Una decisión oportuna
Edición Nº 1076 - Viernes 10 de abril de 2026. Lectura: 3'
Una iniciativa oportuna y necesaria que coloca a la INDDHH en el camino correcto frente al antisemitismo, con una respuesta institucional seria, preventiva y orientada a mejorar el marco normativo.
La noticia fue publicada por La Diaria ayer jueves 9: la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH) resolvió crear un grupo de trabajo específico para abordar el antisemitismo, con el cometido de estudiar el fenómeno y formular recomendaciones, incluso con vistas a una eventual actualización normativa.
Se trata de una decisión que merece ser saludada sin ambigüedades.
No sólo por su contenido, sino por lo que implica en términos institucionales. La INDDHH —órgano autónomo, concebido para la promoción y protección integral de los derechos humanos— tiene entre sus responsabilidades advertir, prevenir y proponer respuestas frente a formas contemporáneas de discriminación. Y el antisemitismo, lejos de ser un residuo del pasado, constituye hoy un fenómeno que reaparece bajo nuevas formas, con capacidad de erosionar la convivencia democrática.
En ese sentido, la resolución es doblemente pertinente. Por un lado, reconoce que el problema existe y merece atención específica. Por otro, lo encuadra donde corresponde: en el terreno de las políticas públicas, del análisis serio y de la eventual respuesta normativa. No hay aquí gestualidad vacía ni oportunismo; hay método, prudencia y responsabilidad institucional.
No es un dato menor que el grupo de trabajo tenga como horizonte la elaboración de recomendaciones. Esa es, precisamente, la función de un organismo como la INDDHH: no sustituir al legislador, pero sí iluminarlo; no imponer, pero sí orientar con base en evidencia y en estándares internacionales.
Más aún: la propia trayectoria reciente muestra que la preocupación no es infundada. Distintas voces han advertido sobre el crecimiento de expresiones discriminatorias y, en particular, de manifestaciones antisemitas en el país, lo que refuerza la necesidad de un abordaje sistemático y no meramente reactivo.
Hasta aquí, entonces, una decisión que honra a la institución.
Pero no todo en este episodio resulta igualmente comprensible.
Según trascendió —también en la cobertura de La Diaria— la presidenta del organismo, la Dra. Mariana Motta, optó por abstenerse en la votación de esta resolución.
Y esa abstención, en este contexto, desconcierta.
Porque si hay un terreno en el que no debería haber ambigüedades es en el rechazo a toda forma de discriminación. Y el antisemitismo, por definición, lo es: una manifestación de odio que ha tenido consecuencias históricas devastadoras y que, incluso en sus expresiones contemporáneas más difusas, sigue siendo incompatible con los valores de una sociedad abierta.
La abstención, en este caso, no aparece como un matiz técnico ni como una discrepancia metodológica. Se percibe, más bien, como una vacilación en un punto donde la claridad es indispensable. Y en materia de derechos humanos, las vacilaciones pesan.
No se trata de exigir unanimidades acríticas. Las instituciones deliberan, y es sano que lo hagan. Pero hay decisiones cuya naturaleza exige definiciones nítidas. La creación de un ámbito de estudio y recomendación sobre antisemitismo difícilmente pueda ser considerada una medida controvertida en sí misma. Por el contrario, se inscribe en la línea más clásica —y más necesaria— de defensa de los derechos fundamentales.
Por eso, la abstención no sólo resulta difícil de explicar: también introduce un ruido innecesario en una señal institucional que, de otro modo, habría sido clara y contundente.
En definitiva, la INDDHH ha dado un paso en la dirección correcta. Ha reconocido un problema, ha dispuesto un mecanismo para estudiarlo y ha abierto la puerta a eventuales mejoras normativas. Todo ello merece respaldo.
Pero precisamente por la relevancia de ese paso, sorprende que no haya sido acompañado por todos quienes tienen la responsabilidad de sostener, sin titubeos, la defensa de los derechos humanos.
Porque en esta materia —como la historia se ha encargado de demostrar— la indiferencia, la ambigüedad o la duda nunca han sido buenas consejeras.
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