Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

Tribulaciones de un tránsito

Viernes 13 de diciembre de 2024. Lectura: 5'

Por Julio María Sanguinetti

Las transiciones siempre tienen sus bemoles. Inevitablemente hay asuntos a medio andar, que el que llega puede no compartir y no siempre pueden ajustarse a la nueva sensibilidad.

Es el caso del llamado Plan Neptuno, o sea la toma de agua sobre el Río de la Plata. Es un proyecto complejo, sin duda. El Frente Amplio estuvo siempre en contra por una razón ideológica, la concesión privada. Si esto lo hubiera hecho OSE con sus fondos hubieran aplaudido. El tema es que el dinero, sea efectivo o a crédito, es limitado. Por eso mismo la OSE, que hace años de años tiene en sus proyecto el de la planta de Casupá, no lo llevó adelante en los años del Frente Amplio y ahora lo considera algo esencial y prioritario, cuando podrá ser importante, que lo es, pero jamás prioritario ante la opción del Río de la Plata.

Allí está el tema fundamental. El mundo entero vive hoy una situación medioambiental muy comprometida, que ha llevado a situaciones de precariedad en los ríos tan agudas como la que afectó nada menos que a la Amazonia y al Canal de Panamá, que une los dos grandes océanos. Nosotros vivimos ya una situación crítica en julio de 2023, de la que salimos a los ponchazos. Si algo quedó claro es que no podemos seguir dependiendo en forma exclusiva del río Santa Lucía como única fuente. A lo que añadimos una sola usina (Agua Corrientes) y una sola reserva (Paso Severino). Colapsa cualquiera de estos tres eslabones y nos hundimos en la crisis.

En aquel entonces, nuestro colega Mujica fue bien claro: “tendríamos que haber arrancado antes”, “nos dormimos todos”, “compartimos la responsabilidad”. El hecho es que desde que inauguramos la represa de Paso Severino, en nuestra primera presidencia, en octubre de 1987, no se agregó ni un metro cúbico de agua a la disponibilidad de la región Metropolitana. El Frente, en 15 años de gobierno, lo único que hizo fue armar un proyecto, sobre el río Santa Lucía, que allí quedó, sin comenzar. “Ay el bendito déficit fiscal” dijo Mujica y ahí está también la otra dimensión, la financiera, que -aunque no nos guste- es esencial. No se avanzó porque había límites y por eso mismo, cuando se decidió llegar al Río de la Plata se buscó la fórmula de la inversión privada.

Más allá de las características del proyecto, todo lo discutible que se quiera, la cuestión es que el país no puede esperar un día más. No nos tranquiliza imaginarnos dentro de dos o tres años haciendo al Frente Amplio responsable de una crisis que nadie desea pero que es más probable que lo que nunca fue antes. En esa hipótesis indeseada pero altamente probable, habrá un culpable, que no servirá de consuelo ¿Quién se hace cargo hoy de tamaña responsabilidad?

Arazatí tendría que empezar mañana mismo. No podemos esperar otra crisis. Y si la solución es imperfecta, se verán los modos posibles de mejorarla, pero andando, sobre la marcha. Parar todo es poner al país en el más alto de los riesgos.

En otro orden, aparece el fantasma de la seguridad social. El PIT-CNT, que impulsó el suicidio nacional en el plebiscito constitucional sigue en sus trece. No importa que el sesenta por ciento del país haya dicho que no. Insiste y quiere acorralar al futuro Ministro de Economía, Gabriel Oddone, que desde el primer día en que apareció la iniciativa explicó por qué era un grave error. Sabe muy bien que sólo algún cambio de detalle podrá ser asumido pero que ir al fondo del tema es un error gravísimo, tanto en el mediano como en el corto plazo. En éste, porque afectará la credibilidad del país. En el correr del tiempo porque la desfinanciación volverá a flotar sobre el horizonte e impondrá, ineluctablemente, a poco de andar, un cambio hacia lo que hoy ya estaría funcionando. Cuando Oddone habló de que los 65 años permanecerán, el Presidente electo puso sus salvedades y terminó haciendo valer su autoridad para afirmar que él decidiría. O sea que estamos a mitad de camino, en una peligrosa ambigüedad.

En forma inesperada pero grata, se firmó el Acuerdo Unión Europea-Mercosur. Recuerdo muy bien cuando hace 25 años empezamos el recorrido en el Palacio de Oriente de Madrid, en el enorme salón que preside la estatua del Emperador Carlos V. Después de tanto ir y venir, esta firma ha sido un gran paso. Naturalmente, Francia se opondrá, algún otro país agrícola también, pero algo más cerca del final estamos. Como broche de una gestión exterior, es una perla brillante. Aunque, como no podía ser de otra manera, el PIT-CNT salió en forma rotunda y categórica, en ese tono grandilocuente y maximalista que le caracteriza, a rechazar el acuerdo. Su enojo parte de que no “participó” y se extiende a éste como a los anteriores gobiernos. La realidad es que todo lo que sea apertura y competencia, le rechina a esa mentalidad antigua, anacrónica, que exhibe nuestra central sindical. Felizmente el acuerdo está firmado y ahora ya no da para volver a discutir. Sin embargo, queda formalizado otro debate incómodo para el nuevo gobierno, de nuevo con el PIT-CNT, fuera fuerza es indiscutible en el ámbito frentista.

Todo indica que lo que se va viendo en este tránsito, será un panorama reiterado, con un sindicalismo de inspiración marxista, condicionando a un gobierno que invocará a la izquierda como vaga referencia pero que ya se resignó a la economía de mercado. No es ocioso recordar que esta es una realidad universal luego del fracaso estrepitoso de las economías colectivistas que tienen en Cuba el último ejemplo, entristecedor, del retroceso que significa perder la iniciativa individual como motor de la sociedad.

Han pasado solo tres semanas de la elección. Sin embargo, ya están ahí los nubarrones del tránsito anunciando posibles tormentas, algunas tan acuciantes como la del agua a la capital.



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