Tributo a la vitivinicultura
Viernes 17 de abril de 2026. Lectura: 7'
Por Tomás Laguna
Los tiempos que transcurren lo ameritan. Como cada año, en los meses de febrero y marzo tuvo lugar la vendimia; adicionalmente, el pasado 14 de abril se celebró el día del Tannat, la cepa que más caracteriza a nuestra producción, ocasión elegida en memoria de don Pascual Harriague en el día de su nacimiento. Inmigrante vasco-francés que introdujo y cultivó esta variedad en el país en el siglo XIX.
La vitivinicultura tal vez sea de las actividades productivas más antiguas en la historia de la humanidad. Sus orígenes se remontan a la región del Cáucaso para luego expandirse a la antigua Mesopotamia, años 6000 a 5000 a. C. Por esta parte del mundo llegó junto con la misma colonización. En Chile tuvo su mayor impulso en la segunda mitad del siglo XIX, obra de familias establecidas en su mayoría durante el siglo XVIII con fortunas suficientes para invertir y resistir los riesgos de este particular rubro. A mediados de 1880, los establecimientos vitivinícolas ya ocupaban los primeros lugares como establecimientos agrarios en el país trasandino.
En Argentina, si bien ya existían antecedentes de la época de la colonia, las décadas de 1870 a 1890 fueron tiempos en los que en la provincia de Mendoza se produjo la transformación de una economía basada en el engorde y venta de ganado a Chile a otra organizada en torno a la producción de uvas y su industrialización en vinos. También en este proceso fue importante el protagonismo de empresarios integrantes de la élite mendocina.
En nuestro país, el rubro sobrevivió a los tiempos de la “Tierra Purpúrea”, cuando la producción se ubicaba en el entorno de los centros poblados, en particular Montevideo. Por entonces, la vitivinicultura era una actividad productiva para el consumo familiar. Esto hacía inviable el desarrollo tanto en lo productivo como en la fase industrial de elaboración del vino. Recién las iniciativas a partir de la década de 1870 merecen ser reconocidas en cuanto a su significación en el territorio, en gran medida impulsadas desde la Asociación Rural del Uruguay (ARU), por entonces novel gremial que veía en el rubro una actividad relevante en el superior objetivo del desarrollo rural. Fueron sus mismos directivos quienes asumieron el compromiso de iniciarse en la producción a través de sus propios establecimientos personales. (Ref. Prof. Alcides Beretta Curi)
Ya en 1894 la viticultura ocupaba más de tres mil hectáreas de viñedos a partir de la importación de cepas francesas. Ocurrió que con este material genético también ingresaron enfermedades diversas, en particular la devastadora filoxera que ya hacía estragos en Europa. Con la preocupación de la ARU para que el Estado regulara sanitariamente la introducción de cepas desde el exterior, fue que se convocó en 1897 al primer Congreso de Viticultura.
La necesaria brevedad de estos comentarios obliga a la síntesis; no obstante, necesario es mencionar otro hito relevante que marcó una inflexión en esta historia. En la segunda mitad del siglo XX fue cuando, a partir de los ’70, la industria vitivinícola en la región ingresó en crisis. La producción se centraba en variedades comunes de baja calidad y alto rendimiento para la producción de vinos de mesa. Argentina encaró su reconversión ya a partir de los ’80, erradicando las cepas antiguas por otras de vinos finos, en particular con la introducción del Malbec, su cepa insignia, además de otras como el Cabernet, Merlot, etc. Chile no fue ajeno a ese proceso. Por esos años, la vitivinicultura chilena recibió el empuje reformador a partir de capitales del exterior y el consecuente arraigo de grandes empresas que pasaron a concentrar la producción.
