Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

Radicalismo, intolerancia, racismo

Por Julio María Sanguinetti

Cuando al Profesor Alberto Spektorowski le invitaron a un seminario sobre laicidad en la Universidad de la República, se preguntó, sorprendido, el porqué de ese tema. ¿No es que la laicidad es parte del ADN republicano del Uruguay, algo asumido y sin debates? Como uruguayo judío e israelí, pensaba como se crió, en el Uruguay batllista en que le tocó nacer. Hoy, con un enfrentamiento existencial entre nuestra civilización judeo-cristiana-greco-romana y la musulmana, razonaba en términos de choque religioso. Como lo sufre hoy toda Europa.

Los hechos, amargamente, le mostraron que el tema laicidad, tolerancia, respeto a la opinión ajena e igualdad en derechos humanos, todavía impone soplar su llama para que no se apague: aún en nuestro país, muchas veces sin advertirlo, actores de la vida pública y sin duda en la vida privada actúan sin respeto para esos valores sustantivos de la República. Con una variante fundamental: el debate ya no es solo Estado laico vs religiones sino Estado laico vs intolerantes de la vida pública, dispuestos a arremeter contra la neutralidad del Estado sea en temas religiosos como en asuntos políticos, filosóficos o aun de derechos humanos.

Ya habíamos visto un fogonazo preocupante en la manifestación del Día de la Mujer, el 8 de marzo, cuando un grupo de activistas feministas agitaron ante la multitud un muñeco monstruoso, con colmillos salientes, en un rostro en que se estampaba una estrella de David. El Instituto Nacional de Derechos Humanos expresó su repudio y la generalidad de la opinión pública también lo hizo. Dijeron algunas organizaciones feministas que no era todo el feminismo sino solo un grupo, etcéteras, etcétera... Pero el hecho ocurrió y no debía ser soslayado. Los discursos de odio nunca son inocuos.

Este mes, ocurre el episodio con el Profesor Spektorowski a quien un grupo estudiantil de la Facultad de Humanidades pretende "cancelarlo" por "sionista" y "apologético de Israel". En una palabra, ser defensor de la existencia de un Estado judío le inhabilitaría para actuar, como académico, en un semanario sobre laicidad en nuestra Universidad de la República. Fue tanta la virulencia de los intolerantes que el seminario se postergó. Ante el hecho, el diputado Schipani reclamó la presencia del Rector en el Parlamento donde felizmente la autoridad universitaria expresó su rechazo categórico a la acusación, informó de que ponía en marcha una investigación sumaria y anunciaba que el seminario oportunamente se haría de todos modos.

Este nuevo hecho fue realmente muy grave. En buena hora el Partido Colorado realizó una mesa redonda, que moderamos, con el profesor agraviado y los Dres. Hebert Gatto y Ope Pasquet, especialistas en el tema. Allí el visitante trazó el panorama del crecimiento del radicalismo intolerante y el antisemitismo en Europa. Nosotros subrayamos como crecían las derechas extremas por su oposición a la inmigración, acorralando a los viejos partidos liberales conservadores, mientras que las izquierdas democráticas se veían atropelladas por estos radicalismos identitarios que en nombre de su trasnochado antiyanquismo se deslizaban al antisemitismo, a la aceptación de nacionalismos agresivos como el de Putin y hasta el reconocimiento de organizaciones terroristas raigalmente antidemocráticas. Ahora resulta que el prejuicio antisemita, histórica expresión de la derecha, resurge desde la izquierda.

Esta semana aparece otro brote: un profesor Grado 5 de la Escuelas de Bellas Artes, Carlos Musso, publica en Instagram una foto de la Directora de Cultura de nuestro Ministerio de Educación, Mariana Wainstein, con un foto y un letrero sobrepuesto: "Nazi". Se trata de una persona respetada intelectual y moralmente, que viene cumpliendo una tarea relevante. Es judía, además, por lo que el agravio multiplica su perniciosa condición. El profesor en cuestión, ha salido a aclarar que fue un "mal momento", que "ese lunes andaba mal", que su publicación estaba "fuera de lugar" y se "arrepentía" de haberlo hecho. A modo de explicación dijo que utilizó Instagram como si fuera WhatsApp, lo que ratifica su estado de confusión. Más allá de su proclamado arrepentimiento, que no resulta demasiado convincente, estamos ante otro repique de ese sentimiento que se va generalizando como un discurso de odio de raíz antisemita o antijudía si se prefiere esta expresión más precisa.

La concatenación, reiterada, de episodios, todos vinculados a la izquierda y al mundo universitario aparecen como secuelas de una oleada mundial. Son aislados, pero reiterados. La reacción de las autoridades universitarias repudiando los hechos ha sido reconfortante, también. Mucho menos lo es, en cambio, la actitud de la dirigencia frentista, que soslaya el tema y se refugia en alguna declaración sin mucha fuerza.

Estos son temas de principio. El Uruguay tiene un ADN que refleja la Constitución: todos somos iguales ante la Ley, repudiamos todas las discriminaciones, el Estado respeta todas las religiones y creencias pero es neutral frente a ellas y de ningún modo acepta que en su ámbito se realice cualquier forma de proselitismo. Que haya que reiterar todo esto, que es elemental, revela que estamos ante un problema.

Lo radicalismos extremistas van llegando también al Uruguay. Hay que ser muy claros, para cortarlos de raíz.




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