Edición Nº 1099 - Viernes 25 de setiembre de 2026

Partidos Políticos

Viernes 13 de diciembre de 2024. Lectura: 3'

Por Leonardo Vinci

Hay que acometer con fe y con determinación grandes empresas que den una nueva y auspiciosa imagen del Uruguay. Para esa tarea, que demandará esfuerzos hercúleos, es indispensable contar con la acción de los Partidos que ofician de intermediarios entre el hombre común y quien ejerce el Gobierno. Los Partidos, por su propia integración, no responden a un interés sectorial, como sucede, por ejemplo, con las agremiaciones, sino a sectores que configuran una fuerza que responde a una tradición, a una ideología, a un concepto de la vida, a una forma de sentir el destino nacional.

Por ello, deben funcionar regularmente, deben tener sus autoridades constituidas, deben ser la expresión de la masa ciudadana que los forma adecuadamente representada. De esa manera, adquieren coherencia y cuentan con la fuerza disciplinaria que es indispensable para actuar orgánicamente, sin enfrentamientos ni escisiones que los despedazan y los tornan inoperantes. Sin Partidos que actúen como tales, ordenadamente, la democracia fracasa, porque falta quien la fecunde con el vigor que tienen las manifestaciones populares, que al fin y al cabo, son la esencia de la representatividad republicana.

Las Convenciones de la época de Batlle fueron un ejemplo, y durante su gravitación fue que el país recorrió las etapas más trascendentes de su historia. Volver a las fuentes de la soberanía a través de las organizaciones partidarias en las que vibra de inquietudes el hombre común, el hombre de la calle, es tarea inaplazable para que los Partidos Políticos estén a la altura de la tremenda responsabilidad que tienen, de sacar al Uruguay del marasmo heredado, para proyectarlo hacia el porvenir.

En tiempos difíciles, cuando se denostaba a los Partidos y a los propios políticos dijimos que frente a los denostadores, se ha señalado con toda razón que fueron ellos quienes, con su acción inteligente, sostenida, sacrificada, impulsaron al Uruguay y lo ubicaron en sitiales de vanguardia. Batlle y Ordóñez, Eduardo Acevedo, Brum, Serrato, Berreta, Luis Batlle, Mayo Gutiérrez, fueron gigantescos realizadores. Pero para que la mención no sea exclusivista, se debe agregar a quienes integraban los cuadros de la oposición y que hicieron aportes sustanciales. No puede olvidarse por ejemplo, al margen de todas las discrepancias que suscitara, la presencia fiscalizadora de Luis Alberto de Herrera; la acción de Martín C. Martínez, de Washington Beltrán, de Javier Barrios Amorín. Fueron ellos también grandes constructores. Pero por cierto que la faena de construir nuestro país no tuvo limitaciones de ningún tipo. Los constitucionalistas en el siglo pasado también hicieron su contribución valiosa.

Y no debe olvidarse la gestión parlamentaria de Zorrilla de San Martín -que además de poeta insigne fue un político- o de Dardo Regules, que dejaron huellas indelebles de preocupación por el bien público. Ni tampoco la de Emilio Frugoni, quien en medio de combates parlamentarios de tremenda aspereza, formuló trascendentes iniciativas en lo económico, social y en lo político- aunque la vertiera desde la Cátedra, la literatura o la diplomacia, pues en todos esos campos actuó con brillo, y dejó una singular estela como defensor del orden jurídico y de las libertades públicas e individuales. Y aquí en Salto, el progreso departamental no fue obra de los improvisados o de los hombres mesiánicos. La labor de Orestes Lanza y de Armando Barbieri fue la que se tradujo en la modernización de la ciudad, en el avance edilicio, en la apertura de líneas de comunicación, y que también la que dio un tinte social de honda raigambre humana a la administración municipal. En lo departamental y en lo nacional pues, fueron políticos- desde el gobierno o la oposición- quienes colocaron jalones fundamentales. Fueron los grandes realizadores en el proceso histórico quienes se han ganado sitios admirativos en el recuerdo de la comunidad.

La enseñanza de la historia es clara: no hay democracia sin Partidos, y ellos no existen sin políticos rectos, honrados y probos.



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