Un nuevo eje de poder: Arabia Saudita, Turquía y Pakistán
Viernes 14 de agosto de 2026. Lectura: 6'
El pacto de defensa firmado por Arabia Saudita, Turquía y Pakistán trasciende a Medio Oriente y revela una transformación más profunda: las potencias regionales buscan construir sus propias redes de seguridad mientras disminuye la confianza en las garantías de Occidente. India y China también deberán recalcular sus estrategias ante el nuevo escenario.
La firma en La Meca del acuerdo de defensa entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán constituye uno de los movimientos geopolíticos más relevantes del año. El pacto establece que un ataque armado contra cualquiera de los tres países será considerado un ataque contra los tres, una fórmula que recuerda, aunque sin alcanzar todavía su estructura, al principio de defensa colectiva de la OTAN.
Sería exagerado hablar de una «OTAN islámica». No existe un comando militar conjunto ni una estructura institucional comparable. Pero reducir el acuerdo a una declaración de cooperación sería igualmente equivocado. Lo verdaderamente significativo es que tres potencias con capacidades, intereses y geografías diferentes hayan decidido vincular formalmente sus respectivas seguridades.
Y lo hacen cuando la confianza en las garantías externas, particularmente las estadounidenses, comienza a mostrar fisuras.
Arabia Saudita: diversificar la seguridad
Para Riad, el acuerdo tiene una lógica evidente. Arabia Saudita posee enormes recursos económicos y energéticos, pero su capacidad militar convencional no guarda proporción con su importancia estratégica.
Pakistán aporta una importante fuerza militar y, sobre todo, es una potencia nuclear. Turquía suma una fuerza armada considerable, experiencia operacional y una industria de defensa que ha adquirido creciente autonomía.
El acuerdo no significa que Pakistán haya puesto su arsenal nuclear a disposición de Arabia Saudita. Pero su mera participación introduce un elemento de disuasión que modifica el cálculo de cualquier potencial agresor.
Riad tampoco está abandonando a Estados Unidos. Está haciendo algo más prudente: diversificando sus garantías de seguridad.
La experiencia de los últimos años, y especialmente la vulnerabilidad demostrada por los países del Golfo durante las recientes crisis regionales, ha reforzado una conclusión: Washington continúa siendo indispensable, pero depender exclusivamente de Washington puede resultar demasiado arriesgado.
Turquía mira más allá de la OTAN
La participación turca es probablemente el elemento más revelador.
Turquía sigue siendo miembro de la OTAN y no existe indicio alguno de que pretenda abandonar la Alianza. Pero Recep Tayyip Erdo?an lleva años desarrollando una política exterior basada en una mayor autonomía estratégica: mantiene sus vínculos con Occidente mientras profundiza simultáneamente sus relaciones con Rusia, Asia y el mundo musulmán.
El pacto encaja perfectamente en esa estrategia.
Ankara no está eligiendo entre Occidente y Oriente. Está construyendo más opciones para no depender completamente de ninguno.
Eso tiene consecuencias para la propia OTAN. Una alianza occidental cuyos miembros más importantes comienzan a desarrollar estructuras de seguridad paralelas no desaparece, pero sí revela que el antiguo sistema de dependencias está cambiando.
Irán: más disuasión, pero también más riesgos
Teherán ha reaccionado con cautela. El gobierno iraní sostuvo que no tiene motivos para temer el acuerdo y que la cooperación regional puede ser positiva si no está dirigida contra un país determinado.
Sin embargo, la ecuación es evidente. Arabia Saudita y Turquía son dos potencias que compiten con Irán por influencia regional y Pakistán incorpora al esquema una capacidad militar de considerable magnitud.
El pacto puede contribuir a la estabilidad si aumenta el costo de una agresión. Pero también contiene un riesgo: una futura crisis bilateral podría adquirir rápidamente una dimensión multilateral.
La misma lógica de disuasión que evita una guerra puede, si los compromisos son interpretados de manera automática, hacer más difícil contenerla una vez iniciada.
India: el actor que mira con mayor atención
Es en Asia donde las consecuencias pueden ser más profundas.
India mantiene relaciones estratégicas y económicas importantes con Arabia Saudita y las monarquías del Golfo, mientras que su relación con Pakistán continúa marcada por la rivalidad y el conflicto de Cachemira. Turquía, por su parte, ha mostrado reiteradamente posiciones favorables a Islamabad en esa cuestión.
Por eso, Nueva Delhi tiene razones para observar con atención la incorporación de Turquía al acuerdo.
