Los siete pecados capitales que no debemos cometer
Viernes 30 de octubre de 2026. Lectura: 3'
Por Dante Steffano
La remontada de Lula en la segunda vuelta brasileña, después de la victoria inicial de Flávio Bolsonaro, debería servir de advertencia al Partido Colorado y a la Coalición Republicana: ninguna elección está ganada de antemano y ninguna coalición se construye a último momento.
Desde el triunfo de Jorge Batlle en 1999, hemos acumulado experiencia en acuerdos entre partidos, cooperación parlamentaria y gobiernos de coalición. Pero hoy necesitamos algo más firme: un nuevo formato de construcción política e institucional, fruto de esa experiencia, que supere los entendimientos circunstanciales.
Giovanni Sartori y Arend Lijphart, desde perspectivas diferentes, ofrecen una reflexión pertinente. El primero ayuda a comprender que las relaciones entre partidos importan tanto como su peso electoral. El segundo destaca el valor de la negociación y de las instituciones que permiten compartir responsabilidades. Una coalición sólida requiere mucho más que sumar votos.
De cara a 2029, deberíamos evitar siete pecados capitales.
1. Creer en el candidato providencial. Un buen candidato es importante, pero no alcanza. Ningún liderazgo individual sustituye la organización, el programa y la confianza que debe construirse entre partidos y ciudadanos.
2. Confundir coalición con subordinación. Un acuerdo auténtico no puede ser impuesto por el partido que se considera mayoritario. Debe construirse con la participación efectiva de las estructuras de todos sus integrantes, respetando sus identidades y estableciendo compromisos claros y duraderos.
3. Abandonar la calle. La política exige recuperar el contacto franco con los ciudadanos: escuchar, recorrer barrios, visitar hogares y conocer de primera mano sus preocupaciones. No alcanza con interpretar encuestas o reunirse entre dirigentes.
4. Creer que la tecnología lo resuelve todo. Las redes sociales y las plataformas digitales son herramientas imprescindibles, pero no sustituyen el encuentro humano. La política también se construye con sentimientos, confianza, esperanza y cercanía. Detrás de cada voto hay una persona, no solamente un dato.
5. Improvisar los equipos de gobierno. Gobernar exige cuadros preparados, conocimiento del Estado y capacidad de gestión. Los equipos deben formarse y trabajar conjuntamente con años de anticipación. No se improvisan cuando se aproxima una elección ni se construyen únicamente distribuyendo cargos.
6. Creerse ganadores. La arrogancia, los aires de superioridad y la convicción de tener siempre razón son enemigos de cualquier acuerdo. Incluso contar con el mejor candidato no es condición suficiente para ganar una elección. Mucho menos si esa fortaleza conduce a subestimar a los adversarios, ignorar a los socios o dejar de escuchar a la ciudadanía. Una coalición exige humildad, respeto y conciencia de que nadie gana solo.
7. Dormirse. Quizás sea el más peligroso de todos. Creer que hay tiempo, postergar decisiones y confiar en que las circunstancias terminarán resolviendo las dificultades. La construcción de una coalición requiere trabajo permanente, conducción, evaluación y capacidad de anticipación.
La Coalición Republicana tiene por delante el desafío de transformar la experiencia acumulada en una nueva etapa de madurez institucional. No basta con acordar una candidatura o elaborar un programa a último momento. Es necesario construir una organización política capaz de sostener acuerdos, preparar equipos y asumir responsabilidades compartidas.
Esta reflexión no debería limitarse a las elecciones nacionales de 2029. Es igualmente válida para el ámbito departamental, donde las realidades locales, los liderazgos y las identidades partidarias requieren una atención particular.
Brasil nos deja, además, una advertencia que merece atención. Lula y sus aliados desarrollaron una intensa movilización política, con participación de organizaciones sociales, presencia en las calles y actividad en las plataformas digitales. Su remontada no puede explicarse por un solo factor, pero demuestra que la competencia electoral permanece abierta hasta el final y que ninguna ventaja autoriza a bajar los brazos.
Las coaliciones duraderas necesitan confianza, reglas compartidas, acuerdos sólidos y capacidad de negociación. Nada de eso se improvisa.
Entonces, ¿qué estamos haciendo hoy, concretamente, para construir una verdadera Coalición Republicana? ¿Estamos trabajando en sus acuerdos, sus equipos y su presencia en la sociedad, o simplemente esperando que llegue el momento de elegir un candidato?
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