Edición Nº 1099 - Viernes 25 de setiembre de 2026

Rincón: la victoria que cambió la campaña de 1825

Edición Nº 1099 - Viernes 25 de setiembre de 2026. Lectura: 4'

El 24 de setiembre de 1825, Fructuoso Rivera convirtió una audaz incursión sobre las caballadas brasileñas en una resonante victoria militar, de la cual ayer se cumplió el 201° aniversario. Rincón privó de movilidad a las fuerzas imperiales, fortaleció al ejército oriental y preparó el terreno para el triunfo de Sarandí.

La Provincia Oriental permanecía sometida al dominio extranjero desde la invasión portuguesa iniciada en 1816. Derrotado Artigas y deshecha la confederación que lideraba, el territorio fue incorporado en 1821 al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve con el nombre de Provincia Cisplatina. La independencia brasileña de 1822 no modificó esa situación: la Cisplatina pasó simplemente de la monarquía portuguesa al nuevo Imperio del Brasil.

El desembarco de Lavalleja y los Treinta y Tres Orientales en la Agraciada, el 19 de abril de 1825, reabrió la lucha. La adhesión de Fructuoso Rivera después del llamado Abrazo del Monzón aportó al movimiento un jefe de enorme prestigio entre los hombres de la campaña y un conocedor excepcional del territorio. En pocos meses los revolucionarios dominaron buena parte del medio rural, aunque Brasil conservaba Montevideo, Colonia y Mercedes, además de su superioridad naval.

Mercedes constituía entonces uno de los principales apoyos imperiales en el interior. Allí se encontraba el general José de Abreu, cuyas tropas disponían de una enorme reserva de caballos y ganado en el Rincón de Haedo o Rincón de las Gallinas, una especie de bolsa natural formada por la confluencia de los ríos Negro y Uruguay. En una guerra librada fundamentalmente por fuerzas de caballería, apoderarse de aquellos animales significaba mucho más que obtener un botín: equivalía a quitarle al enemigo su capacidad de desplazarse y entregársela al ejército oriental.

Rivera salió con una fuerza de unos 700 hombres, pero destinó la mayor parte, al mando de Andrés Latorre, a distraer a los brasileños en dirección a Mercedes. Con apenas 250 combatientes cruzó el río Negro por el paso de Vera y avanzó sigilosamente hacia el Rincón. Al amanecer del 24 de setiembre sorprendió a la guardia imperial y comenzó a reunir las caballadas. La operación parecía cumplida cuando recibió la noticia de que dos regimientos brasileños, comandados por Jerónimo Jardim y José Luis Mena Barreto, se aproximaban desde Paysandú y bloqueaban la única retirada posible. Las fuentes orientales estimaron esas fuerzas en unos 700 hombres, mientras que los registros brasileños las redujeron a aproximadamente 420. En cualquier caso, superaban ampliamente a los hombres de Rivera.

Don Frutos comprendió que no podía abandonar los caballos ni permanecer encerrado esperando que las tropas de Mercedes cruzaran el río Negro. Reunió a sus partidas, ocultó la línea principal aprovechando el terreno y adelantó una guerrilla de tiradores. Los regimientos imperiales llegaban fatigados, separados entre sí y sin haber tomado precauciones para reconocer el campo. Cuando la columna de Jardim estuvo suficientemente cerca, los orientales cargaron y la desorganizaron antes de que pudiera desplegarse. Sin detener el impulso, se lanzaron luego contra las fuerzas de Mena Barreto, que alcanzaron a efectuar una descarga cerrada, pero no pudieron contener el ataque. Mena Barreto murió en el combate y los sobrevivientes fueron perseguidos durante varias leguas. Una parte considerable de las tropas imperiales quedó muerta, herida o prisionera, mientras Rivera capturaba armas, municiones y entre 7.000 y 8.000 caballos.

La importancia de Rincón excedió ampliamente la cantidad de combatientes involucrados. La derrota destruyó los refuerzos que esperaba Abreu y, al privar a sus tropas de caballadas, las dejó prácticamente inmovilizadas en Mercedes. Al mismo tiempo, proporcionó al ejército oriental monturas, armamento y municiones de los que carecía. También restableció la confianza después del contraste sufrido por Rivera frente a Bento Manuel Ribeiro en Puntas del Águila, el 4 de setiembre, y demostró que las fuerzas improvisadas de la revolución podían derrotar en campo abierto a unidades del Imperio.

Dieciocho días después, el 12 de octubre, Lavalleja obtuvo en Sarandí una victoria todavía mayor. Rincón había contribuido a hacerla posible tanto por sus consecuencias materiales como por el impulso moral que dio a la causa. Los dos triunfos probaron que la revolución oriental no era una incursión destinada a extinguirse, sino un movimiento capaz de controlar el territorio y sostener militarmente las decisiones adoptadas en Florida.

Rincón no creó por sí sola la independencia del futuro Uruguay, ni era ese todavía el desenlace político que perseguían los revolucionarios, cuya aspiración declarada era reincorporar la Provincia Oriental a las Provincias Unidas. Pero la sucesión de Rincón y Sarandí llevó al Congreso reunido en Buenos Aires a aceptar esa incorporación el 25 de octubre de 1825. El levantamiento oriental se transformó así en una guerra abierta entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil. La contienda culminaría en 1828, cuando la Convención Preliminar de Paz dispuso la creación de un Estado oriental independiente.

Por eso Rincón ocupa un lugar decisivo en el proceso emancipador. Fue una victoria de la audacia sobre la superioridad numérica, pero también algo más profundo: el momento en que la revolución obtuvo los medios materiales, la confianza y la gravitación política necesarias para dejar de ser una esperanza y convertirse en una fuerza capaz de alterar el equilibrio del Río de la Plata.



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