Otra fábrica que baja la persiana
Viernes 15 de mayo de 2026. Lectura: 3'
El cierre de la planta industrial de Darcy S.A., que dejará de producir en Uruguay para pasar a importar desde Asia, reabre el debate sobre la falta de competitividad de la economía uruguaya. Mientras se pierden empleos industriales por los altos costos locales, el PIT-CNT responde con un paro parcial y reclamos de mayor gasto público, yendo en sentido contrario a la discusión que el país sigue evitando.
El cierre de la planta industrial de Darcy S.A., histórica fabricante de ropa interior femenina y propietaria de marcas como Pimentón y Ego, vuelve a poner sobre la mesa uno de los problemas estructurales más negados del Uruguay contemporáneo: la pérdida sistemática de competitividad frente al mercado internacional, especialmente frente a Asia. La empresa dejará de producir en el país, despedirá a 34 trabajadores y pasará a importar sus productos.
No se trata de un episodio aislado ni de una simple “reconversión empresarial”. Es otra señal de un proceso de desindustrialización silenciosa que avanza mientras buena parte del sistema político y sindical sigue atrapado en recetas de hace medio siglo. Darcy S.A. explicó que los altos costos de producción en Uruguay hicieron inviable competir con la mercadería importada, particularmente la proveniente de Asia. La ecuación es brutalmente simple: producir en Uruguay cuesta demasiado.
La noticia golpea por varios frentes. Primero, por las 34 personas que pierden su fuente laboral. Segundo, porque confirma una tendencia: cada vez más empresas optan por abandonar la producción local y convertirse en importadoras. Y tercero, porque desnuda la incapacidad del país para discutir seriamente el problema del costo estructural uruguayo.
Durante años se construyó un discurso donde cualquier mención a la competitividad era presentada como una amenaza a los derechos laborales. Pero la realidad termina imponiéndose. No existe industria nacional sostenible si producir localmente resulta mucho más caro que importar desde el otro lado del mundo. Energía cara, presión tributaria elevada, rigideces laborales, costos logísticos desproporcionados y un Estado crecientemente pesado forman un cóctel que expulsa inversión y producción.
Mientras tanto, el diagnóstico del PIT-CNT parece ir exactamente en la dirección opuesta. Ante un país que pierde fábricas y empleo industrial, la central sindical resolvió convocar a un paro general parcial con movilización para el 10 de junio, reclamando, entre otras cosas, más gasto público y mayores erogaciones estatales.
La desconexión con la realidad económica resulta llamativa. En momentos en que empresas nacionales cierran porque no pueden sostener sus costos, la principal respuesta sindical consiste en reclamar medidas que inevitablemente presionan aún más sobre el gasto estatal, los impuestos y los costos generales de la economía. Es decir: exactamente los factores que contribuyen a destruir competitividad.
El problema no es solamente Darcy. El problema es un modelo. Uruguay lleva años acumulando señales de alarma: industrias que se reducen, empresas que se transforman en meras importadoras, pérdida de empleo manufacturero y una economía cada vez más dependiente de sectores primarios o servicios específicos. Pero discutir competitividad sigue siendo, para muchos actores políticos y sindicales, casi un tabú ideológico.
Lo más dramático es que los trabajadores terminan siendo las principales víctimas de esa negación. Porque cuando una empresa deja de producir localmente, los discursos no pagan salarios. Las consignas no sostienen empleos. Y los paros no revierten ecuaciones económicas inviables.
Las propias trabajadoras de Darcy, en medio de la incertidumbre, han reclamado alternativas de reconversión laboral y certezas sobre sus despidos. Pero la discusión de fondo excede ampliamente a esta empresa: ¿cómo pretende Uruguay sostener industria nacional si cada vez es más caro producir dentro de fronteras?
La respuesta no puede ser negar el problema ni multiplicar cargas sobre un aparato productivo exhausto. Porque mientras el debate ideológico sigue empantanado, las fábricas siguen cerrando. Y cada persiana que baja es también una señal de advertencia sobre el rumbo económico del país.
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