¿Qué les duele? - En defensa del Cr. Marcos Israel
Viernes 22 de mayo de 2026. Lectura: 7'
Por Jonás Bergstein
Las críticas contra Marcos Israel exceden una polémica puntual dentro de la INDDHH: exponen una forma renovada de antisemitismo que busca deslegitimar toda defensa del Estado judío bajo el ropaje de los derechos humanos.
El pasado mes de abril, organizaciones sociales varias, con el sindicato de los funcionarios de la INDDHH a la cabeza, pidieron la renuncia del Cr. Marcos Israel al Consejo Directivo de la mencionada Institución de Derechos Humanos.
Todo el asunto pudiera parecer de entidad relativa, y quizás lo sea. De hecho, hay pocas cosas novedosas en todo el episodio. Precisamente por eso es que hemos juzgado pertinente detenernos en él: porque ilustra, una vez más, acerca del antisemitismo rampante en el Uruguay de hoy, y por ende, acerca del estado de la salud mental de buena parte de nuestros queridos compatriotas.
Entremos en materia:
Los motivos o los agravios que dispararon las críticas al Cr. Marcos Israel podrían sintetizarse en tres puntos fundamentales: (1) en entrevista concedida a la prensa, el mencionado funcionario desestimó la información proveniente de Gaza, llegando a afirmar que un 99% de ella sería falsa, por provenir de un gobierno terrorista; (2) en esa misma entrevista, el mencionado directivo negó que el Estado de Israel estuviera cometiendo (o hubiera cometido) un genocidio del pueblo palestino en Gaza; y (3) la conformación de un grupo de trabajo en el seno de la institución, para estudiar el fenómeno del antisemitismo en Uruguay.
- La cuestionable veracidad de las informaciones procedentes de Gaza. Cuesta entender qué tan estrafalarias o extraordinarias pudieron haber sido las expresiones del Cr. Israel en la materia. Nada distinto a lo que hemos aprendido a lo largo de esta guerra: al decir de Lerer, el periodismo occidental, al confundir activismo con objetividad, renunció a la verdad. El reportero dejó de ser un investigador que persigue el alma de los hechos, para transformarse en un repetidor acrítico de las estadísticas inventadas por el llamado “Ministerio de Salud” de Hamás. Y aun si así no fuera, está el más elemental sentido común: a nosotros se nos hace evidente que las informaciones procedentes de una organización terrorista —Hamás— deben presumirse completamente falsas. Si una organización no vacila en quemar gente viva, en cortar testículos —a hombres igualmente vivos— o en secuestrar cadáveres, ¿por qué debiéramos aceptar por buenas las informaciones de ella procedentes? Por el contrario, la carga de la prueba debería invertirse: esas informaciones deben tenerse por falsas hasta tanto se demuestre lo contrario.
- El presunto genocidio cometido por el Estado de Israel. Como decíamos al comienzo, nada nuevo debajo del sol, sino una de las tantas muletillas de la mafia mediática contemporánea. El “libelo de sangre” del antisemitismo contemporáneo. Vayamos a los hechos. Se ha calculado que, tras la creación del Estado de Israel en 1948, los árabes entonces desplazados ascendían a un total de aprox. 711.000, a juzgar por la cifra que entonces manejaba la ONU (Cfe.: Mauricio Bergstein, ¿El Diálogo Imposible?, p. 105). Hoy, el total de la población árabe de la Franja de Gaza y de la Margen Occidental (Cisjordania/Autoridad Palestina —la terminología puede fácilmente confundirnos—), conjuntamente considerados, suma unos 5 millones (fuente: Wikipedia). ¿De qué genocidio estamos hablando? Pregunta 1: ¿alguien siquiera duda de que, si Israel efectivamente deseara eliminar a la población gazatí, ya lo habría hecho hace rato? Pregunta 2: ¿alguien conoce algún caso de genocidio en el cual el genocida previene sus próximos ataques a la víctima y la exhorta a trasladarse a otros espacios? Desde nuestro punto de vista, la sola acusación de genocidio es un agravio para todos aquellos que vivieron y sobrevivieron un genocidio de verdad; agravio que es doblemente deleznable e inmoral cuando la acusación se dirige al Estado judío, siendo que todos sabemos que justamente fueron los judíos europeos las víctimas de la Shoá, el genocidio extremo, al decir de Bernard Bruneteau. A nuestro juicio, una acusación de ese tipo sólo revela los extremos (perversos) a que puede conducir la manipulación de las palabras cuando los hombres las utilizamos al servicio de las pasiones, y cuando nos creemos libres de toda atadura ética y, por ende, exentos de toda obligación de apego a la verdad.
- La conformación del grupo de trabajo sobre antisemitismo en el seno de la Institución. Marcos Israel fue cuestionado por promover la creación de este grupo. Se adujo que, al excluir (en la integración del grupo de trabajo) a organismos críticos con las políticas del Estado de Israel, el grupo carecía de imparcialidad, a la vez que buscaba supuestamente equiparar toda crítica al Estado de Israel con actos de antisemitismo.
