Nos llevamos mal con el futuro
Viernes 19 de setiembre de 2025. Lectura: 2'
Por Luis Hierro López
La expresión del título es de Ricardo Pascale, en su último y casi póstumo libro «El Uruguay que nos debemos», un formidable alegato para quienes estamos comprometidos con el porvenir de nuestro país. Uruguay no tiene una estrategia de crecimiento a largo plazo, nos dice el autor, y estamos peligrosamente alejados de la economía del conocimiento y mucho más de la sociedad del conocimiento.
Con alguna tardanza, leí el libro de Pascale, que me parece absolutamente valioso por sus aportes y muy interesante por las “notas técnicas” de veintidós expertos compatriotas que enriquecen el texto. Es un libro que deberíamos leer todos, más allá de banderías, porque Pascale nos advierte sobre los trancazos y desafíos que debemos vencer, dado que “el declive de la economía industrial y la transición a la del conocimiento se da en medio de varias dificultades. Es necesario un gran esfuerzo para entender esa transición como un cambio estructural”.
Estamos ante un cambio de época y no existe ni en el gobierno ni en buena parte de la sociedad conciencia de ello. Con el crecimiento lentón de nuestro PBI estamos condenados a lo que Pascale llama “la trampa del ingreso medio”: no podemos competir internacionalmente con productos que requieren mucha mano de obra porque los salarios son relativamente altos, pero tampoco podemos competir en actividades de mayor valor agregado, porque nuestra productividad es relativamente baja. Y para zafar de ese candado se requiere creatividad, innovación, salto tecnológico.
Pascale nos indica algunos caminos posibles:
- La construcción de una economía del conocimiento comienza en la escuela y en el liceo y por la formación de un capital humano caracterizado por su disposición a aprender y a innovar;
- Una nueva y más agresiva inserción internacional, ya que los países que más han avanzado en la economía del conocimiento son los que abrieron su economía y son competitivos;
- Promoción de la investigación científica y aplicación de tecnologías de avanzada, vinculándolas a la inversión y a la ganancia. La experiencia mundial demuestra que, a través de las patentes y de otros mecanismos, el incentivo económico pasa a ser fundamental; y
- Prepararnos para recibir transferencias del conocimiento (haciendo, agrego, más acuerdos como el suspendido entre la Agencia Nacional de Investigación e Innovación con la Universidad Hebrea de Jerusalén y no cerrando las puertas), que conforman el empujón inicial de la cadena.
Estamos muy lejos de todo ello. Para mencionar quizás la principal característica de nuestra “siesta”, alcanza con recordar la reiterada resistencia política y sindical a las transformaciones educativas, una característica del Uruguay conformista que cierra los ojos y se niega a moverse hacia adelante.
Uruguay tiene tendencia a encerrarse, por temor o comodidad histórica. Hay quienes siguen invocando al “más y mejor Mercosur” sin advertir que nuestro escenario debe ser el mundo y nuestro motor, la inteligencia, porque la riqueza la genera el conocimiento.
Pascale cita una frase de Abraham Lincoln que lo dice todo: “La mejor forma de predecir el futuro es creándolo”.
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