Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

Único Frade

Viernes 26 de setiembre de 2025. Lectura: 4'

Por Julio María Sanguinetti

El privilegio de una larga vida se asordina cuando se van viendo caer, a nuestro lado, aquellos con los que compartimos una época. Miramos a los costados y, si en el momento se abre el espacio de la pérdida, la evocación que asoma nos lleva rápidamente al instante grato del recuerdo.

La muerte de Julio Frade, “el gordo Frade”, es la de un personaje inusual, difícil de caracterizar, sin comparaciones posibles. Único, porque en nuestra generación fue uno de los grandes músicos populares, músicos de verdad como Fattoruso o Panchito Nolé, y al mismo tiempo un capo-cómico a la altura de Ricardo Espalter y Eduardo D’Ángelo, culminantes, con los que compartió largas aventuras en las pantallas y las salas de espectáculo.

Quien haya vivido aquellos años no puede olvidar el Telecataplúm, del que no queda nada, salvo algunos trocitos de arqueológico rescate. Allí se unía el talento de los hermanos Daniel y Jorge Scheck, guionistas del humor de calidad que luego deslumbraría a la Argentina, acostumbrada a la gruesa pintura sainetesca. Allí actuaba y tocaba el piano, que ejecutaba con la soltura de los verdaderos artistas que habían pasado por el jazz y la improvisación les brota sin llamarla. Además de Espalter y D’Ángelo, se nos dibujan en la memoria Raymundo Soto, con su elegancia a lo Fred Astaire; Henry Trailes, que también cantaba; y ni hablar Enrique Almada, Andrés Redondo, Berugo Carámbula y el inolvidable Emilio “Guita” Vidal, con su personaje de la picaresca montevideana.

Vivieron ellos la aventura porteña y luego recalaron nuevamente en Montevideo, con el famoso Decalegrón, que se mantuvo más de veinte años. Allí Frade caracterizó a nuestra inolvidable Ministra Adela Reta, que se reía con fruición de su caricatura, como construyó personajes desopilantes como una de las hermanas Rivarola. En aquellos años aparecía D’Ángelo caracterizándome y hablándole a un nieto, que el de casa no entendía demasiado lo que era aquel juego de ese gran actor que me había agarrado todos los puntos. Tanto que hasta recuerdo un gran almuerzo en que dijo un discurso entero de Sanguinetti con mis palabras, mis ademanes italianos y mis movimientos.

El dúo de El Chicho con Almada fue cumbre del humor de la vida cotidiana y política. También hacía el Buda, que un tiempo abría el programa cuando terminaba Subrayado. Lo notable es que en Decalegrón no había libretista oficial; eran ellos mismos, dirigidos sabiamente por Mastra. A tal punto era la popularidad del elenco, que cuando Espalter apareció con “Pinchinatti candidato”, más gente de la que podamos imaginar quería votarlo…

Les invitamos un cierto día a la residencia de Suárez, en una noche inolvidable, que Ana Laura Román evocó el día de su desaparición colgando una foto. Hoy reproducimos algunas de esa ocasión.

Fue una gran época de la televisión uruguaya. El ingeniero Scheck, Jorge de Feo y Hugo Romay, en los tres canales clásicos, jerarquizaron un medio tan proclive a la banalización. Los tiempos también han cambiado en eso y hoy la televisión vive cercada por los “streamings”, que le van achicando el mercado velozmente, imponiéndole sus consiguientes limitaciones.

A veces ocurre que un éxito se devora al otro, como el pintor Figari desvaneció al filósofo de la educación y al criminólogo. Aquí, el actor cómico le ha quitado la necesaria resonancia al músico. En jazz fue formidable y quedan grabaciones inolvidables de otros géneros: bossa nova, tango, a los que también aportó, en ocasiones traduciéndolos a versiones novedosas, originalísimas.

Tuvo su pasaje como director de Canal 5 y mantuvo también, esporádicamente, programas de radio, que en algunos momentos también fueron clásicos. La diferencia la hacía su versatilidad y amplitud cultural, por lo que podía abordar los reportajes que desbordaban la cotidianeidad.

Con Frade se va también un tiempo. Se va y se queda, porque si hay mucho perdido también está el rastro de muchos registros. Deja también el estimulante recuerdo de alguien, músico y actor, que era un personaje en sí mismo. Alguien que nos sigue diciendo que en el Uruguay se pueden hacer grandes cosas, aun en lo que se ve como menor. Hacer reír no es solo entretener, porque la caricatura también deja pensando, como los avaros o misántropos de Molière. Llegar con la música popular, en un lenguaje de calidad, es también elevarnos. Figuras como Frade lo logran.

Músico y actor, actor y músico, un personaje único.



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