Edición Nº 1075 - Jueves 2 de abril de 2026

De tal palo, tal astilla

La tristemente célebre frase de Mujica, "como te digo una cosa, te digo la otra", es a esta altura una forma de hacer política para la izquierda local. Y si hay algo en lo que no ha fallado el Prof. Orsi, el "pollo" del mujiquismo, es en el doble discurso. Imitando el tono lento y chabacano de su padre político, una semana describe a un Uruguay "estancado" y "desigual" que "se cae a pedazos" y a la siguiente asegura que en un eventual gobierno suyo el rumbo económico "no cambiará sustancialmente".

El precandidato presidencial por el Frente Amplio, Yamandú Orsi, parece vivir en una realidad alternativa, fluctuando entre un Uruguay en ruinas, que lo consterna, y uno en el que todo puede seguir igual, con pequeños ajustes. Durante un reciente ciclo de desayunos con candidatos organizado por el semanario Búsqueda, Orsi descartó la posibilidad de un cambio significativo en la política económica, asegurando que no aumentaría los impuestos.

No obstante, hace muy pocos días, describió un país en plena decadencia, plagado de desigualdad y estancamiento, un Uruguay que, según él, "se cae a pedazos". Si del discurso pasamos al papel, Orsi prometió no subir impuestos y dijo que está "cansado" del "discurso de que si gana el Frente Amplio va a poner más impuestos". Por fuera del berrinche, la realidad es que no se trata de ningún invento. El propio Gabriel Oddone, quien ha manifestado públicamente su disposición a asumir el cargo de Ministro de Economía y Finanzas en un eventual gobierno frentista y al que Orsi reconoce "consulta frecuentemente", dijo hace no mucho que "el próximo gobierno debería hacer un ajuste fiscal".

Pero, pongámosle que, al momento, Oddone no puede hablar por el Frente Amplio. Está bien, es cierto. Vayamos entonces al programa frentista. Allí se habla, muy claramente, de redistribuir la carga impositiva, de aumentar el impuesto a la renta y el patrimonio. Hablan de "reestructurar el sistema tributario" bajo el engañoso slogan con el que terminaron gravando a la clase media con el IRPF, "que paguen más los que tienen más riqueza y más ingresos, aliviando la carga tributaria sobre los que menos tienen". Dicen -continuamos citando textualmente para que no haya dudas- que su objetivo es "fortalecer la imposición a la renta, el gran capital y el patrimonio con el criterio de progresividad". Ya sabemos el final de la historia: ese supuesto "gran capital" terminan siendo -siempre- los trabajadores asalariados y los pequeños comerciantes.

Desde ya, estas contradicciones no sorprenden viniendo del "pollo" de Mujica. Recordemos que Mujica era -lo sigue siendo, aunque sin el protagonismo del poder- famoso por su habilidad para decir una cosa y hacer otra, dejando a propios y ajenos en un estado de confusión constante. Orsi es un fiel heredero en este terreno. Un día pinta un cuadro apocalíptico del Uruguay actual y al otro reconoce -y promete continuidad- la estabilidad macroeconómica lograda por el gobierno de coalición.

La reciente alianza entre Orsi y Bergara ilustra perfectamente esta conocida dinámica mujiquista. Bergara, que se presentó siempre como un moderado, el "heredero de Astori", terminó pactando con el MPP. Su discurso de moderación se desmoronó ante la necesidad de mantenerse relevante, demostrando que en el Frente Amplio no hay espacio para las posturas centristas: es el MPP o el PCU, duela a quien le duela.

Lo advertimos en su momento y lo volvemos a hacer: el caso de Mujica y Astori es un precedente claro de lo que podría llegar a suceder con la economía en un eventual gobierno de Orsi. Cuando Mujica ganó la presidencia, se presentó a Astori y a su equipo como una garantía de moderación. Sin embargo, el mujiquismo armó un gobierno económico paralelo que llevó a un aumento descontrolado del gasto y la deuda, y a un manejo económico que dejó al país en una situación crítica. Astori mismo admitió las dificultades y contradicciones que entorpecieron la labor del equipo económico, especialmente en el tema fiscal, donde reconoció -demasiado tarde- que "se gastó mucho y mal". Luego volvió al Ministerio de Economía con Vázquez, y su primera medida fue aumentar los impuestos, y particularmente el IRPF. Sí, se disfrazaba como una "readecuación", etc., etc. Un aumento de impuestos, se anuncie como se anuncie.

Hoy, la situación se repite. Orsi se rodea de figuras que prometen moderación mientras su verdadera agenda sigue siendo la del ala más radical del Frente Amplio, que todo lo soluciona con dinero (¡que no hay!). La alianza con Bergara, lejos de ser una señal de equilibrio, es simplemente una repetición de la estrategia de "vestir a la mona", lo mismo sucede con el prestigioso economista Oddone, que no ha dudado en elogiar el rumbo económico del gobierno y ha sido el único frentista en advertir la nefasta propuesta plebiscitaria del PIT-CNT. No obstante, como dice el dicho, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y ya conocemos las consecuencias de esa política: un país estancado, endeudado y con problemas estructurales graves.

El futuro de Uruguay no puede depender más de dirigentes que dicen una cosa y hacen otra. Al igual que sucede en todas la áreas de la gestión de gobierno, la decisión es entre dos modelos. El del frentismo, que si no tiene viento de cola favorable, termina con una economía en fase recesiva, un alto desempleo, y un déficit fiscal insostenible, y el de la coalición que, pese a enfrentar un escenario externo hostil, con una pandemia sin precedentes y una inusitada guerra europea, logró reducir el déficit fiscal y la inflación, esta última a valores históricamente bajos, creando -además- más de 100.000 puestos de trabajo.




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