Rendición: cuando la mayoría también obliga
Viernes 28 de agosto de 2026. Lectura: 3'
Por Angelina Rios
El proyecto de ley sobre la Rendición de Cuentas ya está en el Senado y hoy viernes comienza su tratamiento en la comisión de Presupuesto integrada con Hacienda con la presencia del ministro de Economía, Gabriel Oddone, y su equipo. El Frente Amplio tiene allí los votos para aprobarla. La atención estará puesta en otra cosa: qué ocurrirá con los acuerdos que hicieron posible alcanzar los 50 votos en Diputados.
Durante semanas, el proyecto de ley de la Rendición tuvo una discusión inevitablemente asociada a la aritmética parlamentaria. Sin mayoría propia en Diputados, el Frente Amplio necesitaba dos votos y los encontró en Cabildo Abierto.
No fueron votos gratuitos. Hubo negociación, modificaciones y concesiones.
Entre los entendimientos estuvieron aspectos de la nueva Asignación Única para Infancia y Adolescencia, particularmente sus condicionalidades educativas y sanitarias y las restricciones para retirar en efectivo una parte de la prestación. También se acordó retirar disposiciones que reasignaban recursos de funcionamiento de las Fuerzas Armadas y hubo negociaciones sobre el sistema penitenciario y medidas vinculadas a las cooperativas de vivienda.
No todo lo que contiene la Rendición formó parte de ese acuerdo. Las becas universitarias, la Agencia de Gestión de Inmuebles y distintos artículos tributarios también pasarán por la revisión del Senado, pero pertenecen a otra discusión.
La distinción importa porque ahora cambió el escenario. En el Senado, el Frente Amplio tiene mayoría propia.
El valor de lo acordado
El secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, resumió públicamente con bastante claridad lo que significó negociar con Cabildo Abierto. Reconoció que algunas de las cosas acordadas “no nos gustan mucho”, pero agregó que “forma parte de cómo se negocia”.
Precisamente. Negociar significa ceder algo para obtener otra cosa. En Diputados, el oficialismo necesitaba votos y Cabildo Abierto necesitaba que algunos de sus planteos fueran contemplados. El resultado fue un acuerdo.
El Senado tiene plena potestad para revisar el proyecto y modificarlo. Nadie discute esa facultad. Pero políticamente no será indiferente qué modificaciones realice.
Hay además un antecedente. Durante el tratamiento del Presupuesto Quinquenal, algunos acuerdos y aditivos que habían obtenido respaldo en Diputados no sobrevivieron al pasaje por el Senado. Aquello generó cuestionamientos de la oposición y dejó una pregunta que ahora vuelve a aparecer: ¿cuánto vale lo negociado en una cámara cuando en la siguiente el oficialismo ya no necesita esos votos?
Es una prueba que va más allá de la Rendición, porque la cuestión no es solamente qué reclama hoy Cabildo Abierto.
Durante el resto de la legislatura, el gobierno volverá a necesitar acuerdos en Diputados. Algunas veces podrá encontrarlos en Cabildo; otras, en blancos, colorados o en distintos sectores según el proyecto.
Por eso, lo que ocurra ahora tendrá consecuencias posteriores.
No se trata de sostener que el Senado deba limitarse a ratificar sin cambios lo aprobado por Diputados. Sería desconocer su función constitucional. Se trata de distinguir entre revisar un proyecto y deshacer los compromisos políticos que permitieron aprobarlo.
Hoy viernes, cuando Gabriel Oddone y el equipo económico comparezcan ante la comisión, comenzará una etapa con menos suspenso sobre el resultado de la votación, pero posiblemente más reveladora sobre la forma en que el oficialismo administrará su mayoría.
La Rendición llegó al Senado con los votos necesarios para ser aprobada, pero también con los compromisos que hicieron posible su aprobación en Diputados.
Allí, la mayoría no estará en juego. Sí lo estará el valor de la palabra empeñada.
Porque, sin lugar a dudas, cada acuerdo que el Senado confirme fortalecerá la próxima negociación. Y cada acuerdo que el Senado desconozca dejará una señal para todas las que vendrán, ya que, cuando los votos vuelvan a ser necesarios, también volverá la memoria.
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