Parche tras parche
Viernes 21 de agosto de 2026. Lectura: 3'
Por Luis Hierro López
La marcha del gobierno sigue lenta, indecisa, transada, mientras el país necesita avanzar a otro ritmo
Por unos instantes, pareció que Alejandro Pacha Sánchez se vestía de presidente. Un día se puso un traje —aunque los portavoces oficialistas tienen siempre algún problema con las corbatas: o no las usan o los nudos quedan desarreglados— y habló de la esencialidad en el puerto, que se podría imponer a la brevedad. Preguntado si el ministro de Trabajo, Juan Castillo, aceptaría o renunciaría ante esa medida que los sindicatos no suelen aceptar, el secretario de la Presidencia fue terminante: “Ese es un problema de Juan, no del gobierno”, dijo sin dejar lugar a dudas.
Pero el tono decisorio duró poco. El ministro de Trabajo contó a la prensa que, tras esas declaraciones contundentes, Pacha Sánchez lo llamó para explicarse y para enmendar la amenaza, que podría terminar en una crisis ministerial. Paralelamente, el propio presidente Orsi intentó quitarle revoluciones al asunto, señalando que está paralizada la terminal de contenedores, pero que el puerto de granos funciona. Castillo no se quedó atrás y dijo que prefiere negociar y que no puede aplicarse la esencialidad como primera respuesta a un conflicto que recién empezaba… Lo que no dijo el ministro es que, en lo que va del año, los sindicalistas pararon el puerto ya más días y horas que en 2025, provocando un indesmentible daño al país.
La declaración de esencialidad de un servicio está prevista legalmente y el Frente Amplio no derogó esa ley. El primer gobierno de Sanguinetti, recién instalada la democracia, recurrió en varias ocasiones a ese instrumento legal ante paros que precisamente se daban en el puerto, en los cajeros del BPS, en ANCAP y también en la Asociación Española. En una ocasión se detuvo una exportación de citrus, con riesgo de pérdidas por US$80 millones. Como recordó en estos días el Dr. Renán Rodríguez, quien ejercía como subsecretario o viceministro de Trabajo y quien era el responsable de esas medidas, en todas las ocasiones se restauraron los servicios y el trabajo, sin incidentes. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) nunca observó ni cuestionó esas medidas, que estaban debidamente fundamentadas. Es una lección interesante que hoy podría tenerse en cuenta. El expresidente Tabaré Vázquez intentó aplicar la esencialidad en la enseñanza —aunque sin éxito— y el actual gobierno reconoce que ahora ese tema está “arriba de la mesa” ante la persistencia nociva de los dirigentes sindicales. Pero prefiere “negociar”… cuando en realidad lo que detiene al Poder Ejecutivo es la lucha interna entre comunistas y emepepistas.
Algo parecido pasó en la construcción: se detuvieron las obras, lo que provocó pérdidas importantes y dio una señal muy negativa a los inversores. En vez de generar un clima propicio a la creación de nuevas fuentes de trabajo, el mensaje que dieron el sector privado y el gobierno fue de omisión: el SUNCA impuso sus condiciones y obtuvo lo que reclamaba a la fuerza.
La parsimonia se traslada también a la inseguridad. Luego de anunciar que el Ministerio del Interior iba a utilizar vehículos militares en los barrios más peligrosos, el gobierno entró en una especie de pantano, dadas las discusiones internas entre los sectores frenteamplistas. Uno de esos carros circuló un día y luego fue retirado para ser arreglado. Luego de eso, se silenció el asunto —para disimular el enfrentamiento interno— y hasta hoy nadie ha visto a esos blindados en las zonas rojas.
La propuesta del gobierno sintonizaba con el reclamo popular de tomar acciones enérgicas contra el delito y proteger a las personas —las familias más humildes— que sufren los tiroteos y los asesinatos que se dan de noche y de día. Pero, otra vez, el dogmatismo del frenteamplismo se impuso: nada que se relacione con los militares será admitido.
Las discusiones internas y la falta de decisión del gobierno pueden registrarse en muchos otros casos. Es una desgracia que el país pierda tantas oportunidades y se detenga en esta especie de empate pernicioso. En vez de acelerar el ritmo, cada vez vamos más lento...
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