Petróleo con condiciones: por qué Estados Unidos afloja la presión sobre Cuba
Viernes 27 de febrero de 2026. Lectura: 6'
En medio del colapso energético cubano y una nueva ola migratoria hacia Estados Unidos, Washington sorprendió al autorizar, bajo estrictas condiciones, la entrada de petróleo venezolano a la isla. ¿Gesto humanitario, cálculo geopolítico o ajuste táctico para evitar un desborde regional? La medida revela que la presión sobre La Habana no se levanta, pero sí se recalibra.
En un movimiento que sorprendió a buena parte del exilio cubano y a los sectores más duros del Congreso estadounidense, la administración de Estados Unidos habilitó, bajo condiciones específicas, la reventa o suministro de petróleo venezolano hacia Cuba, siempre que la operación sea gestionada por actores del sector privado y no termine bajo control directo de las estructuras estatales del régimen.
La decisión, informada por distintos medios internacionales, no implica el levantamiento del embargo ni una normalización de relaciones. Tampoco supone un cheque en blanco para La Habana. Se trata de una flexibilización puntual, con un diseño técnico que busca evitar que los recursos energéticos fortalezcan directamente al aparato político-militar del Partido Comunista.
Sin embargo, el gesto es inequívoco: Washington está dispuesto a modular la presión sobre Cuba en un momento crítico para la isla.
La situación de partida: colapso energético y crisis estructural
Cuba atraviesa su peor crisis energética en décadas. Los apagones prolongados, la caída de la generación termoeléctrica, la falta de combustible y el deterioro de la infraestructura han profundizado una emergencia económica que ya era severa.
La isla depende en gran medida del petróleo venezolano, pero la producción de PDVSA ha sido errática y las sanciones internacionales complicaron durante años la logística y los pagos. La escasez de combustible impacta no solo en el transporte y la industria, sino también en la generación eléctrica, en los hospitales y en la producción de alimentos.
El deterioro no es solo económico: es social y político. El éxodo migratorio hacia Estados Unidos se ha intensificado, configurando una de las mayores olas migratorias cubanas desde 1959. La presión demográfica en la frontera sur estadounidense se ha convertido en un problema estratégico para Washington.
En ese contexto, la autorización para permitir el flujo de petróleo venezolano —con restricciones— aparece como una válvula de alivio.
¿Qué cambió exactamente?
La flexibilización no elimina el embargo ni deroga las sanciones estructurales, como ya señalamos. Lo que se habilita es un mecanismo acotado: que petróleo venezolano pueda llegar a Cuba si la operación es gestionada por el sector privado y si el destino final no fortalece directamente al aparato estatal represivo.
En términos formales, la medida se presenta como una acción de carácter humanitario o pragmático: evitar un colapso mayor que agrave el sufrimiento de la población civil.
Pero en política internacional, ninguna decisión de este tipo es puramente humanitaria. Siempre hay cálculo estratégico.
Hipótesis sobre los motivos de Washington
1. Contención migratoria: La primera hipótesis es directa: frenar el éxodo. Un colapso energético total en Cuba implicaría más hambre, más paralización económica y, por tanto, más migración. Estados Unidos ya enfrenta tensiones políticas internas vinculadas a la frontera y no necesita un nuevo pico migratorio caribeño. Permitir un flujo mínimo de energía puede estabilizar la situación lo suficiente como para evitar un desborde.
2. Evitar un vacío geopolítico: La isla, debilitada y desesperada, podría profundizar su dependencia de Rusia, China o Irán. En un escenario de competencia global, Washington puede estar buscando impedir que Cuba quede completamente absorbida por la órbita de sus rivales estratégicos. Un alivio limitado mantiene una palanca de influencia sin ceder completamente el terreno.
3. Diferenciar Estado y sector privado: La condición de que el petróleo sea gestionado por actores privados sugiere un intento de fortalecer un espacio económico no completamente estatalizado. Desde hace años, en Cuba han emergido micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) que operan con márgenes acotados dentro del sistema socialista. Si el combustible llega a ese sector y no exclusivamente al complejo militar-empresarial, Washington podría estar apostando a estimular gradualmente una economía menos centralizada. Es una apuesta de largo plazo, pero coherente con una estrategia de erosión lenta del monopolio estatal.
4. Pragmatismo político interno: La política hacia Cuba ha oscilado históricamente entre endurecimiento y flexibilización según la administración de turno. La actual medida no representa un giro ideológico, sino una recalibración técnica. Permite mostrar sensibilidad ante la crisis humanitaria sin desmontar la arquitectura de sanciones. Es una zona intermedia: ni concesión total ni asfixia absoluta.
¿Debilitamiento del embargo o ajuste táctico?
Desde La Habana, el relato oficial intentará presentar la medida como una derrota de la política de presión estadounidense. Desde sectores más duros en Miami, se la verá como una concesión injustificada.
Pero el análisis riguroso sugiere otra cosa: no hay levantamiento del embargo ni reconocimiento político del régimen. Hay una adaptación táctica ante un escenario regional inestable.
La presión económica continúa. Las sanciones personales y financieras no han desaparecido. La estructura de restricciones sigue en pie.
Lo que cambia es el grado de asfixia.
Riesgos y límites
El principal riesgo es que el régimen logre capturar indirectamente el beneficio. En una economía fuertemente intervenida, distinguir entre sector privado y aparato estatal no siempre es sencillo. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias y conglomerados como GAESA han demostrado capacidad para absorber rentas incluso cuando formalmente no son los destinatarios directos. Si el combustible termina sosteniendo las estructuras de poder y no aliviando a la población, la medida perderá legitimidad política en Estados Unidos. El segundo riesgo es simbólico: que el alivio sea interpretado como señal de que la presión internacional puede diluirse sin reformas sustantivas en materia de libertades políticas y derechos humanos.
¿Aflojar para negociar?
Una última hipótesis es más estratégica: crear condiciones para un eventual canal de diálogo indirecto.
Washington puede estar enviando una señal: la presión no es inmutable; puede modularse si existen incentivos concretos. No es una concesión, sino una ficha en un tablero mayor.
En política internacional, el endurecimiento absoluto no siempre genera resultados. A veces se utiliza la combinación de presión y alivio selectivo para explorar márgenes de maniobra.
Y probablemente, esta “recalibración técnica” tenga algo que ver con las conversaciones informales que viene manteniendo el Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro, para una eventual transición en la isla.
Conclusión
Estados Unidos no abandonó su política de sanciones contra Cuba. Pero decidió, al menos por ahora, no empujarla al borde del colapso total.
La medida responde menos a simpatías ideológicas que a cálculo geopolítico, migratorio y estratégico. Se trata de una flexibilización controlada, diseñada para aliviar una crisis humanitaria sin fortalecer abiertamente al régimen.
Si funcionará como herramienta de estabilidad o si terminará consolidando al mismo aparato que pretende limitar, dependerá de cómo se implemente y de cuánto control real pueda ejercer Washington sobre el destino final del petróleo.
En cualquier caso, el mensaje es claro: incluso en escenarios de confrontación prolongada, la política exterior rara vez es binaria. Entre el embargo absoluto y la normalización plena existe un terreno intermedio donde se juega la diplomacia real.
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