No cuesta mucho hacer las cosas bien
Viernes 12 de junio de 2026. Lectura: 3'
Por Luis Hierro López
La gestión de la JUTEP es expresiva de lo que ocurre con todo el gobierno.
Ha sido seria y pragmática la propuesta del diputado Conrado Rodríguez en el sentido de reformular las condiciones que deben tener los miembros de la Junta de Transparencia y Ética Pública (JUTEP), para darle a esa institución la jerarquía que corresponde. La partidización de esa dependencia pública, permitida en forma poco responsable por el gobierno, ha provocado que los custodios de los procedimientos de transparencia hayan perdido el respeto de la opinión pública y de los partidos políticos, en un proceso de debilitamiento institucional que, lamentablemente, se ha dado progresivamente en varios ámbitos del Estado.
Cuando se produjeron las denuncias contra el presidente de ASSE, Dr. Danza, tanto el gobierno como la JUTEP se abroquelaron para defender a su compañero político, sin medir el enorme daño que se le estaba haciendo a una organización que debería estar ubicada casi a nivel de la Justicia para desarrollar sus importantes funciones. Los representantes del gobierno en la JUTEP desoyeron los asesoramientos técnicos, que claramente indicaban que el Dr. Danza había cometido irregularidades al frente de ASSE —particularmente, al cobrar una partida por servicios full-time, cuando era notorio que trabajaba a la vez en el sector privado— y se aprestaron a defenderlo a cualquier precio.
El descrédito fue de tal entidad que hubo varios dirigentes políticos que cortaron por lo sano y propusieron cerrar la Junta y eliminarla, en una arremetida que todavía tiene ecos.
En cambio, el diputado Conrado Rodríguez propone, con sentido común y buen criterio legislativo, que se modifique la ley para que los integrantes de la Junta sean exmagistrados con por lo menos diez años de experiencia, con lo que se estaría evitando que respondan a mandatos partidarios como ocurrió últimamente.
Sería muy positivo que el Frente Amplio se sume a esta iniciativa, dejando de lado —aunque sea por una vez— sus intereses políticos y pensando en el interés general. Como se viene demostrando, la selección de autoridades por parte de los sectores oficiales, promoviendo a los altos cargos del Estado a “los compañeros”, ha significado un rotundo fracaso. Ya hubo varios casos estrepitosos de ministros y directores de empresas públicas que claramente no estaban capacitados para sus funciones, lo que desprestigia a la política en general y al Frente Amplio en particular. La abrupta caída en las encuestas de la imagen del gobierno y del presidente debe estar vinculada a este proceso, en el que el oficialismo entendía que tiene derecho a promover a sus amigos, aunque no pasen los mínimos filtros. No es así. Las tareas de responsabilidad deben ser cumplidas por personas con formación, decentes, dispuestas al servicio público, lo que requiere dedicación, eficiencia y seriedad.
Tampoco se trata de actuar con la espontaneidad de un vecino, nueva categoría con la que la señora Lucía Topolansky intenta justificar la polémica actuación del presidente Orsi con su camioneta. Se utiliza la expresión vecino como si ella fuera, en sí misma, un elogio, partiendo del prejuicio de que todos los vecinos son buenos. Pero ocurre que el señor Orsi no es un vecino, sino que es el presidente y debe actuar siempre con la más alta exigencia moral y técnica.
La cultura “tupa-mpp” ha significado una acentuada permisividad con actitudes incompatibles con los deberes que los funcionarios públicos deben respetar, desde los evasores consuetudinarios a los que violan las normas. Esa complicidad lleva ahora al Frente Amplio a acoger al señor Alejandro Astesiano con honores y reconocimientos... En ese mundo del revés perdemos todos, pierde el país, pierde el gobierno y pierden las instituciones, que se desvalorizan y se debilitan.
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