El índice de democracia global, que cada año elabora la Unidad de Inteligencia de "The Economist", con sede en Londres, muestra a Uruguay en el primer lugar entre los países de América Latina y como el único con democracia plena en Sudamérica.
Para elaborar dicho índice se toman en cuenta las "libertades civiles", la "cultura política", la "participación ciudadana", el "funcionamiento del Gobierno" y el "proceso electoral y pluralismo existente". La puntuación total de esos ítems se calcula con base en 60 indicadores diferentes dentro de cada una de las categorías mencionadas anteriormente. De esta manera, los países son clasificados en las franjas de "democracia plena", "democracia débil", "régimen híbrido" y "régimen autoritario".
El informe, publicado el jueves de la semana pasada, sitúa a Uruguay en el puesto 14 a nivel mundial, compartiendo esta categoría destacada con Australia. Este posicionamiento privilegiado no solo lo consolida como líder en Sudamérica, sino que lo coloca como un referente democrático a nivel global. Costa Rica, ubicada en la posición 17, es la única otra nación latinoamericana que comparte este estatus.
Uruguay obtuvo una puntuación de 8,7 sobre 10 en el estudio. Desde la creación del índice en 2006, el país ha mantenido su puntaje de manera constante, oscilando entre 8 y 9 puntos. La valoración por categorías destaca la fortaleza de la democracia uruguaya en diversos aspectos. Con 10 puntos en proceso electoral y pluralismo, 8,93 en funcionamiento del gobierno, 7,78 en participación política, 6,88 en cultura política y 9,71 en libertades civiles, Uruguay exhibe un notable equilibrio.
El deterioro generalizado de la democracia a nivel mundial se atribuye, según el informe, a factores como las guerras, las medidas autoritarias y la pérdida de confianza en los partidos políticos. El estudio también señala la intensificación del sentimiento antiinmigración, la disminución de la confianza en los líderes y partidos mayoritarios, así como un panorama político polarizado en América y Europa. En este contexto, América Latina y el Caribe experimentaron el octavo año consecutivo de retroceso democrático, aunque la región sigue siendo la tercera más democrática del mundo, detrás de Norteamérica y Europa Occidental.
En contraste al caso uruguayo, Nicaragua se ubica como el país latinoamericano en peor posición, catalogado como un "régimen autoritario" en el puesto 143, junto a Venezuela, Cuba y Haití.