Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

Colombia ante una elección bisagra

Edición Nº 1082 - Viernes 29 de mayo de 2026. Lectura: 5'

Acorralada entre el desgaste del gobierno de Gustavo Petro, el regreso de la inseguridad y una polarización cada vez más agresiva, Colombia enfrenta una de las elecciones presidenciales más tensas de las últimas décadas. Con Iván Cepeda como candidato del oficialismo y Abelardo de la Espriella emergiendo como figura de una nueva derecha radical, el país llega a las urnas dividido, con el centro político prácticamente desdibujado y bajo un clima de violencia, desconfianza institucional y fatiga social que convierte a esta elección en un plebiscito sobre el rumbo del “petroismo”.

Colombia llega a las elecciones presidenciales de 2026 atravesada por una mezcla de cansancio político, deterioro de la seguridad y radicalización del debate público. El país votará el próximo 31 de mayo para elegir al sucesor de Gustavo Petro en un escenario abierto, con una izquierda que intenta retener el poder por primera vez desde la llegada del petrismo y una oposición fragmentada entre una derecha tradicional y una nueva derecha de perfil más confrontativo.

La campaña confirmó, además, un cambio de clima político respecto de 2022. Si hace cuatro años la discusión giraba en torno a reformas sociales, transición energética y desigualdad, hoy el eje dominante es la seguridad, el control territorial y el fracaso parcial de la llamada “paz total”. La violencia volvió al centro de la agenda, impulsada por el fortalecimiento de disidencias armadas, el avance del narcotráfico y una creciente percepción de pérdida de autoridad estatal en regiones enteras del país.

El oficialismo apuesta a Iván Cepeda

El candidato más competitivo del oficialismo es Iván Cepeda, dirigente histórico de izquierda y referente del Pacto Histórico. Cepeda intenta presentarse como una continuidad moderada del proyecto de Petro, aunque con un tono menos confrontativo y más institucional.

Su candidatura surgió luego de una interna oficialista que terminó consolidándolo como el nombre de consenso del progresismo colombiano.

Las encuestas lo muestran liderando la primera vuelta, aunque sin margen suficiente para evitar el balotaje. Algunos sondeos lo ubican alrededor del 33% de intención de voto, manteniendo ventaja sobre sus rivales de derecha.

Sin embargo, el principal problema de Cepeda es que carga con el desgaste del gobierno saliente. La administración Petro deja una economía desacelerada, dificultades fiscales, conflictos permanentes con el Congreso y un evidente deterioro en materia de seguridad. Aunque el oficialismo reivindica avances sociales y reducción de la pobreza, la percepción pública sobre el gobierno se volvió mucho más negativa en el último año.

Una derecha dividida entre el uribismo clásico y la nueva radicalización

La oposición llega fragmentada en dos grandes polos.

Por un lado aparece Paloma Valencia, heredera política del uribismo tradicional y candidata del Centro Democrático. Valencia representa la continuidad doctrinaria del espacio fundado por Álvaro Uribe Vélez: seguridad dura, combate frontal contra grupos armados y defensa de una agenda liberal-conservadora.

Su candidatura se consolidó tras imponerse en las internas partidarias y luego en la llamada Gran Consulta por Colombia, un intento de unificación del espacio de centroderecha.

Pero el fenómeno más disruptivo de esta elección es el ascenso de Abelardo de la Espriella, abogado mediático, figura televisiva y representante de una derecha mucho más agresiva en términos discursivos. Su crecimiento refleja un fenómeno regional: el avance de liderazgos antisistema, hipermediáticos y polarizantes.

De la Espriella construyó su campaña sobre una narrativa de mano dura, antipolítica y confrontación directa con el petrismo. En varias encuestas ya aparece empatado o incluso superando a Valencia como principal rival de Cepeda para una eventual segunda vuelta.

La tensión entre ambos espacios opositores es visible. En las últimas horas, Valencia tomó distancia explícita de De la Espriella y sostuvo que “no representan lo mismo”, dejando en evidencia la disputa por el liderazgo del electorado conservador.

El gran tema: la seguridad

La elección colombiana terminó girando alrededor de un asunto central: quién puede recuperar el control del país.

El deterioro de la situación de seguridad es uno de los factores más visibles del desgaste del gobierno Petro. La estrategia de “paz total”, basada en negociaciones simultáneas con distintos grupos armados, no produjo los resultados esperados. Persisten zonas bajo fuerte influencia criminal, aumentaron los desplazamientos internos y se reactivaron focos históricos de violencia en regiones como Catatumbo, Cauca y Arauca.

Ese contexto favorece claramente a los candidatos opositores, especialmente a quienes proponen respuestas más punitivas y militarizadas.

El asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay en 2025 terminó de instalar la idea de que Colombia atraviesa una nueva etapa de fragilidad institucional y recrudecimiento de la violencia política.

Un país más polarizado y sin centro político

Otra característica central de esta elección es la virtual desaparición del centro político colombiano.

Figuras que hace pocos años parecían competitivas —como Sergio Fajardo o sectores liberales moderados— quedaron absorbidas por la dinámica de polarización. La contienda se ordenó alrededor de dos grandes emociones políticas: continuidad o rechazo al petrismo.

El resultado es una campaña mucho más ideológica, emocional y crispada que la de 2022.

También existe un componente generacional y cultural. La izquierda mantiene apoyo fuerte en jóvenes urbanos y sectores populares, mientras que la derecha consolidó respaldo en clases medias golpeadas por la inseguridad y el deterioro económico.

El escenario más probable

Todo indica que Colombia se encamina hacia una segunda vuelta extremadamente competitiva el 21 de junio.

El escenario más probable hoy parece ser un balotaje entre Cepeda y De la Espriella, aunque Valencia todavía conserva posibilidades de desplazar al abogado ultraconservador si logra reunificar parte del voto opositor.

La gran incógnita será qué tan transferibles resultan los votos dentro del bloque anti-Petro. La rivalidad creciente entre Valencia y De la Espriella introduce dudas sobre la capacidad de la derecha para alinearse automáticamente detrás de un solo candidato.

Al mismo tiempo, Cepeda enfrenta el desafío clásico de todo oficialismo latinoamericano en contextos de desgaste: retener el núcleo duro sin quedar atrapado por el rechazo acumulado hacia el gobierno saliente.

Más allá del resultado, la elección deja una señal clara: Colombia ingresó definitivamente en una etapa de polarización estructural, con un sistema político cada vez más tensionado entre liderazgos fuertes, discursos extremos y una ciudadanía crecientemente desconfiada de las instituciones tradicionales.



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