El riesgo inmediato no es que Arabia Saudita vaya a entrar automáticamente en una guerra contra India si se produce un enfrentamiento indo-pakistaní. No existe evidencia de que el pacto haya sido concebido con ese objetivo y, además, Riad tiene fuertes intereses económicos y estratégicos en mantener una buena relación con Nueva Delhi.
El problema es otro: que Pakistán consiga internacionalizar políticamente cualquier futura crisis con India.
Nueva Delhi, por ello, probablemente profundice sus relaciones con los países del Golfo y refuerce su presencia en el océano Índico. India tiene además una ventaja considerable: por su peso económico, demográfico y militar, ninguna arquitectura de seguridad que conecte Medio Oriente con el sur de Asia puede ignorar sus intereses.
China también gana margen
China es otro actor inevitable.
Beijing mantiene una relación estratégica particularmente estrecha con Pakistán y vínculos económicos crecientes con Arabia Saudita. Al mismo tiempo, procura mantener buenas relaciones con Turquía.
El nuevo pacto no está dirigido contra China y, por eso, puede incluso ofrecerle una oportunidad. Beijing puede relacionarse con los tres integrantes y conservar su papel de potencia capaz de dialogar simultáneamente con actores enfrentados.
Pero hay algo más importante: China observa el progresivo desplazamiento de la arquitectura de seguridad regional desde un modelo dominado por Estados Unidos hacia otro en el que las propias potencias regionales construyen redes de defensa y disuasión.
El verdadero significado del pacto
El acuerdo de La Meca no constituye todavía un bloque militar integrado. Sus integrantes tienen intereses divergentes y no existe una agenda común sobre todos los conflictos de Medio Oriente.
Su importancia está en otra parte.
Durante décadas, la seguridad del Golfo y de buena parte de Medio Oriente se organizó alrededor de una premisa: Estados Unidos proporcionaría la protección militar decisiva. Los acontecimientos recientes han llevado a varios de sus aliados a preguntarse qué ocurriría si esa protección no estuviera disponible, fuera insuficiente o llegara demasiado tarde.
La respuesta comienza a aparecer: construir capacidades propias y establecer alianzas alternativas.
Arabia Saudita busca reducir su vulnerabilidad. Turquía procura ampliar su autonomía estratégica. Pakistán transforma su capacidad militar en influencia internacional. India observa para evitar que el nuevo entramado altere desfavorablemente el equilibrio del sur de Asia. China aprovecha la creciente fragmentación del antiguo sistema.
Por eso, más que el nacimiento de una «OTAN islámica», el pacto de La Meca puede ser entendido como otro síntoma del fin de una arquitectura de seguridad dominada por una sola potencia.
El nuevo orden será probablemente más fragmentado, más flexible y también más imprevisible.
Las potencias regionales ya no parecen dispuestas a esperar que otro decida por ellas quién las protegerá.
Y esa es, en definitiva, la verdadera importancia del pacto firmado en La Meca.
|
|
 |
La propaganda terrorista no tiene lugar en la Universidad de la República
|
DOS SIGLOS Julio María Sanguinetti
|
La Semana
|
El Tratado del Río de la Plata y sus desafíos
|
Oddone tiene razón, pero falta una pieza decisiva
|
Un ómnibus secuestrado durante 40 minutos y una Policía que nunca llegó
|
Puerto de Montevideo entre los peores
|
Lo del puerto no da para más
|
CPA Ferrere pone en duda las proyecciones económicas del gobierno
|
Cipriani posterga el San Rafael: un duro golpe para Punta del Este
|
La viga en el ojo propio
|
Hay que hacerse cargo y victimizarse menos
|
Los partidos históricos Luis Hierro López
|
Jason Arday y el precio de convertir una causa en prestigio Santiago Torres
|
Movilidad sostenible 2.0: mucho más que cambiar el motor Fitzgerald Cantero Piali
|
De Chicotazo a Mujica: la tentación de venerar un personaje Juan Carlos Nogueira
|
Libertad para ser libres Eduardo Irigoyen
|
Volver no alcanza Angelina Rios
|
Sin sueldo no hay casa Alicia Quagliata
|
Ante una eventual ola migratoria Susana Toricez
|
Facundo Moyano: un apellido, una caja y el poder sindical
|
De la Espriella y una fortuna que exige explicaciones
|
Un nuevo eje de poder: Arabia Saudita, Turquía y Pakistán
|
Abdul El-Sayed, la nueva izquierda que desafía a los demócratas
|
Frases Célebres 1093
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|