Más que un adiós, un hasta siempre
Viernes 29 de noviembre de 2024. Lectura: 4'
Por Fátima Barrutta
Después de todo un período de gobierno, y especialmente del último año entero poniendo razón y corazón en la militancia política, claro que es triste y frustrante ver derrumbarse nuestra ilusión de continuidad en la conducción del país.
Pero el soberano es el que manda, tanto cuando nos concede el triunfo como cuando nos castiga con la derrota.
Son horas de autocrítica, pero no de buscar culpables.
Todos dimos lo mejor de nosotros mismos por el ideal colectivo.
Aquello que salió mal servirá como experiencia y habrá que potenciar lo que salió bien.
Lo que es seguro es que no ejerceremos una oposición irresponsable; no devolveremos al adversario lo que nos retaceó en este quinquenio, porque nuestro objetivo final no es meramente retornar al poder sino asegurar el progreso del país.
El Frente Amplio sabe muy bien que allí donde proponga medidas racionales y constructivas, tendrá nuestro apoyo. Y también sabe que defenderemos al país de cualquier intento de desmontar los grandes logros de nuestra gestión.
La política económica debe seguir el camino próspero de la regla fiscal, del abatimiento de la carga tributaria sobre la clase media, de la baja de la inflación y el aumento sostenido del nivel de empleo y el salario real.
El régimen previsional puede ser perfectible, pero no a costa de dinamitar su sostenibilidad de mediano y largo plazo, con promesas demagógicas que ayudan a inclinar el voto de los indecisos pero conllevarían graves inestabilidades.
A los batllistas nos preocupa mucho, especialmente, la continuidad de la transformación educativa. Avizorar un futuro en que los gremios de la enseñanza retornen a los organismos de conducción, para trancar los cambios, y un pomposo Congreso Nacional de Educación decida medidas “con carácter vinculante”, como dice el programa del FA, es de una gravedad tal para las nuevas generaciones de uruguayos, que tendrá nuestro rechazo más absoluto.
También nos inquieta la posibilidad de retornar a una política internacional signada por el amiguismo ideológico y no por los altos intereses nacionales.
Tenemos la esperanza de que el mandatario venezolano invitado a la asunción de mando sea Edmundo González, el legítimo, y no Nicolás Maduro, dictador siniestro que enloda el alma de toda América Latina.
El 27 de octubre fue una gran noche para el Partido Colorado, al ver crecer nada menos que 4 puntos su caudal electoral en comparación con el año 2019.
Pero estos vientos de renovación se vieron opacados por la pobre performance de Cabildo Abierto y el Partido Independiente.
Especialmente grave es la situación de Cabildo, que disminuyó en una proporción solo explicable por el trasvasamiento de sus votos al Frente Amplio.
Sus legisladores y dirigentes son los primeros en repartir culpas a diestra y siniestra, sin admitir que su frágil lealtad al gobierno de Lacalle Pou incidió en su propia crisis partidaria.
Hoy estoy cerrando por un buen tiempo la etapa de expresarme a través de estas columnas, pero no dejaré por ello de seguir militando políticamente por un Partido Colorado cada día mejor y una Coalición Republicana que, ahora más que nunca, continúe defendiendo con coraje los valores de la libertad.
Hace una década que publico reflexiones semanales, tanto a través de Correo de los Viernes, como de Opinar y mis propias redes sociales.
Buscando en el origen de esta hermosa tarea, encuentro una nota de Correo de los Viernes titulada “No más silencio”, donde destacaba el reconocimiento de la Junta Departamental de Montevideo, que por entonces yo integraba, a organizaciones defensoras de los derechos de la mujer. Está fechada un 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El mismo que acabamos de celebrar de nuevo el lunes pasado. Trágicamente, los años transcurridos no han logrado el objetivo de esa efemérides: la violencia machista continúa y los consistentes esfuerzos por eliminarla siempre encuentran nuevos obstáculos.
Por eso hoy cerramos con la misma invocación con que abrimos este espacio de comunicación: “concientizar, tender puentes entre todas nosotras, para la sororidad, la paz y la no violencia”.
La lucha continúa y tendremos el temple y las ganas de seguir librándola.
Por un país para todas y todos, por un ideal batllista de libertad y republicanismo que nunca se apagará.
¡Gracias y hasta siempre!
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