Edición Nº 1086 - Viernes 26 de junio de 2026

Un giro de 180 grados para Colombia

Viernes 26 de junio de 2026. Lectura: 5'

La llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia inaugura un cambio de rumbo de gran magnitud en Colombia. Seguridad, libre mercado, alineamiento con Occidente y confrontación con el legado de Gustavo Petro aparecen como los pilares de un gobierno que promete transformar el perfil político, económico e internacional del país.

La elección de Abelardo de la Espriella marca uno de los cambios políticos más profundos de la historia reciente de Colombia. Después de cuatro años del gobierno de Gustavo Petro, el país no eligió un dirigente de centroderecha dispuesto a corregir parcialmente el rumbo, sino a un presidente que construyó toda su campaña sobre la promesa de revertir casi por completo el legado de su antecesor.

Su victoria, ajustada pero políticamente contundente, anticipa una administración definida por tres grandes ejes: la recuperación de la seguridad como prioridad absoluta, un giro liberal en materia económica y un profundo realineamiento internacional, especialmente con Estados Unidos e Israel.

La seguridad volverá a ser el centro del Estado

Si hubo un tema dominante durante toda la campaña fue el deterioro de la seguridad.

De la Espriella construyó su liderazgo prometiendo recuperar el monopolio de la fuerza estatal, endurecer el combate contra las organizaciones criminales y terminar con las negociaciones políticas con grupos armados ilegales. Su discurso recuerda, en buena medida, la estrategia aplicada por Nayib Bukele en El Salvador, aunque adaptada a la realidad colombiana.

Es razonable esperar:
  • fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y la Policía;
  • endurecimiento de la legislación penal;
  • mayor presencia militar en las regiones controladas por guerrillas y narcotráfico;
  • revisión de la política de "paz total" impulsada por Petro;
  • construcción de nuevas cárceles y aumento de la capacidad penitenciaria. (Reuters)
No se trata únicamente de un cambio de políticas públicas. Es un cambio de paradigma: el Estado vuelve a priorizar la coerción antes que la negociación.

Una agenda económica claramente promercado

El segundo gran cambio será económico.

Mientras Petro apostó por un Estado más intervencionista y por una agenda ambiental que limitó la exploración petrolera, De la Espriella promete exactamente lo contrario.

Entre sus propuestas aparecen:
  • reducción significativa del tamaño del Estado;
  • disminución de impuestos para incentivar la inversión;
  • ampliación de la base tributaria en lugar de aumentar las tasas;
  • mayor protagonismo del sector privado;
  • reactivación de la industria petrolera;
  • autorización del fracking.
El mensaje político es claro: volver a colocar el crecimiento económico por encima de los objetivos ambientales que caracterizaron al gobierno saliente.

Un alineamiento internacional con Occidente

Quizás el cambio más inmediato se observará en política exterior.

Durante el gobierno de Petro, Colombia modificó sustancialmente su posicionamiento internacional, distanciándose de Israel y acercándose a gobiernos de izquierda de la región.

De la Espriella anunció que esa etapa terminó.

En su primer mensaje como presidente electo afirmó que fortalecerá la relación con Israel “como nunca antes”, una definición que simboliza una política exterior mucho más alineada con Washington y con las democracias occidentales. También es previsible una relación más estrecha con gobiernos conservadores como los de Argentina, Paraguay y Ecuador, además de un mayor distanciamiento respecto de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Más que un simple ajuste diplomático, se trata de una redefinición del lugar que Colombia pretende ocupar en el escenario internacional.

Un discurso conservador en lo cultural

En materia social tampoco cabe esperar continuidad.

De la Espriella representa una derecha conservadora que reivindica la familia tradicional, cuestiona parte de la agenda progresista y propone una fuerte defensa de los valores religiosos en la vida pública.

Eso no implica necesariamente reformas constitucionales inmediatas, pero sí un cambio de prioridades políticas respecto del feminismo, las políticas de género, el aborto o la educación sexual.

La gobernabilidad será el principal desafío

Sin embargo, ninguna de esas transformaciones será sencilla.

La elección dejó un país prácticamente dividido por mitades.

La diferencia inferior al 1% confirma que la izquierda mantiene una base electoral muy sólida y que la polarización seguirá siendo uno de los principales condicionantes del próximo gobierno. Además, De la Espriella llega sin experiencia ejecutiva previa, por lo que deberá construir mayorías parlamentarias para convertir sus promesas en políticas concretas.

Su primer discurso, consciente de esa realidad, buscó transmitir un mensaje conciliador, afirmando que la campaña había terminado y que gobernaría para todos los colombianos, intentando moderar la imagen confrontativa construida durante la competencia electoral.

Un cambio que trasciende a Colombia

La llegada de De la Espriella también tiene una dimensión regional.

Después de varios años en los que buena parte de América Latina estuvo gobernada por administraciones de izquierda o centroizquierda, Colombia se suma a una corriente de gobiernos que privilegian la seguridad, la reducción del Estado, el libre mercado y una política exterior más cercana a Estados Unidos.

No significa que Colombia vaya a reproducir exactamente los modelos de Bukele, Milei o Trump. Cada país tiene restricciones institucionales distintas y una realidad política propia. Pero sí parece claro que la nueva administración buscará compartir con ellos una misma orientación ideológica.

En definitiva, más que una alternancia tradicional, la elección de Abelardo de la Espriella representa una apuesta por desandar buena parte del camino recorrido durante el gobierno de Petro. El éxito de esa estrategia dependerá de su capacidad para compatibilizar una agenda de cambios profundos con la necesidad de gobernar un país dividido casi exactamente en dos mitades.



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