Edición Nº 1069 - Viernes 20 de febrero de 2026

Ni desazón ni triunfalismo: militancia

Viernes 1 de noviembre de 2024. Lectura: 3'

Por Fátima Barrutta

El domingo pasado, tuvimos muchas razones para cantar victoria.

Primero, porque los votos de los partidos coalicionistas superaron a los que obtuvo el Frente Amplio, a pesar de que varios dirigentes opositores “canchereaban” incluso con la predicción de ganar en primera vuelta.

Segundo, porque el Partido Colorado creció espectacularmente respecto a la última elección: La fórmula Ojeda-Silva, a la que se sumó Pedro Bordaberry como eficaz locomotora de votos, logró un notable crecimiento de nuestra colectividad, ubicándola en la posición de socio mayoritario del Partido Nacional.

Y tercero, particularmente para quien esto escribo significó una alegría que Tabaré Viera ingresara al Senado de la República, completando una bancada colorada compacta y de excelente nivel. La alegría en lo personal se acentúa porque dos de nuestros compañeros de la agrupación CreO (Creando Oportunidades) son suplentes de diputados electos por Montevideo del Partido Colorado: Daniel Lanata y Cristina dos Santos.

Todas estas noticias podrían hacernos caer en la comodidad del triunfalismo, pero tienen su contracara: a pesar de la mejor votación de la Coalición Republicana en primera vuelta, nuestra imposibilidad de acumular restos hizo que en los hechos, el Frente Amplio alcanzara la mayoría en el Senado y ninguno de los dos bloques la tuviera en Diputados. A esto se agrega la magra votación de los otros dos socios, Partido Independiente y Cabildo Abierto, y el lamentable ingreso al parlamento de un candidato antisistema, violento y conspiranoico, nada menos que con dos bancas.

Pero del mismo modo que no corresponde el triunfalismo, tampoco es hora de desazón: a diferencia de lo que ocurrió en 2019, los votantes colorados, blancos, independientes y cabildantes tienen ahora una fuerte identidad coalicionista, lo que hace muy poco probable que cambien su voto por el candidato opositor. Vox Populi, vox dei: en cierta forma, esta complicada correlación de fuerzas parlamentaria parece darnos el mensaje de que debemos tender puentes y evitar una confrontación permanente de suma cero. La capacidad de Álvaro Delgado y de la izquierda moderada por limar asperezas y encontrar acuerdos -muy a diferencia de la oposición siempre cerril y negadora de estos últimos años- será esencial para que el país tenga gobernabilidad y el ciclo de cambios iniciado por la Coalición en 2020 siga beneficiando a más uruguayos.

Por eso hoy no se trata de apuntar al 24 de noviembre con espíritu positivo o negativo; lo que tenemos que hacer es trabajar mucho, militar intensamente para convencer a cada votante coalicionista de que su voto debe ir a Álvaro Delgado y que ningún voto de nuestros partidos debe migrar al adversario.

Las razones sobran: ellos criticaron las decisiones que tomó el gobierno para enfrentar la pandemia, y hoy se reconoce mundialmente al país por el hermoso concepto de la libertad responsable.

Ellos juntaron firmas y votaron contra la LUC, aduciendo falsedades que fueron después desmentidas una por una. Hicieron lo mismo contra la imprescindible reforma de la seguridad social, y felizmente la inmensa mayoría ciudadana volvió a dar la espalda a su demagogia y respaldar la probidad en el manejo de los recursos públicos.

Ahora inventarán nuevos cantos de sirena, pero los colorados, blancos, independientes y cabildantes debemos mantenernos firmes en nuestra adhesión coalicionista.

Ni un voto al Frente Amplio.

En ese plano también está de más la enunciación pública de diferencias internas, como los rezongos de Pablo Mieres y Guillermo Domenech a la iniciativa de cogobierno propuesta por Ojeda.

Si antes de empezar la campaña del balotaje, los partidos coalicionistas vamos a exhibir desavenencias internas, pésimo mensaje estaremos dando a una ciudadanía que hoy pide unidad y certeza.

Por eso, echemos el resto en lo que queda de este mes para hacer lo que mejor hemos hecho a lo largo de nuestras vidas: militar por las causas que consideramos justas y por el mejor futuro para el país y su gente.



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