He aquí, a nuestro juicio, la única nota distintiva de todo el episodio. No tenemos claro qué es lo que exactamente se cuestionaba: si la propia conformación del grupo; o bien si la integración de Marcos Israel a este último; o acaso la circunstancia de que ciertos sectores de notorio sesgo antijudío no estén en él representados —nos referimos a algunos de los principales bastiones del antisemitismo en el Uruguay de hoy, como el PIT-CNT y la Coordinadora de Palestina—; o bien, tal como sospechamos, la suma de todo ello. Sea como fuere, no deja de ser sorprendente que se cuestione la mera conformación de un grupo de trabajo, cuando la misma no es más que una herramienta de uso corriente en la dinámica de la Institución. Valdría la pena indagar si en el seno de la INDDHH se registran antecedentes de otros grupos de trabajo cuya sola conformación haya sido tan cuestionada.
Empecemos por el gran olvidado de siempre: el Derecho. El propio estatuto jurídico de la Institución (Ley N.º 18.446 de 24 de diciembre de 2008) le impone indagar toda violación de derechos humanos, antisemitismo incluido; a menos que se sustente que el derecho de un judío a su dignidad no es un derecho humano o no merece tutela jurídica (criterio éste que en la era actual nadie se ha atrevido a sustentar explícitamente, salvo, por supuesto, en el Tercer Reich). De manera que, con la conformación de este grupo, la Institución no ha hecho más que actuar el Derecho y dar cumplimiento al mandato que las normas jurídicas le imponen. Circunstancia ésta que debiera aventar todo cuestionamiento, pues, tratándose de una institución pública, las tareas que la ley ha confiado a la INDDHH no son simples facultades o prerrogativas, sino más bien son lo que en Derecho se llama “poder-deber”: es decir, la Institución no sólo tiene el poder de actuar en esta materia, sino también la obligación jurídica de hacerlo.
Si lo que se cuestionaba era la integración del Cr. Marcos Israel al grupo de trabajo, la sola acusación es la mejor prueba del antisemitismo que la subyace: si se nos permite el símil, es como si un familiar de un desaparecido no pudiera integrar una comisión de víctimas de violaciones de derechos humanos en Uruguay, so pretexto de que carece de imparcialidad. (De paso, quizás tan importante como la imparcialidad es la especialidad —así surge de la ley constitutiva de la INDDHH—, esto es, la versación de la persona en el tema; en este punto, dudo que en nuestro medio haya muchos otros candidatos tan calificados para la función como el Cr. Israel). Y en cuanto a la exclusión de sectores claramente identificados con el antisemitismo, la solución nos parece del más elemental sentido común: pues lo que las críticas pretendían era un verdadero sinsentido, un absurdo a todas luces, a saber, integrar organizaciones racistas —tales como las nombradas— en un grupo de trabajo cuyo norte no es otro que el combate contra el racismo. Volviendo al mismo símil, eso que se pretendía era tanto como pretender que una comisión investigadora de los derechos humanos durante la dictadura se integrara con presuntos violadores de esos mismos derechos.
Sr. lector: a la pregunta del título —¿qué les duele?—, me temo que la respuesta es mucho más sencilla de lo que Ud. y este cronista pudiéramos pensar a primera vista: les duele Israel, les duele el Estado de Israel, les duele el Cr. Marcos Israel; en fin, les duelen los judíos.
|
|
 |
Cerrar filas con Ferrero
|
Zelmar y “El Toba” Julio María Sanguinetti
|
Bordaberry: “Las dos cosas juntas -verdad y reconciliación- son lo que Uruguay necesita”
|
Don Pepe hoy
|
Consensos en tiempos de polarización
|
Montevideo elige autoridades zonales del Partido Colorado
|
Lustemberg contra las cuerdas
|
La CSI insiste en recetas que destruyen empleo
|
El camino de la pacificación Luis Hierro López
|
Las Piedras, la verdad pendiente y la reconciliación Santiago Torres
|
Apropiación del cupo UE para miel por Argentina demuestra lo tosco del acuerdo MERCOSUR Tomás Laguna
|
El momento en que la política pierde el rumbo Juan Carlos Nogueira
|
Cuando la violencia deja de sorprender Angelina Rios
|
Laicidad: El escudo de la libertad republicana y los “mambos” del Estado Marcela Pérez Pascual
|
¿Qué les duele? - En defensa del Cr. Marcos Israel Jonás Bergstein
|
La sociedad israelí quiere a los "jaredím" fuera del próximo gobierno Edu Zamo
|
La costumbre de llegar tarde Alicia Quagliata
|
Mi fiel amigo Susana Toricez
|
Zapatero contra las cuerdas
|
Alex Saab, del corazón financiero del chavismo a la sala de interrogatorios de Miami
|
La batalla por Bolivia
|
Rusia reactiva la amenaza nuclear global
|
Frases Célebres 1081
|
Así si, Así no
|
|