Una Intendencia insensible y destructiva
Edición Nº 1005 - Viernes 30 de agosto de 2024. Lectura: 3'
Montevideo, una ciudad que alguna vez se enorgullecía de su rica herencia arquitectónica, hoy ve cómo sus joyas más preciadas son reducidas a escombros por una Intendencia que parece tener más interés en las cifras de los desarrolladores inmobiliarios que en preservar la identidad cultural de la capital. El Frente Amplio ha emprendido una cruzada contra el patrimonio histórico de la ciudad, autorizando la demolición indiscriminada de casonas y edificios que, hasta hace poco, se erguían como testigos silenciosos de la historia.
No es casualidad que las denuncias provengan de voces respetadas como las de Patrimonio Activo, una ONG dedicada a la protección de bienes históricos, que ha alzado su voz –desde hace varios años– contra lo que consideran un atentado cultural sin precedentes. A lo largo del último año, la IM ha mostrado una lamentable falta de criterio y sensibilidad, ignorando decretos y regulaciones que, paradójicamente, fueron aprobadas por ellos mismos en tiempos donde, al menos en apariencia, se intentaba balancear el progreso urbano con la conservación del patrimonio.
La situación es tan grave que se ha permitido la demolición de verdaderas obras de arte arquitectónicas. Basta con mencionar algunos de los crímenes recientes contra la historia de la ciudad: el Palacio Piqué, una construcción que albergaba la sede del Sindicato Médico del Uruguay, fue arrasado sin contemplaciones; la Quinta Garzón, un espléndido ejemplo de la Belle Époque en el Prado, se redujo a escombros en cuestión de días; y la exsede del Club Naval, ubicada en la calle Soriano y Paraguay, también fue borrada del mapa.
Lo que resulta verdaderamente insultante es la negligencia de la intendencia que, sin explicaciones, ha dejado de respetar un decreto de 2019 que protege las construcciones anteriores a 1960. ¿Qué significa esto? ¿Que la historia de una ciudad puede ser borrada simplemente porque no se ajusta a las necesidades actuales de unos pocos desarrolladores?
Las ciudades más admiradas del mundo son aquellas que han sabido conservar sus barrios históricos, convirtiéndolos en atracciones turísticas y en un motivo de orgullo para sus habitantes. Sin embargo, parece que la visión de la IM no contempla esta posibilidad. En su lugar, han optado por una versión perversa del progreso, una que destruye en lugar de construir, que borra en lugar de preservar.
Las siete casas que actualmente están bajo amenaza de demolición son solo el último capítulo de esta tragedia. Entre ellas se encuentran verdaderas joyas del Art Decó y del estilo historicista italianizante, ubicadas en el Centro de Montevideo. Son residencias que no solo tienen un valor arquitectónico incalculable, sino que también son parte integral de la identidad de los barrios donde se encuentran.
Montevideo merece algo mejor. Merece una Intendencia que sepa que el progreso no se mide en metros cuadrados construidos, sino en la capacidad de una ciudad para preservar lo que la hace única, lo que la hace especial. Y esa es una lección que, lamentablemente, parece que la IM aún no ha aprendido.
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