Luces amarillas en la industria: cae la producción y se deterioran los indicadores de empleo
Viernes 24 de julio de 2026. Lectura: 5'
Mientras el gobierno pone el acento en que la industria todavía conserva un crecimiento acumulado en lo que va del año, los datos de mayo cuentan otra historia: cayó la producción, se redujeron las horas trabajadas y disminuyó el personal ocupado. La combinación de estos tres indicadores constituye una señal de alerta sobre la pérdida de dinamismo del aparato productivo y anticipa un escenario que exige mucho más que una lectura optimista de las estadísticas.
Los datos industriales de mayo encendieron una señal de alerta que trasciende el mero comportamiento mensual de la actividad. Si bien el gobierno destaca que el sector mantiene un crecimiento acumulado en los primeros cinco meses del año, el último registro del Instituto Nacional de Estadística muestra un deterioro simultáneo en tres variables clave: la producción cayó, se trabajaron menos horas y disminuyó la cantidad de personas ocupadas en la industria.
No se trata únicamente de un mes negativo. Lo preocupante es la combinación de esos indicadores, porque cuando una menor producción viene acompañada por menos horas trabajadas y menos empleo, la señal que reciben empresarios, trabajadores e inversores es que el aparato productivo está perdiendo dinamismo.
El Índice de Volumen Físico de la Industria Manufacturera (IVFIM) registró en mayo una caída interanual de 3,5%. Al mismo tiempo, el Índice de Horas Trabajadas descendió 6,1% y el Índice de Personal Ocupado retrocedió 2,1%. Es decir, la producción disminuyó, las empresas requirieron menos trabajo efectivo y redujeron su plantilla laboral.
Es cierto que, observado en perspectiva anual, la producción industrial todavía exhibe un saldo positivo gracias al buen desempeño registrado durante el primer trimestre. Esa es la lectura que realiza el Ministerio de Industria, Energía y Minería al destacar que el acumulado enero-mayo continúa mostrando crecimiento. Sin embargo, los datos de mayo sugieren que esa tendencia comenzó a perder fuerza y que el impulso inicial del año podría estar agotándose.
Más aún, cuando se analiza el denominado “núcleo industrial” —es decir, la industria sin considerar la refinería de ANCAP y las grandes plantas de celulosa, cuya magnitud suele distorsionar el comportamiento del resto del sector— el panorama aparece bastante más complejo.
Según el Centro de Investigaciones Económicas (Cinve), ese núcleo industrial sufrió una contracción interanual de 6,2% durante mayo, una caída considerablemente superior a la registrada por el indicador general. Esto significa que la mayor parte del tejido industrial uruguayo experimentó un deterioro más profundo que el reflejado por el índice agregado.
La diferencia no es menor. Las grandes inversiones vinculadas a la celulosa poseen una capacidad de producción que puede compensar estadísticamente el peor desempeño de decenas de industrias medianas y pequeñas. Por eso el núcleo industrial suele considerarse un mejor termómetro de la salud manufacturera del país.
El comportamiento del empleo industrial confirma esa preocupación. La reducción de 6,1% en las horas trabajadas constituye un indicador particularmente sensible porque suele anticipar decisiones empresariales de mayor ajuste. Antes de despedir personal, muchas empresas reducen horas extras, disminuyen turnos o limitan jornadas laborales. Cuando esa variable cae con fuerza, generalmente refleja un menor nivel de actividad o expectativas menos favorables para los meses siguientes.
A ello se suma la disminución del Índice de Personal Ocupado, que acumula varios años mostrando una evolución débil. Incluso en meses donde la producción aumentó, el empleo industrial continuó rezagado, lo que revela que buena parte del crecimiento reciente se explica más por ganancias de productividad que por generación de nuevos puestos de trabajo. Eso es consistente con los datos aportados por Advice, que señalan que la demanda laboral en Uruguay cierta el primer semestre de 2026 con una caída interanual del 6,5% tras los récords de 2025. Las oportunidades para jóvenes sin experiencia se redujeron un 10,2%, y el bajo dinamismo afecta principalmente a empleos de menor calificación, con sectores clave como comercio y construcción perdiendo dinamismo.
La desaceleración industrial aparece además en un contexto especialmente desafiante para la economía uruguaya. El país continúa enfrentando problemas estructurales de competitividad derivados del elevado costo logístico, la presión tributaria, el atraso cambiario y los mayores costos laborales respecto de varios competidores regionales. A ello se agrega un escenario internacional de menor crecimiento y una demanda externa que continúa mostrando signos de moderación.
Por supuesto, un único dato mensual no alcanza para afirmar un cambio definitivo de tendencia. La propia serie histórica del IVFIM presenta oscilaciones importantes entre meses debido al comportamiento de algunos sectores específicos. Pero cuando la caída de la producción coincide con un descenso significativo de las horas trabajadas y del personal ocupado, la fotografía deja de ser un simple movimiento estadístico para transformarse en una advertencia sobre el estado de la actividad manufacturera.
La industria sigue siendo uno de los principales generadores de empleo de calidad, innovación, exportaciones y valor agregado del país. Su evolución constituye uno de los mejores indicadores de la salud económica general.
Por eso, más que celebrar el crecimiento acumulado de los primeros meses del año, corresponde observar con atención las señales que dejó mayo. Porque las tendencias suelen comenzar precisamente así: con una producción que afloja, fábricas que reducen turnos y empresas que empiezan a necesitar menos trabajadores.
Las cifras todavía no permiten hablar de una crisis industrial. Pero sí justifican encender las luces amarillas antes de que la desaceleración termine consolidándose.
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