Ucrania cambia de generales en plena guerra
Viernes 24 de julio de 2026. Lectura: 6'
La destitución del comandante en jefe Oleksandr Syrskyi y su reemplazo por Mykhailo Drapatyi no responde únicamente a un cambio de nombres en la cúpula militar ucraniana. Expresa una disputa estratégica sobre cómo continuar la guerra contra Rusia, acelerada por el desgaste político, las protestas internas y el debate entre una conducción tradicional y otra orientada a la innovación tecnológica. El impacto del relevo dependerá ahora de si la nueva conducción consigue transformar esa apuesta en resultados concretos sobre el campo de batalla.
La decisión del presidente Volodímir Zelenski de destituir al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Oleksandr Syrskyi, constituye uno de los movimientos políticos y militares más relevantes desde la remoción de Valerii Zaluzhnyi en febrero de 2024. No se trata simplemente del relevo de un jefe militar: revela una crisis de conducción, un enfrentamiento sobre la forma de librar la guerra y un intento del gobierno ucraniano por recuperar la iniciativa cuando el conflicto entra en su quinto año.
El nuevo comandante será el mayor general Mykhailo Drapatyi, de 43 años, considerado uno de los oficiales más respetados de la nueva generación de militares formados durante la guerra contra Rusia iniciada en 2014. La designación estuvo acompañada por una reestructuración del Estado Mayor y de otros mandos superiores, señal de que Zelenski pretende algo más profundo que un simple cambio de nombres.
Lo llamativo es que Syrskyi no cae tras una gran derrota militar. Por el contrario, fue uno de los arquitectos de la defensa de Kiev en 2022, participó en la contraofensiva de Járkov y dirigió posteriormente operaciones complejas como la incursión sobre Kursk. Incluso el propio Zelenski reconoció públicamente esos méritos al anunciar su destitución.
Precisamente por eso el relevo merece un análisis más profundo.
La protesta dejó de ser exclusivamente militar
Durante meses el malestar contra Syrskyi había permanecido dentro de los cuarteles.
Sin embargo, las recientes protestas en Kiev y otras ciudades marcaron un punto de inflexión. Veteranos, militares, familiares de soldados y organizaciones civiles comenzaron a reclamar públicamente su salida. La crítica principal no apuntaba a una derrota específica sino a un estilo de conducción considerado excesivamente rígido, centralizado y heredero de la doctrina soviética.
Entre las acusaciones más repetidas aparecían:
- elevadas bajas humanas por insistir en mantener posiciones consideradas insostenibles;
- excesiva centralización de las decisiones tácticas;
- resistencia a delegar autonomía en los mandos inferiores;
- lentitud para incorporar plenamente nuevas tecnologías, especialmente drones y sistemas digitales de combate;
- deterioro de la relación con una generación más joven de oficiales.
Aunque varias de estas críticas son difíciles de verificar de manera independiente debido al secreto propio de una guerra en curso, su reiteración desde sectores militares, políticos y civiles terminó erosionando gravemente la autoridad del comandante.
El conflicto con Fedorov aceleró la crisis
El detonante inmediato fue la disputa con el ahora exministro de Defensa Mykhailo Fedorov.
Fedorov, ampliamente identificado con la digitalización del Estado ucraniano y posteriormente con la modernización tecnológica de las Fuerzas Armadas, defendía una transformación acelerada del ejército basada en:
- guerra con drones;
- automatización;
- inteligencia artificial;
- cadenas logísticas digitales;
- mayor flexibilidad operacional.
La convivencia con Syrskyi se volvió cada vez más conflictiva. Según diversas reconstrucciones periodísticas, Fedorov llegó a plantearle a Zelenski que la continuidad del comandante obstaculizaba la modernización militar. Paradójicamente, fue el propio Fedorov quien primero perdió el cargo, lo que provocó protestas todavía mayores y terminó dejando a Syrskyi políticamente aislado.
No es una discusión sobre ganar o perder
Una interpretación simplista presentaría el episodio como una pelea entre “halcones” y “moderados”.
La realidad parece bastante diferente.
Todos los protagonistas sostienen la necesidad de continuar resistiendo la invasión rusa. Lo que estaba en discusión era cómo hacerlo.
