Una pena
Viernes 17 de abril de 2026. Lectura: 2'
Por Susana Toricez
El deterioro de COPSA no se explica solo por números: entre la crisis económica y las fallas humanas, emergen historias cotidianas que revelan una cultura de trabajo en declive y sus consecuencias directas en el servicio.
Siempre consideré que para que una empresa cierre, inciden varios factores.
El económico, obviamente, pero por sobre todo incide el personal, la calidad del ser humano detrás de los números.
La empresa de transporte COPSA supo ser de las mejores del país.
Lamentablemente, hace bastante tiempo que viene dando traspiés de todo tipo.
Asimismo, también me cuestioné por qué si tenía empleados que eran una garantía de eficiencia y rectitud, qué era lo que no funcionaba como debía. Y comprendí que también había de los otros empleados, de los que no les interesaba lo que pase con su fuente de trabajo.
También es real que contra la disminución de la venta de boletos, poco y nada se puede hacer.
Debemos recordar que COPSA tiene casi la mitad de los servicios de ómnibus suburbanos.
A mis cuestionamientos de entonces, no obtuve respuestas.
Pero ahora, entre otras cosas, al ver la crisis financiera de esta empresa, recuerdo algo que viví personalmente en un ómnibus de COPSA.
Me tomé un bus de esa empresa en la terminal de Río Branco.
Le pido al conductor si me avisa cuando llegue al Juzgado de la Costa, por Giannattasio.
Me senté en el primer asiento, para escucharlo cuando me avisara.
Dejó de hablar conmigo y al momento el hombre se pone a hablar por celular, manejando
con una sola mano. Yo lo miraba atentamente, mientras él me miraba por el retrovisor.
Desde la salida de la terminal, hablando por teléfono.
De tan concentrado en la conversación telefónica, no escuchaba cuando le pedían parada.
Entonces, como era tan alevoso lo que hacía, tomé mi teléfono y comencé a grabar un video.
Se dio cuenta**,** me hacía muecas por el espejo, siempre sin dejar el teléfono.
¿Saben cuándo dejó de hablar? ¡¡Recién al llegar al Aeropuerto de Carrasco!!
El tema no terminó ahí.
Como vi que no me avisaba para bajar, me levanté y le pregunté cuánto faltaba, a lo que respondió: “El Juzgado lo pasamos hace 2 kms”.
Me bajé no sin antes decirle: “Yo puedo caminar para atrás y lo soluciono, pero usted no va a solucionar la denuncia que le voy a hacer en la empresa”.
Y así lo hice, personalmente. Aunque en realidad, nunca supe qué pasó después.
Pero la respuesta la tengo ahora cuando veo el deterioro de COPSA.
Entre otras cosas, fueron funcionarios como estos los que la dejaron como está.
Una pena.
|
|
 |
Congreso de Educación: la oposición marca un límite institucional
|
Una peligrosísima aventura Julio María Sanguinetti
|
90 años en imágenes, vida y memoria
|
Uno va muriendo, el otro no termina de nacer
|
Penalistas cuestionan el Ministerio de Justicia
|
JUTEP ante el espejo: entre la oportunidad y el descrédito
|
La marcha atrás como política sabia
|
Uruguay se enfría: señales tempranas que ya no pueden ignorarse
|
Caso Moisés: cuando la ley y la justicia no van de la mano Elena Grauert
|
Tributo a la vitivinicultura Tomás Laguna
|
La cultura como campo de batalla Juan Carlos Nogueira
|
La Bicefalia de la Marca País Uruguay Pablo Fernández
|
Los “4 mapas” palestinos y la verdad histórica Edu Zamo
|
Apellidos y derechos en una noción plena de familia Angelina Rios
|
La política del reestreno: la urgencia no admite pausas Alicia Quagliata
|
Una pena Susana Toricez
|
Una tregua breve en una guerra larga
|
Péter Magyar: el hombre que emergió desde dentro
|
Begoña Gómez: poder sin cargo, privilegios sin control
|
El retorno de Vladimir Padrino: continuidad, reciclaje y señal de poder
|
Frases Célebres 1076
|
Así si, Así no
|
|