Edición Nº 1068 - Viernes 13 de febrero de 2026

Ay Pepe...

Viernes 9 de mayo de 2025. Lectura: 2'

Fiel a su estilo de tirar una granada y mirar desde lejos cómo explota, apuntó al PIT-CNT acusándolo —nada menos— de “no haber movido un dedo” durante el gobierno de la Coalición. Afirmó, con esa ligereza típica del que no se toma el trabajo de revisar un solo dato, que en cinco años “no hicieron un paro, nada”. Una frase de sobremesa dicha con la soltura del que cree que su carisma alcanza para reescribir la historia.

Pero los datos están, aunque Mujica no los consulte. Y desmienten categóricamente su relato. El 2023 fue el año con mayor conflictividad laboral desde que existen registros sistemáticos en Uruguay. Sí, mayor incluso que en 2015, aquel pico de tensión en plena administración frenteamplista. Hubo cinco paros generales. Se realizaron 22 ocupaciones, a pesar de las restricciones legales impuestas por la LUC. A esto hay que sumarle dos movilizaciones nacionales, dos campañas de recolección de firmas, y una campaña de desprestigio permanente contra el gobierno multicolor.

Si eso no es mover un dedo, ¿qué sería? ¿quemar la Torre Ejecutiva?

No se trata de ignorancia: se trata de cinismo. Porque lo que Mujica realmente reprocha no es que el PIT-CNT no haya sido duro con el gobierno de Lacalle Pou. Lo que le molesta es que no hayan sido aún más salvajes, más intransigentes, más violentos en su oposición. En el fondo, Mujica no quiere independencia de clase, quiere servilismo ideológico. Y si no es absoluto, no le sirve.

Paradójicamente, este es el mismo Mujica que, en 2005, se horrorizaba por los discursos eternos de los sindicalistas, y que durante su gobierno fue protegido por un silencio cómplice del movimiento sindical, con honrosas excepciones. El mismo que agradecía al PIT-CNT por la “moderación” con que acompañaban su gestión.

Lo más indignante es que haya hecho estas declaraciones justo cuando el PIT-CNT vuelve a estar de parabienes con un “gobierno amigo”. El último 1º de mayo fue la mejor muestra de eso: ni una crítica al gobierno de Orsi, ni un solo reclamo concreto. Apenas palabras suaves, guiños cómplices y un dejo de contento por volver a casa. No es casualidad: el presidente del PIT-CNT de ayer es hoy presidente del Frente Amplio, consumando así la absorción total del movimiento sindical por parte del partido de izquierda.

La “independencia de clase” ha muerto. Lo que queda es una fachada. Y Mujica lo sabe, pero juega su propio juego.



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