Venezuela y el regreso de María Corina Machado
Viernes 30 de octubre de 2026. Lectura: 5'
El retorno de María Corina Machado a Venezuela reabre una disputa política que la salida de Nicolás Maduro no resolvió. Mientras el gobierno de Delcy Rodríguez negocia con Washington y una parte de la oposición, la principal dirigente del antichavismo vuelve a movilizar a sus seguidores y exige acelerar la convocatoria electoral. La cuestión de fondo sigue siendo si Venezuela avanza hacia una democracia o hacia una nueva distribución del poder que conserva buena parte de las estructuras del régimen anterior.
El regreso de María Corina Machado a Venezuela, el domingo 25 de octubre, constituye uno de los acontecimientos políticos más significativos desde la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, el pasado 3 de enero. Después de casi diez meses fuera del país, la dirigente opositora y Premio Nobel de la Paz 2025 reapareció en Barquisimeto y emprendió un recorrido hacia Caracas, recibida por multitudes que volvieron a ocupar las calles con banderas venezolanas y reclamos de libertad.
La escena tiene una importancia que trasciende lo emocional. Machado recupera la posibilidad de ejercer su liderazgo desde el territorio venezolano, precisamente cuando las negociaciones sobre el futuro institucional avanzaban sin su participación. Su retorno modifica el escenario en el que el chavismo y Estados Unidos venían administrando una transición cuyo desenlace permanece incierto.
La caída de Maduro no significó el desmantelamiento del régimen. Su antigua vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asumió la presidencia interina y consiguió establecer una relación de cooperación con Donald Trump, particularmente en materia energética. Washington encontró en ella una interlocutora capaz de garantizar cierta estabilidad y facilitar la recuperación de la industria petrolera, mientras el chavismo conservaba posiciones decisivas dentro del aparato estatal.
Esa fórmula permitió algunos avances, pero también abrió una contradicción considerable: el gobierno estadounidense que desplazó militarmente a Maduro terminó trabajando con buena parte de la estructura política que lo sostuvo. La estabilidad económica y la apertura de oportunidades comerciales comenzaron a ocupar un lugar central, mientras la democratización quedó supeditada a negociaciones de duración indefinida.
El problema no es meramente político. En setiembre, la misión internacional de investigación de las Naciones Unidas constató que, pese a algunas mejoras y liberaciones de detenidos, las instituciones responsables de la represión y de graves violaciones de los derechos humanos permanecían esencialmente intactas. Por su parte, la organización Foro Penal contabilizaba todavía 322 presos políticos al 5 de octubre.
Entretanto, Delcy Rodríguez mantiene conversaciones con un sector opositor encabezado por Dinorah Figuera, representante de la Asamblea Nacional elegida en 2015. Las negociaciones incluyen la renovación del Tribunal Supremo de Justicia, modificaciones del sistema electoral y la revisión de disposiciones restrictivas de las libertades políticas. Sin embargo, todavía no existe una fecha acordada para las elecciones presidenciales, y Machado ha permanecido excluida de esa mesa.
En este contexto, Machado representa un elemento incómodo para ambos interlocutores. Para el chavismo, porque conserva una capacidad de convocatoria que las autoridades no han logrado neutralizar. Para Washington, porque reclama acelerar una transformación política que podría entrar en tensión con su estrategia de entendimiento con Rodríguez. Trump ha sostenido que todavía es demasiado pronto para celebrar elecciones, mientras Machado propone realizarlas, a más tardar, en julio de 2027.
Existe, además, un antecedente que resulta imposible ignorar. En las elecciones presidenciales de julio de 2024, Edmundo González Urrutia, candidato de la oposición luego de que Machado fuera inhabilitada, obtuvo, según las actas recopiladas por la oposición y examinadas por observadores independientes, una victoria contundente sobre Maduro. El oficialismo proclamó otro resultado sin ofrecer las pruebas necesarias para respaldarlo. Aquella elección constituye un punto de partida fundamental para cualquier discusión seria sobre la legitimidad democrática venezolana.
La propia Machado enfrenta desafíos importantes. La movilización popular no equivale automáticamente a capacidad institucional, y el entusiasmo de sus seguidores deberá traducirse en una organización capaz de sostener sus demandas durante un proceso que puede resultar prolongado. También tendrá que administrar su relación con Estados Unidos, sin cuya influencia resulta difícil comprender el actual equilibrio de poder, pero cuyos intereses no coinciden necesariamente con todas las aspiraciones de la oposición venezolana.
La economía introduce otra dimensión del problema. La reactivación petrolera comienza a reflejarse en las cifras de crecimiento, pero la inflación, los bajos salarios y las dificultades cotidianas continúan afectando a buena parte de la población. La recuperación económica puede contribuir a la estabilidad, aunque no resuelve por sí misma las cuestiones pendientes de representación política, independencia judicial y libertades públicas.
El regreso de Machado tampoco garantiza que se acelere la convocatoria electoral. Persisten interrogantes sobre las condiciones de su retorno, su libertad de actuación y la disposición del gobierno interino a aceptar una competencia política en condiciones equitativas. Pero introduce una presencia que modifica el debate: la de una dirigente con respaldo popular que reivindica una transición cuyo destino final debe ser decidido por los venezolanos.
La gran incógnita consiste en determinar si el proceso iniciado en enero desembocará en una transformación institucional efectiva o se limitará a una recomposición del poder, acompañada de inversiones, acuerdos diplomáticos y concesiones parciales.
La diferencia es sustancial. Una transición democrática no se mide solamente por la salida de un gobernante ni por la reapertura de los negocios internacionales. Exige instituciones independientes, garantías para la oposición, libertades efectivas y elecciones verificables.
Nicolás Maduro ya no gobierna Venezuela. Pero buena parte del sistema político que construyó continúa funcionando. El regreso de María Corina Machado coloca nuevamente esa contradicción en el centro de la escena y devuelve protagonismo a una sociedad que todavía espera poder decidir, libremente, su futuro.
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