Edición Nº 1084 - Viernes 12 de junio de 2026

Los pequeños fascistas

Viernes 6 de setiembre de 2024. Lectura: 3'

Por Julio María Sanguinetti

Ni una democracia sólida como la nuestra está totalmente inmunizada contra el brote fascista. No son muchos, sí, pero sacuden fuerte la conciencia republicana. Sobre todo por su reiteración.

Hace pocos días, el Presidente de la República fue insultado por un grupo de desaforados estudiantes y funcionarios de la Facultad de Medicina, cuando salía de la inauguración del Laboratorio del Programa de Alimentos y Salud Humana. Fueron pertinaces y soeces. Naturalmente, tanto el Presidente de la Academia de Ciencias, Rafael Radi, que estuvo presente, como el Decano Arturo Briva, fueron claros en repudiar el episodio y pedir disculpas al primer magistrado.

El Presidente, con mucha serenidad, expresó que por cierto le disgustaba el brote intolerante, pero que en nuestro país cualquiera “dice lo que se le canta, sabiendo que no va a ser perseguido, no va a ser anotado, no se le va a buscar el nombre ni se lo va a cancelar”.

Entendemos y valoramos la actitud presidencial, por su afán de no encender más pasiones, pero es bastante discutible que estos episodios puedan quedar así. La rebeldía juvenil es histórica y bienvenida, pero cuando en un país republicano se agravia a un magistrado elegido libremente por el pueblo, estamos entrando en otra dimensión. Es el desprecio a la institucionalidad. Brota, además, un odio inexplicable, solo entendible como consecuencia de esa insidiosa prédica de tantos años calificando de vendido al imperialismo a todo aquel que no comulgue con las corrientes de izquierda.

Felizmente, en otro caso de intolerancia en el ámbito universitario, ha habido un aleccionador pronunciamiento judicial. Nos referimos al inverosímil ataque del profesor de la Escuela de Bellas Artes, Carlos Musso contra la Directora de Cultura del Ministerio de Educación, Mariana Wainstein. En sus redes publicó su foto estampándole el calificativo de nazi, doble agravio tratándose de una uruguaya de origen judío y clara tradición democrática. El iracundo difamador luego se disculpó, pero la denuncia igualmente se hizo y ahora la justicia ha procesado a Musso por injuria en concurso con un delito de incitación al odio. Es tranquilizador este fallo, porque pone las cosas en su sitio. No se trataba de un arrebato momentáneo sino de un señor que procuró una foto, intervino una imagen, estampó una leyenda injuriosa y armó luego un posteo. No es simplemente “un mal momento”. Fue algo deliberado y ha sido saludable que se hiciera la denuncia y la justicia interviniera.

No olvidamos otra situación que, también en el medio universitario de la Facultad de Humanidades, se dio allá por mayo, cuando un grupo gremialista logró que se postergara un seminario sobre “La laicidad como problema: su historia y sus fuentes” por haberse contratado a un eminente profesor israelí como docente invitado. Se trataba del Profesor Alberto Spektorowski, al que se acusaba de “sionista” y “apologista del genocidio”, asumiendo que ser partidario de la existencia de Israel (que eso es lo que significa ser “sionista”) fuera una suerte de maldición. El Rector Rodrigo Arim y el Decano Pablo Martinis fueron convocados al Parlamento a dar explicaciones y naturalmente sostuvieron la buena tesis. Simplemente señalaron que “la postergación” había sido al solo efecto de evitar mayores problemas, pero la verdad es que no se ha oído más que se convocara el seminario y que el profesor “cancelado” volviera a ser habilitado para nuestra Universidad.

Como se advierte, en el ambiente de nuestra Universidad flota un ambiente proclive a estos desbordes. Quienes somos hijos de ella y por experiencia propia tenemos clara conciencia de los debates airados propios de la juventud, no dejamos de levantar nuestra voz ante la injuria, ante la revelación de un estado de ánimo discriminatorio, de clara entonación antijudía. Ese es el punto. No son hechos aislados ni triviales. Se mantiene vivo un prejuicio y se cultiva el odio. Ver a esos muchachos encendidos, gritando desaforados, entristecía. Como entristecen estos otros episodios degradantes.

Son pequeños fascistas que probablemente ni se den cuenta de que lo son.



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