No todo es política
Viernes 8 de agosto de 2025. Lectura: 4'
Por Julio María Sanguinetti
En este Uruguay frío, en esta su capital helada desde hace meses, donde suele decirse que no pasan cosas, bueno es decir, por lo menos desde lo personal, que sí pasan.
Además de los choques y puñaladas que vemos todas las noches en los informativos, hay cosas tan gratas como recordar los 30 años del Premio Figari, con el que el país honra la trayectoria de artistas. Fue una idea de Jorge Abbondanza ,que instaló en la inquietud de Ricardo Pascale, para que el Banco Central, que entonces presidía, se hiciera cargo del tema. Lo apoyamos con entusiasmo desde la Presidencia y así fue. Desde entonces una pléyade de los formidables artistas que tiene nuestro Uruguay desfilaron a recibir el galardón. Los dos primeros años fueron de reconocimiento para Jorge Damiani, Amalia Nieto, Clarel Neme, Juan Storm, Américo Spósito, María Freire, Manuel Pailós y Nelson Ramos. Los últimos, José Gamarra, Pilar González y Juan de Andrés. En el medio ?entre otros? figuras tan extraordinarias como Manuel Espínola Gómez, Miguel Bategazzore, Alfredo Testoni o Menchi Sábat.
El acto se cumplió en el Museo Figari, que hoy organiza el Premio y se da la coincidencia que, además, está celebrando sus 15 años de vida. Lo hace luciendo las últimas restauraciones de su hermosísima sede de la calle Juan Carlos Gómez, que así habilita sus tres pisos y refulge con la iluminación de su fachada. Quedó colgada una exposición con algunas de las últimas obras, pero todo el museo es hoy una visita reconfortante al universo de uno de los más grandes pensadores, juristas, políticos y artistas del Río de la Plata.
En este orden de la vida nacional, subrayamos que en el Museo Nacional de Artes Visuales en el Parque Rodó está una muestra del artista Carmelo Arden Quin, nacido en Rivera, destacado en Argentina y, hasta su fallecimiento, radicado en Paris , donde se le reconocía como uno de los fundadores del revolucionario Movimiento Madí. Por su parte, en el Museo Gurvich, una exposición de dibujos reunida por el arquitecto Lorente ofrece otra mirada sobre nuestro arte.
En un distinto orden de cosas, el diario “El País” inició una serie de celebraciones por los 200 años de nuestro proceso de independencia con una jornada de reflexiones sobre el pasado, el presente y el futuro del Uruguay. Nos correspondió participar en el primer rubro, con una charla compartida con la Profesora Ana Ribeiro y el Director de Patrimonio Marcel Suárez, en que abordamos el inicio del proceso de nuestra plena independencia, desde la Cruzada de los Treinta y Tres hasta la Jura de la Constitución en 1830.
Es importante que un diario haga este aporte. Fue tradicional que nuestro periodismo acercara a la gente ese mundo de la historia, del arte, de la cultura. Así lo hicieron los grandes diarios de la época de oro del periodismo, “El Día”, “La Mañana” y “El País”, el sobreviviente, que se hace ahora presente. En el medio de la baraúnda de episodios entristecedores que vive el mundo, es realmente relevante aportar una mirada histórica de sus grandes momentos, imginados como base y sustento de lo que hoy es nuestra República. Si ella es hoy reconocida y respetada por el mundo entero, no es simplemente una casualidad, sino el producto de esa larga historia que se remonta al artiguismo y culmina en ese lustro que va de 1825 a 1830.
También este 25 de agosto se celebran los 100 años de la inauguración de nuestro Palacio Legislativo, el edificio mayor de nuestra institucionalidad, el de más carga simbólica, el que se eleva a la altura de un templo laico para todo ciudadano que se precie de ser uruguayo. Leemos hoy que se ha dado alguna polémica sobre un acto conmemorativo. Esperemos que sea solo un ruido momentáneo. Es una gran ocasión para celebrar la vida parlamentaria y realizar, a lo largo del año actos, publicaciones, videos, que muestren lo que es el edificio, sus arquitectos, sus artesanos, sus escultores y lo que ha sido la vida parlamentaria que ha albergado. Es algo muy importante para reducirlo a discusiones aldeanas.
Estas celebraciones que están ocurriendo nos hablan de una sociedad que, más allá de los avatares de la vida económica y social, vive y palpita con fenómenos históricos y culturales que hacen también a su quehacer cotidiano. Son las que nos mejoran la vida. Son las que nos reconcilian con nosotros mismos, nuestras carencias y nuestros enojos.
En todo caso, no todo es política ni debe ser debate. También hay territorios de la identidad nacional, en que las distancias se acortan.
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