Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Uruguay sorprende

Viernes 28 de noviembre de 2025. Lectura: 3'

Por Luis Hierro López

Es muy oportuno el eslogan que promueve el gobierno para el turismo, aunque hay sorpresas diversas.

El presidente Orsi sorprendió a propios y a extraños al declarar que Bukele y El Salvador son los ejemplos que más llaman la atención en materia de seguridad. Al poco rato de sus dichos, lo corrigió el secretario de la Presidencia, Pacha Sánchez, y Orsi tuvo que desandar un poco sus declaraciones iniciales, pero lo dicho, dicho está.
Bregando para que la izquierda acepte la realidad y hable de seguridad, dijo textualmente que “la seguridad es un tema del que hay que hablar y yo creo que el ejemplo es Bukele, es El Salvador”.

Como cualquiera sabe, Bukele ha pulverizado las garantías constitucionales, intervino la justicia y comanda la represión sin ataduras jurídicas. El Presidente tiene poderes para ordenar arrestos sin orden judicial y restringe las libertades públicas a su antojo.

Parece ser que esa “bolilla” la había estudiado Alejandro Pacha Sánchez, porque de inmediato corrigió al propio presidente e indicó que “la población tiene un problema de seguridad y hay que atenderlo desde la democracia”. Pero la polémica cobró vuelo y se ve que le advirtieron a Orsi que él mismo debía aclarar lo dicho, por lo que a media tarde del miércoles agregó a sus opiniones iniciales la sentencia de que el modelo de Bukele “es imposible e inaceptable” para Uruguay, porque en nuestro país “no se puede hacer nada que violente la democracia y los derechos humanos”.

El planteo es muy confuso y no favorece a nadie. El Ministro de Interior, Dr. Negro, ha sostenido precisamente las posiciones contrarias a las barajadas inicialmente por el Presidente. Más allá de esa enorme contradicción, no queda claro si el señor Orsi propone o no “mano dura”, dadas sus improvisaciones. Si el Presidente entiende que la izquierda debe cambiar su discurso tradicional —basado en la aceptación de los delincuentes por los entornos sociales y económicos en los que se criaron y disminuyendo por lo tanto el valor de la represión— debió argumentar en forma solvente y clara y debió imponer sus puntos de vista en la coalición oficialista. Hizo lo contrario, afirmó a medias y no convenció a nadie. Da la impresión de que la invocación a Bukele fue una inspiración impensada, una cuestión de momento.

Pero, ¿puede el presidente de la República, aunque reivindique su sinceridad —lo que hizo al justificar su respuesta en el sentido de que no estaba enterado del asesinato de un policía—, lanzar ejemplos o ideas que ni siquiera cuentan con apoyo en el Poder Ejecutivo y que deben ser corregidas de inmediato? Definitivamente, no puede ni debe hacerlo, por el peso de su investidura y por el significado de su palabra, que tiene el valor de un acto de gobierno.

No dudo de la buena voluntad del señor Presidente, pero no se trata de buenas intenciones, sino de hechos. Uruguay merece una conducción clara y convincente, que ordene a los ciudadanos frenteamplistas y que sea un punto de referencia para quienes no votaron a Orsi. Pero vamos en dirección desconocida...



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