La tensión enfrentaba dos modelos militares.
El modelo Syrskyi
Basado en:
- fuerte centralización;
- cadenas jerárquicas tradicionales;
- prioridad al control territorial;
- utilización intensiva de infantería;
- mayor aceptación de elevadas pérdidas para mantener posiciones.
El modelo reformista
Representado por Fedorov y ahora por Drapatyi:
- descentralización táctica;
- mayor autonomía para oficiales subalternos;
- integración masiva de drones;
- operaciones altamente móviles;
- guerra electrónica;
- ataques de precisión;
- reducción de bajas mediante tecnología.
No significa que uno sea “occidental” y otro “soviético” en sentido absoluto, pero sí refleja dos culturas militares distintas que convivían con creciente tensión dentro del ejército ucraniano.
¿Quién es Mykhailo Drapatyi?
La elección de Drapatyi no parece improvisada.
Su carrera está asociada a algunos de los episodios más exitosos del ejército ucraniano desde 2014.
Ganó notoriedad durante los primeros combates en Mariúpol y posteriormente dirigió operaciones defensivas en Jersón, Kryvyi Rih y la región de Járkov. Diversos analistas lo describen como un oficial pragmático, cercano a las tropas y favorable a la innovación tecnológica.
Su perfil también ofrece ventajas políticas.
Tiene 43 años.
Representa una generación completamente distinta de la formada en las academias soviéticas.
Y, al menos por ahora, goza de mayor legitimidad tanto entre numerosos oficiales jóvenes como entre buena parte de la opinión pública.
¿Puede cambiar realmente la guerra?
Probablemente no de manera inmediata.
Los problemas estratégicos de Ucrania siguen siendo enormes:
- inferioridad demográfica frente a Rusia;
- dificultades para el reclutamiento;
- limitaciones industriales;
- dependencia de la ayuda occidental;
- presión constante sobre el frente oriental.
Ningún comandante puede modificar por sí solo esos factores.
Sin embargo, sí pueden producirse cambios operacionales importantes.
Diversos analistas esperan:
- mayor integración entre inteligencia, drones y artillería;
- simplificación de la estructura de mando;
- reducción de burocracia;
- mayor iniciativa de los comandantes de brigada;
- incremento de operaciones especiales detrás de las líneas rusas;
- aceleración de la guerra tecnológica.
Los riesgos del relevo
La decisión también entraña peligros.
Cambiar el comandante en jefe durante una guerra siempre implica un período de adaptación.
Drapatyi deberá construir rápidamente autoridad sobre generales que hasta ayer respondían a Syrskyi.
También deberá demostrar que las expectativas generadas por las protestas pueden traducirse en mejoras reales sobre el terreno.
Existe además un riesgo político.
Si dentro de algunos meses la situación militar no mejora, Zelenski ya no podrá atribuir las dificultades exclusivamente a la vieja conducción militar.
La responsabilidad recaerá directamente sobre el nuevo equipo nombrado por él mismo.
Un cambio más político que táctico
Quizás el aspecto más importante del episodio sea otro.
Desde 2022 Ucrania había logrado mantener relativamente contenidas las tensiones entre conducción política y conducción militar.
La salida primero de Zaluzhnyi y ahora de Syrskyi demuestra que esa estabilidad se ha erosionado.
Después de más de cuatro años de guerra, la discusión ya no gira únicamente alrededor de cuántos kilómetros avanza o retrocede cada ejército.
Empieza a centrarse también en cómo reorganizar un Estado completamente movilizado para sostener un conflicto prolongado, con recursos limitados y bajo creciente fatiga social.
En ese contexto, la designación de Drapatyi parece menos una apuesta por un “general milagroso” que un intento de acelerar una transformación institucional del ejército ucraniano: pasar de una fuerza que resistió con éxito la invasión inicial a otra capaz de combinar tecnología, flexibilidad y eficiencia para una guerra que ya no tiene horizonte cercano de finalización.
Si esa transformación llega a tiempo para alterar el equilibrio militar frente a Rusia es una cuestión que solo podrá responder el desarrollo de los próximos meses.
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