Edición Nº 1069 - Viernes 20 de febrero de 2026

Los suicidas

Viernes 20 de febrero de 2026. Lectura: 4'

Por Julio María Sanguinetti

Cuando el conflicto deja de ser una herramienta de negociación y se convierte en un fin en sí mismo, las consecuencias pueden ser devastadoras. En sectores estratégicos como el puerto y la industria láctea, la intransigencia sindical no solo compromete empresas emblemáticas como Conaprole, sino que pone en jaque empleo, producción y competitividad nacional.

En el desarrollo de cualquier actividad empresarial, la relación con su personal es fundamental. De ella dependen el entusiasmo en el trabajo, la fidelidad a la empresa, la innovación. Cuando esto se da espontáneamente, nos encontramos con un círculo virtuoso de ida y vuelta, dependiente de que las dos partes confluyan.

Este mundo ideal no es usual, pero hoy lo es en el mundo bastante más que hace ciento cincuenta años, cuando los trabajadores peleaban por la explotación de su esfuerzo en condiciones precarias. El sindicalismo ha sido un factor fundamental. Son bien conocidos los ejemplos suecos, alemanes y japoneses en la materia. Aquí, en nuestro país, hemos tenido de todo, desde los empleados de Tienda Inglesa defendiendo a su patrón ante una demanda de las oficinas impositivas hasta lo que he llamado más de una vez sindicatos “suicidas”. Los del puerto-pesca y Conaprole caen en esta definición: desapegados de todo sentido de responsabilidad por la sobrevivencia de sus empresas, viven de paro en paro generando pérdidas millonarias y poniendo en riesgo el empleo. Discuten airadamente los salarios o las condiciones de trabajo y no asumen la pérdida de empleo.

Los de la pesca y el puerto ya se sabe. Los de Conaprole se advierten menos porque la vieja y noble cooperativa, la empresa con mejor imagen del país, está allí y nos gratifica diariamente con la calidad de su leche. Detrás de este mundo rosado, sin embargo, hay una actividad con problemas. La industria láctea es un pilar fundamental, uno de los cuatro rubros mayoritarios de la exportación del país junto a la carne, la celulosa y la soja. Estamos hablando, en números gruesos, de 1300 millones de dólares, de los cuales el 70% es Conaprole, que a su vez destina a la exportación aproximadamente el 70% de su producción. O sea que es fundamental tener costos competitivos porque estamos ante una actividad que se sostiene por lo que vende al mundo.

La lechería tiene una gran tradición en el país. Es verdad que, como consecuencia de ese desafío de productividad y el rigor de su trabajo, el número de tambos viene cayendo año a año. En 2025 se perdieron 154, aunque la producción no declinó porque la productividad general mejoró y los establecimientos más grandes produjeron más.

Conaprole ha lidiado constantemente con un sindicato de nula racionalidad. Por su volumen ha podido conceder a sus trabajadores beneficios que otras empresas no han podido resistir y así, una a una, han ido cayendo. En ocasiones, esa irracionalidad se hace de una evidencia asombrosa. Pasó en CLALDY cuando se compró maquinaria nueva y el sindicato generó un conflicto porque los supervisores controlaban el rendimiento de cada máquina. En una palabra, la empresa se salvaría si se lograba más rendimiento, pero eso era mirado como la encarnación del mal.

El tema es serio. Al gobierno le cuesta moverse en ese tema, porque el propio ministro es un sindicalista que oficialmente pertenece a una secta en desaparición en el mundo, que es el comunismo… Es un dirigente de mucha experiencia, muy inteligente, pero que naturalmente mira la realidad con lentes distintos a los del ministro de Economía. Él interpreta la realidad desde una mirada de lucha de clases. No vemos que pueda ayudar mucho al gobierno en estos casos. En general sí, porque discutir con los sindicatos del comercio o aun el combativo de la construcción siempre ha estado dentro de lo tradicional. Con estos otros no. Paran y paran. No asumen que el puerto ha disminuido su actividad, que hemos perdido carga paraguaya y que sufrimos hoy una competencia tremenda de puertos argentinos modernos. Los de la leche no terminan de ver que aun Conaprole puede estar en riesgo. Tanto que hasta algunos directivos hablan de vender, o de abandonar los helados, pésima noticia para quienes desde niños mirábamos el vasito de crema como un sueño.

El gobierno no puede demorar en asumir este desafío. Hace pocos días el presidente recibió a los productores. Sabe dónde está la cuestión. No se puede seguir la rutina.

Un cierto día, hoy impensable, puede darnos la noticia de que Conaprole está en riesgo.

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