Un mercado laboral que dejó de avanzar
Edición Nº 1092 - Viernes 7 de agosto de 2026. Lectura: 5'
Los datos del mercado laboral uruguayo correspondientes a junio confirman un escenario de estabilidad que, lejos de ser una buena noticia, refleja el estancamiento de la generación de empleo. La economía continúa creando puestos de trabajo a un ritmo insuficiente para impulsar una mejora significativa del mercado laboral, mientras las empresas mantienen expectativas moderadas e incluso prevén reducir sus plantillas en algunos sectores.
Las cifras divulgadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran un panorama prácticamente idéntico al observado un año atrás. La tasa de actividad se ubicó en 63,9%, el empleo en 59,5% y el desempleo en 7%.
A primera vista, estos números transmiten una imagen de estabilidad. Sin embargo, detrás de esa aparente solidez aparece un fenómeno más preocupante: el mercado laboral parece haber agotado el ciclo de recuperación iniciado tras la pandemia y ahora transita una etapa de virtual inmovilidad.
La mejora del desempleo respecto de junio de 2025 —apenas tres décimas porcentuales— no responde a una fuerte creación de puestos de trabajo, sino a una combinación de factores entre los que se encuentra una menor participación de personas buscando empleo.
En otras palabras, no se observa un mercado que absorba crecientemente trabajadores, sino uno que mantiene el equilibrio gracias a una demanda laboral que tampoco crece.
Una economía que pierde impulso
La evolución del empleo está íntimamente vinculada con el comportamiento de la actividad económica.
El crecimiento del Producto Interno Bruto ya venía desacelerándose durante 2025 y las proyecciones para 2026 fueron corregidas a la baja por la mayoría de los analistas. Ese menor dinamismo termina trasladándose al mercado laboral.
Las consultoras privadas coinciden en que el empleo dejó atrás la fase expansiva. El crecimiento del número de ocupados pasó de un ritmo cercano al 1% anual a apenas 0,6%, confirmando que la capacidad de la economía para generar nuevos puestos de trabajo se ha debilitado.
No se trata todavía de un escenario de destrucción masiva de empleo, pero tampoco existe evidencia de una recuperación que permita absorber nuevos trabajadores o reducir significativamente el desempleo estructural.
El desaliento comienza a aparecer
Uno de los indicadores más relevantes no figura entre las cifras principales.
El tiempo promedio que permanece desempleada una persona aumentó durante el primer semestre del año, pasando de poco más de siete semanas a más de nueve.
Ese dato suele interpretarse como una señal de que encontrar empleo resulta cada vez más difícil.
Cuando las búsquedas se prolongan, muchas personas terminan abandonando temporalmente el mercado laboral y dejan de ser contabilizadas como desempleadas porque ya no buscan trabajo activamente.
Ese fenómeno ayuda a explicar por qué la tasa de desempleo permanece relativamente baja aun cuando la economía no está creando suficientes puestos laborales.
Los jóvenes muestran una mejora
Dentro de un panorama de escasas novedades existe un dato positivo.
Los trabajadores entre 14 y 24 años registraron una mejora tanto en empleo como en desempleo.
La tasa de ocupación juvenil aumentó y el desempleo descendió desde niveles cercanos al 26% hasta poco más del 21%.
Aunque sigue siendo una tasa elevada respecto del promedio nacional, constituye una de las pocas señales favorables del informe y podría reflejar cierta recuperación en actividades intensivas en empleo joven, especialmente comercio y servicios.
Empresas sin planes de contratar
Quizás el dato más preocupante surge de las expectativas empresariales.
Las encuestas realizadas entre compañías muestran una marcada prudencia respecto de nuevas contrataciones.
Más de la mitad de las empresas prevé mantener sin cambios su plantilla de personal durante el resto del año, mientras que un número mayor anticipa reducciones antes que aumentos de personal.
Ese comportamiento suele anticipar la evolución futura del mercado laboral.
Cuando las empresas no esperan un crecimiento de la demanda, tampoco expanden sus equipos de trabajo.
En consecuencia, difícilmente pueda producirse un aumento significativo del empleo mientras la actividad económica continúe creciendo por debajo de su potencial.
Persisten brechas importantes
Más allá de la estabilidad general, continúan observándose diferencias relevantes.
Las mujeres presentan un desempleo del 8,5%, considerablemente superior al 5,7% registrado entre los hombres.
También existe una brecha territorial, aunque menor, con un desempleo ligeramente más elevado en el interior respecto de Montevideo.
Por edades, las personas entre 35 y 54 años concentran los mejores indicadores laborales, con tasas de desempleo inferiores al 5%, mientras que los jóvenes siguen enfrentando las mayores dificultades para insertarse en el mercado.
Un avance sostenido en la formalización
Uno de los aspectos más alentadores es la continuidad del proceso de formalización del empleo.
La proporción de trabajadores no registrados en la seguridad social descendió hasta 20,8%, consolidando una tendencia de largo plazo.
Hace poco más de una década la informalidad rondaba el 30%; hoy se encuentra cerca del 20%, uno de los niveles más bajos registrados por Uruguay en un proceso que comenzó en el gobierno anterior.
No obstante, los especialistas advierten que seguir reduciendo ese porcentaje será cada vez más complejo, ya que el nivel actual responde en buena medida a factores estructurales que difícilmente se corrijan únicamente mediante un mayor crecimiento económico.
El problema ya no es el desempleo, sino la falta de dinamismo
Los datos permiten concluir que Uruguay no enfrenta actualmente una crisis de empleo comparable con otras etapas de su historia reciente.
Sin embargo, tampoco atraviesa un proceso de expansión capaz de mejorar sensiblemente las oportunidades laborales.
El mercado parece haber alcanzado una meseta: el desempleo permanece relativamente bajo, la informalidad continúa descendiendo y no se observa una pérdida significativa de puestos de trabajo.
Pero, al mismo tiempo, la economía tampoco genera el impulso suficiente para crear empleo de forma sostenida, mejorar los salarios reales mediante mayor productividad o incorporar nuevos trabajadores al mercado.
En definitiva, el principal desafío ya no consiste en evitar una destrucción de empleo, sino en recuperar el crecimiento económico necesario para que el mercado laboral vuelva a moverse. Mientras ello no ocurra, Uruguay probablemente continuará exhibiendo indicadores estables, pero sin el “despegue” que tanto trabajadores como empresas necesitan.
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