Edición Nº 1092 - Viernes 7 de agosto de 2026

¿Nos olvidamos del electorado fatigado?

Viernes 7 de agosto de 2026. Lectura: 3'

Por Julio María Sanguinetti

En momentos en que la política vuelve a concentrarse en encuestas y estrategias partidarias, Julio María Sanguinetti plantea que el verdadero debate pendiente es la reforma del calendario electoral. Advierte sobre la creciente fatiga ciudadana frente a la extensión del ciclo de elecciones y propone retomar una discusión que considera impostergable antes de que la proximidad de una nueva campaña vuelva a bloquear cualquier cambio posible.

Envueltos en el habitual electoralismo, periodistas y analistas se enredan en los vericuetos de las entrevistas y las encuestas sobre aprobación y desaprobación de los actores políticos. Mientras tanto, se ha dejado de hablar de acortar el período electoral, de asumir que el electorado ha mostrado fatigas en el largo lapso de las elecciones, desde las adelantadas internas hasta las postergadas departamentales.

Toda la dirigencia política, sin excepciones, opinó coincidentemente sobre el tema luego de cerrado el ciclo 2023-2024. Este tema es más importante y en todo caso más urgente que todo lo demás, porque la elección está lejos y esto hace que, así como las especulaciones políticas lucen extemporáneas, no así las reglas de juego. O se estudian ahora o luego será imposible, cuando el horizonte electoral se aproxime.

Nosotros lanzamos una idea, la de suprimir las elecciones internas, con su enorme desgaste, su desmesurado costo y los rescoldos de enojo que permanecen como molesto remanente en la vida de cada partido. Se trataría de ir directamente a octubre, cada partido con sus varios candidatos sumando al lema, igual que en los viejos tiempos del doble voto simultáneo. El clásico argumento en su contra era la baja representatividad del presidente, lo que se subsanaría ahora con un balotaje, al que irían los candidatos más votados de los dos lemas más votados. El Presidente tendría la fuerza de legitimidad que, como ocurre actualmente, le da el triunfo en la doble vuelta.

Reconozco que las elecciones internas tienen su tradición adentro de nuestro Partido. Estaban referidas a la Convención, a la autoridad partidaria en general más que a lo electoral nacional. La experiencia contemporánea abre otro enfoque. Antiguamente, los clubes eran los protagonistas de esos comicios. Eran organizaciones permanentes, hasta con locales propios en algunos casos. Hoy esos clubes ya no están. Aun el Frente Amplio, con su tradicional organización, posee muy pocos comités de base. Las internas actuales tratan de vertebrar un electorado mayoritariamente ajeno a la vida política de los partidos y para eso la movilización y la propaganda pasan a ser protagonistas. Hay que recurrir a los medios tradicionales y no tradicionales, a alto costo. Los resultados tampoco han sido satisfactorios, con ganadores que quedan solos y “perdedores” desalentados. Sobre todo con endeudamientos de los que poco se habla pero que envenenan la vida política, frustran tempranas vocaciones e imponen sacrificios.

Hubo algunas otras ideas, como la de simplemente acortar todos los plazos o una, bastante diferente, del Ministro de la Corte Electoral Juan Máspoli, que se mostró partidario de mantener la interna pero eliminar la doble vuelta. En la interna se elegirían candidatos únicos, que luego irían directamente a la definición presidencial, junto a la parlamentaria, habilitando la existencia de lemas accidentales.

En todo caso, me parece importante definir si se está o no en esa sintonía, porque cualquier reforma pasaría por una enmienda constitucional, sometida a plebiscito. Un plebiscito para ahorrar elecciones, pero plebiscito al fin. No es un tema sencillo, que siempre tiene el riesgo de abrir un debate al cual luego se le van colgando farolitos de todo tipo y color. Se trataría sólo de atender el tema de la mentada fatiga ciudadana y punto. Porque si el abanico se abre luego no hay modo de cerrarlo.

O nos abocamos ahora a cambiar el calendario electoral o no lamentemos luego cuando los ciudadanos nos vuelvan a decir a los políticos que ya los tenemos cansados.



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