación fue mucho más alta debido a un claro deseo de cambio, la situación en Uruguay es muy distinta. La apatía y la estabilidad política indican que la gran mayoría de los uruguayos no sienten una urgencia por cambiar el rumbo actual del país. 
Así y todo, sabemos que los resultados no son extrapolables. La dinámica de las internas es distinta y no refleja necesariamente el comportamiento electoral en una elección general. De hecho, en la elecciones de 2014, en las que la participación en las internas fue similar a la actual, el Partido Nacional, encabezado por Lacalle Pou, superó ampliamente al frentismo, que luego resultó victorioso con la fórmula Vázquez-Sendic. Así podríamos seguir con varios ejemplos desde que el mecanismo de las internas fue establecido. 
Pero, incluso dando por hecho la linealidad planteada por el frentismo en esta oportunidad, el resultado no le es favorable. Sumando los votos de todos los partidos que hoy integran la Coalición Republicana, estos superan en al menos 30.000 voluntades al Frente Amplio. Esta diferencia es la misma que le permitió a la Coalición ganar las elecciones nacionales pasadas y ratificar la Ley de Urgente Consideración (LUC), que el frentismo buscó derogar en las urnas. Este dato es fundamental, por eso buscan soslayarlo. Responden que la interna es "entre partidos y no entre coaliciones", como si el frentismo fuera una unidad monolítica, en la que no importan los sectores/tendencias. 
Lea como se lea, el diario del lunes es claro. La narrativa de que "comienzan a volver" es más un intento de mantener alta la moral de sus bases que una realidad objetiva. Ya decían cuando el referéndum sobre la LUC: "todo el mundo sabe que vamos a ganar". Y volvieron a perder, así como perdieron también varias intendencias en las recordadas elecciones departamentales en pandemia, en las que también anunciaban victorias inminentes que no se dieron. 
Por lo pronto, hoy muestran su nerviosismo intentando abrir grietas en la Coalición. Hablan más del candidato colorado -al que desesperadamente acusan de "blanco"- y de la fórmula blanca -a la que critican por sumar a una ex izquierdista, de la que reniegan- que de la suya propia. No confían. No pueden ocultar sus diferencias. Los abrazos y las risas, el intento por no repetir el bochorno de Martínez-Villar. Todo es falso. Una fachada. Orsi lo logra disimular muy bien, a Cosse le resulta difícil. Su expresión "la vende". 
La realidad es que la Coalición Republicana sigue siendo una fuerza significativa y bien posicionada para lo que resta del calendario electoral, incluyendo las elecciones departamentales de 2025 en las que competirá bajo un mismo lema en varios distritos. La verdadera batalla electoral aún está por venir, y será entonces cuando se verá la verdadera voluntad de retorno al pasado o la continuidad del cambio que nuestro país demanda.



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