Edición Nº 1071 - Viernes 6 de marzo de 2026

Recordando a Hugo Batalla

Por Marcela Pérez Pascual

Mañana sábado 11 de julio Hugo Batalla cumpliría 94 años. Abogado, político y Vicepresidente de nuestro país. Pero por sobre todo un hombre sencillo, amable, trabajador, siempre con una sonrisa y muy de su familia.

Quinto y último hijo del matrimonio entre Felipe y Herminia. Él inmigrante y ella hija de inmigrantes ambos italianos. Nació en Pueblo Victoria. Se formó en la escuela pública, a la cual amaba y defendía. Hombre sencillo y del barrio que lo vio nacer. Se casó con Hilda Flores un 25 de marzo de 1954. Tuvieron una hija, Laura Batalla, casada con Sergio Gamarra y dos nietos, Valentina y Joaquín.

Su primer cargo electivo lo obtuvo en el período 1955-1959 como presidente de la Junta Departamental. Fue legislador en varias oportunidades, la primera a partir de 1963, cuando casi ininterrumpidamente ocupó una banca hasta la ruptura institucional. En 1969 llegó a presidir la Cámara de Diputados.

Entre 1973 y 1985, período militar en nuestro país, fue abogado defensor de políticos y otras personas presas por el gobierno de facto, entre ellos Líber Seregni, demostrando su lado humano, solidario y siempre fiel a sus ideas y principios.

Luego de la restauración Democrática su sitio fue el Senado, teniendo el honor de presidir ambas cámaras.

En 1984 su figura alcanza uno de los puntos más altos a nivel político. Encabeza la Lista 99 y obtiene tres Senadores y once Diputados. Muchos lo empujan a postularse a la Presidencia. En 1989, acompañado por José Manuel Quijano se postula a la presidencia obteniendo dos Senadores y nueve Diputados. En 1990 el entonces Presidente Luis Lacalle Herrera le ofrece el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente pero él opta por quedarse en el Senado.

En 1994 es electo Vicepresidente de la República en fórmula con Julio María Sanguinetti, cargo que ocupará hasta su fallecimiento el 3 de octubre de 1998.

Sin duda partió temprano. Es y siempre será una figura que hace falta y su ausencia se siente mucho en el ámbito político y personal. Fue y sigue siendo una despedida muy triste.

Tuve el honor y el privilegio de conocerlo y poder forjar una amistad con él y su familia. Cuando lo conocí tenía apenas 15 años. Me preguntaron que me parecía el Vicepresidente de mi país y mi respuesta fue: "Es como un abuelo bueno". Y así es como lo recuerdo, más allá de todos sus logros y aportes a nivel social y político, él era una persona buena, amable, cercana, cariñosa y con muy buen sentido del humor. Siempre que se estaba con él uno sonreía y reía.

Quiero resaltar, por sobre todas las cosas, que fue un hombre tolerante hacia todos y siempre buscó la coherencia tanto en sus actos como en sus palabras. Lamentablemente no todos supieron entenderlo y respetarlo.

Tal como lo dijo el Presidente Sanguinetti al definir a Hugo Batalla en su sepelio, era "un hombre al cual el corazón le impregnó la razón, el sentido de la vida, la actitud ante sus semejantes, el espíritu que lo animó cada día para salir con su clásico optimismo y su sonrisa jovial a trabajar, a servir, a ayudar. Fue su corazón una fuente ilimitada de bienes. Y no fue simplemente un sentimiento que se agotaba en sí mismo, sino el sentimiento fecundo que se hace un proyecto de vida."

Se volcó por completo cada día a dar lo mejor de sí para los demás, especialmente los jóvenes. Él decía que los jóvenes no eran el futuro sino el presente. Buscó siempre el cambio siendo un constante innovador en todos los ámbitos de su vida pero especialmente en la política, buscando poner a nuestro país a la vanguardia. Un verdadero Batllista, comprometido con las causas sociales, adelantándose a ellas, para poder ayudar a los que más lo necesitaban.

Nunca se dejó guiar por los aplausos o adulaciones. Su Norte siempre fueron sus ideales, sus valores y su familia. No siempre fue comprendido, pero él se mantuvo firme y tranquilo de saber que cumplía con su deber y su conciencia.

Su serenidad, su sonrisa, su picardía y sus chistes oportunos hacían que estar con él fuera un verdadero disfrute y privilegio. Compartiendo generosamente su conocimiento y experiencia. Nunca hizo alarde de su posición o investidura. Por el contrario, quienes lo conocimos siendo Vicepresidente debíamos pellizcarnos para recordar que quien teníamos enfrente no era un ciudadano común. Su sencillez y humanidad fueron una constante en su vida.

Recordamos a Hugo como un hombre de paz, demócrata y republicano. Un verdadero caballero de los que hoy hacen mucha falta. Una persona noble, sencilla, humana, trabajadora y abocada a los más necesitados. Siempre con una mano tendida.

Yo lo recordaré siempre como ese "Abuelo Bueno" que pude conocer en la esfera íntima. Alguien que siendo Vicepresidente me recibió en su casa un sábado al mediodía para compartir con su esposa, hija, yerno y nietos unos capelletis a la carusso. Privilegio y honor que agradeceré por siempre.




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