La reconversión en nuestro país se vincula con esos años. Fue iniciativa de los grupos de productores vitícolas CREA que viajaron a Francia a mediados de la década del ’70 en búsqueda de respuestas. Tras aquella oportuna expedición, y con el apoyo de la embajada de Francia, lograron en 1978 traer al país al reconocido enólogo galo Dr. Denis Boubals. La misión duró no más de dos semanas, durante las cuales el experto francés recorrió establecimientos, participó en degustaciones de vino y visitó nuestros centros de investigación. Su informe fue lapidario, remarcando que nuestra vitivinicultura estaba al menos 50 años atrasada con respecto al resto del mundo. Tan rotundo fue que generó una sensación de pánico en cuanto a la viabilidad del rubro en nuestros suelos. Sin embargo, y siempre con el liderazgo de los CREA Viticultores, se dio inicio a todo un virtuoso proceso de sustitución de las cepas tradicionales por nuevas variedades de mayor calidad importadas de Francia, a la vez que la mejora genética en la multiplicación de material vegetal libre de virus, la innovación en la mecanización y la adecuación tecnológica en general. El mismo Dr. Boubals, en visitas posteriores, fue muy entusiasta en el reconocimiento a los logros alcanzados que posicionaban muy competitivamente a nuestra producción en el contexto internacional.
Vaya de paso el homenaje, desde esta columna, a los 60 años del movimiento CREA en Uruguay. Fantástica metodología de gestión grupal con origen francés, con fuertes bases humanistas, dirigida al desarrollo de las empresas agropecuarias a partir de la generosa interacción entre los productores, participando en sus grupos regionales.
Llegamos así a la presente cosecha. Los astros estuvieron alineados para que el clima permitiera lo que expertos califican como la mejor cosecha en 20 años, superando en un 11 % la del año anterior. Más kilos, mayor graduación alcohólica y buena sanidad es la trilogía de condiciones para una buena zafra y, consecuentemente, mejores vinos. Las principales variedades lograron, a su vez, superar los rendimientos del año anterior, en particular Marselan con +27% y Tannat con +16%.
Con 5.750 há de viñedos, 750 empresas entre viticultores (600) y bodegas (150), aun cuando algo más del 85 % del consumo sea con vinos de mesa, el rubro se afirma con la consolidada presencia de pequeñas bodegas especializadas en vinos finos. Merece destaque su desarrollo en la costa Atlántica, en esta nueva acepción de los vinos oceánicos. También destacar el desarrollo del enoturismo por parte de varias bodegas, actividad subsidiaria que potencia el negocio y su destaque. Se podría afirmar que, a través de la industria del vino, nunca un industrial estuvo tan próximo al oficio de artesano.
En nuestro país, la exportación es siempre un necesario objetivo del agronegocio; como tal, también lo es para la vitivinicultura. En 2025 se exportó algo más de 5 millones de botellas de 750 cc por un valor que supera los 10 millones de dólares a poco más de 50 mercados. Estas cifras de exportación de vino envasado fueron inferiores en volumen y precio a las buenas exportaciones de 2024. Si consideramos las exportaciones a granel, el enorme volumen exportado principalmente a Bielorrusia determinó que el volumen total exportado en 2025 haya sido mayor que en 2024. El principal mercado en volumen para el vino envasado es Brasil (entre el 60 y el 70 % según el año), si bien en los precios alcanzados lo es Estados Unidos (entre el 7 y el 9 % del volumen total exportado). Existen otros interesantes destinos de mercados nicho con buenos precios, caso de los países nórdicos (es noticia de estos días el interés de Noruega por nuestro Albariño) y Canadá, donde ya hay un pie de exportación tras el gran objetivo de aumentar volumen.
Si bien el consumo de vino ha ido en descenso a nivel mundial, Uruguay mantiene una activa y reconocida presencia en muchos mercados, lo que permite mirar el futuro con optimismo. Realidad inimaginable 40 años atrás.
Durante la anterior administración de gobierno, el INAVI definió un plan estratégico destinado a erradicar viñedos con cultivares de baja calidad enológica, pero que a su vez son de alta producción, en beneficio de promover las cepas de alta calidad vitivinícola, pero que no suelen ser de gran volumen de cosecha. Una estratégica propuesta dirigida a la mejora continua. Bueno sería saber hoy si el compromiso con este programa sigue vigente. Lo contrario sería retroceder 40 o más años…
Que estas líneas sirvan de homenaje y reconocimiento a uno de los rubros más sacrificados y artesanales en su producción, pero también disfrutable como ninguno en el producto final obtenido. Levantemos una copa de la variedad que más le guste a cada quien; desde este espacio, sin duda, será con un buen Tannat...
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