Edición Nº 1096 - Viernes 4 de setiembre de 2026

Una economía prácticamente vegetativa

Viernes 4 de setiembre de 2026. Lectura: 6'

Los economistas consultados por Fabiana Culshaw para El País coinciden, con distintos matices, en un diagnóstico difícil de disimular: la economía uruguaya perdió dinamismo, el empleo dejó de crecer como lo hacía y la industria retrocede. Las previsiones privadas sitúan el crecimiento de 2026 en torno a 1%, claramente por debajo del 1,6% que todavía proyecta el Ministerio de Economía y Finanzas.

La economía uruguaya está enviando señales que deberían encender luces de advertencia. No se trata del pronóstico aislado de una consultora ni de una lectura particularmente pesimista de la coyuntura. Los economistas consultados por la periodista Fabiana Culshaw, en un informe publicado [https://www.elpais.com.uy/negocios/noticias/economistas-advierten-por-un-freno-en-la-economia-de-uruguay-los-indicadores-en-empleo-e-industria-que-lo-confirman] por El País, llegan por caminos distintos a un punto bastante parecido: el crecimiento se ha frenado hasta niveles mínimos y los principales indicadores adelantados no permiten atribuir el fenómeno exclusivamente a una circunstancia pasajera.

Aldo Lema, socio de Vixion Consultores, sostiene que el Producto Interno Bruto está, con algunos vaivenes, “previsiblemente” estancado desde fines de 2024. El crecimiento registrado en el primer trimestre de este año, advierte, obedeció a factores puntuales y quedó posteriormente revertido.

“Durante el segundo trimestre de este año se revirtió completamente el rebote del primer trimestre y, aun con recuperación en el segundo semestre, el crecimiento promedio de 2026 sería inferior a 1%”, señaló.

La cifra contrasta con el 1,6% que mantiene como previsión el Ministerio de Economía y Finanzas.

Pero el problema no termina en el PIB. Lema llama la atención sobre el debilitamiento del mercado laboral: el número de ocupados aumentó en junio apenas en 1.000 personas respecto de igual mes de 2025 y, según su estimación, “en agosto la cifra interanual ya sería negativa”.

Marcelo Sibille, gerente senior de Consultoría de KPMG, llega a una conclusión semejante al observar los indicadores adelantados de actividad. A partir del comportamiento registrado en abril y mayo, estima que el segundo trimestre mostrará una caída desestacionalizada de por lo menos 1% respecto del primero.

Para la segunda mitad del año espera cierta recuperación impulsada fundamentalmente por nuevas inversiones y, en menor medida, por el consumo. Pero tampoco allí aparece un escenario de crecimiento vigoroso. “Nuestra proyección de crecimiento promedio anual para 2026 es del orden del 1%”, resumió.

Ramón Pampin, gerente de Consultoría Económica de PwC, utiliza acaso la expresión que mejor sintetiza el cuadro. Su consultora comenzó el año proyectando una expansión de 1,5% y terminó reduciéndola a 1,1%.

“La tasa de crecimiento no está estancada pero es prácticamente vegetativa”, afirmó.

La sequía tuvo evidentemente responsabilidad en el deterioro, especialmente por su efecto sobre los cultivos de verano. Pero sería demasiado tranquilizador atribuirle todo el problema. Pampin es particularmente explícito al respecto: “Ahora nos está pegando fuerte la sequía desde fines de 2025 y principios de 2026, pero no solo en el agro, ya que el resto de la economía también está muy baja”.

Más todavía: según los cálculos de PwC, si se excluye el sector agropecuario, la economía permanecería “planchada” tanto en 2026 como en 2027.

Ese dato cambia sustancialmente la naturaleza del diagnóstico. Una cosa es explicar un trimestre débil por un fenómeno climático adverso. Otra muy distinta es comprobar que, aun quitando del análisis al sector directamente castigado por la sequía, el resto de la economía tampoco logra despegar.

Luciano Magnífico, gerente de Exante, introduce algunos matices importantes. Recuerda que los niveles absolutos de empleo siguen siendo elevados en perspectiva histórica y que el consumo privado ha mostrado resistencia. Pero tampoco su diagnóstico sobre la evolución reciente resulta tranquilizador.

“Los datos disponibles pautan que la actividad en el segundo trimestre tuvo un desempeño peor de lo que estimábamos”, señaló.

Los números industriales resultan especialmente significativos. La producción manufacturera acumuló una caída desestacionalizada de 1,5% entre abril y junio respecto del primer trimestre, mientras que el llamado núcleo industrial retrocedió 2%, con fuerte incidencia de la industria frigorífica.

En materia laboral, Magnífico señala que la población ocupada continúa en máximos históricos y que las tasas de actividad, empleo y desempleo permanecen en niveles comparativamente favorables. Pero introduce la advertencia fundamental: “los registros sugieren que la fase alcista del empleo está agotada”.

Es decir, todavía no existe un desplome del mercado de trabajo, pero sí se habría terminado el proceso que venía permitiendo incorporar nuevos trabajadores. Ese cambio resulta especialmente relevante porque empleo, salarios y consumo son precisamente algunos de los pilares que podrían sostener la demanda interna mientras otros sectores pierden dinamismo.

El problema va más allá de la sequía

Los cuatro análisis presentan diferencias, pero el cuadro conjunto es difícil de relativizar.

Lema proyecta menos de 1% de crecimiento para 2026. KPMG calcula aproximadamente 1%. PwC, 1,1%. Exante venía trabajando también con 1% y ahora reconoce incluso un posible sesgo a la baja.

Más que las décimas que separan una estimación de otra, importa la coincidencia general: Uruguay atraviesa un año de crecimiento extraordinariamente débil.

Y aparecen simultáneamente varios síntomas: caída de la actividad en el segundo trimestre, producción industrial a la baja, desaceleración del empleo y una economía no agropecuaria prácticamente inmóvil.

La sequía explica una parte. No explica todo.

Tampoco las perspectivas para 2027 permiten esperar, por ahora, un salto cualitativo. Lema prevé recuperación, aunque “con escaso dinamismo”. Pampin proyecta 1,7%. Exante, 1,5%. Sibille es el más optimista, con 2,3%, apoyado en el efecto rebote y en inversiones como la planta potabilizadora y nuevos contratos viales.

Las inversiones son, precisamente, la principal esperanza que aparece hacia adelante. También lo es el proyecto de ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida impulsado por el gobierno, que procura reducir burocracia y mejorar las condiciones para invertir. Pampin lo calificó de “buenísima”, aunque dejó una metáfora que también describe la magnitud del desafío: “va a empujar a un elefante, pero es lo que hay que hacer”.

La imagen es elocuente.

Uruguay no enfrenta hoy una crisis recesiva de dimensiones dramáticas ni un derrumbe del empleo. Ese no es el diagnóstico que surge del informe de El País. Y sería incorrecto presentarlo de esa manera.

Pero tampoco está ante una simple pausa irrelevante.

Cuando prácticamente todas las estimaciones privadas convergen alrededor de un crecimiento de apenas 1%; cuando la industria retrocede; cuando el ciclo de creación de empleo parece agotarse; cuando, excluido el agro, la actividad aparece prácticamente inmóvil, y cuando incluso las previsiones para el año siguiente dependen en buena medida de un rebote estadístico y de inversiones todavía por desplegarse, hay un problema económico que merece bastante más atención que la discusión sobre si técnicamente corresponde o no utilizar la palabra “estancamiento”.

Pampin eligió otra expresión.

Crecimiento “prácticamente vegetativo”.

Tal vez sea menos estridente. Pero no por eso resulta menos preocupante.



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