Edición Nº 1101 - Viernes 9 de octubre de 2026

Los mil días desde el infierno cometido por Hamás: dolor, debate y resiliencia de Israel

Viernes 3 de julio de 2026. Lectura: 5'

Por Edu Zamo

A mil días de la masacre del 7 de octubre, Israel revive el dolor, homenajea a las víctimas y debate las decisiones que marcaron la guerra, en una sociedad donde la memoria y la resiliencia siguen definiendo el presente.

El aniversario de los 1.000 días transcurridos desde la masacre cometida el 7 de octubre de 2023 constituyó este jueves en Israel mucho más que una fecha simbólica. Representó un momento de profunda reflexión nacional, donde confluyeron el recuerdo de las víctimas, el homenaje a los soldados caídos, el dolor de las familias de los secuestrados y un intenso debate sobre las responsabilidades políticas y militares que marcaron el desarrollo de la guerra. Los principales diarios israelíes reflejaron esa realidad desde perspectivas diferentes, aunque compartiendo un denominador común: la convicción de que aquella jornada transformó para siempre la historia contemporánea del Estado y modificó la percepción de seguridad que había acompañado a varias generaciones.

En el plano conmemorativo, decenas de miles de israelíes participaron en ceremonias realizadas en distintos puntos del país. Uno de los principales espacios de memoria volvió a ser la Plaza de los Rehenes, conocida ahora como Plaza de la Memoria, en Tel Aviv, convertida desde 2023 en el principal símbolo de solidaridad con las víctimas. Allí se desarrollaron actos de recuerdo, testimonios de sobrevivientes, intervenciones de familiares y ceremonias de silencio que buscaron mantener viva la memoria de quienes fueron asesinados o permanecieron cautivos durante largos meses. Paralelamente, se realizaron homenajes en el predio del festival Nova, en Reim —al sur del país—, donde cientos de jóvenes israelíes y europeos fueron asesinados durante el ataque de Hamás. Hubo además, el jueves, manifestaciones en docenas de ciudades que combinaron el homenaje con fuertes reclamos políticos sobre la conducción de la guerra. Resulta increíble que desde la venenosa pluma de María Delgado —en un decadente pasquín uruguayo— se niegue la realidad de estos hechos, como otros niegan el Holocausto judío o el genocidio armenio. Hay nazis de izquierda y de derecha. Enfermos todos de odio.

Dolor y orgullo

El sentimiento en la sociedad israelí es una mezcla de orgullo por la resistencia nacional, dolor por las pérdidas sufridas y frustración por las oportunidades que, según amplios sectores, pudieron haberse aprovechado para rescatar antes a los rehenes. Esa combinación de emociones ha sido una constante desde el inicio del conflicto y continúa dividiendo el debate público entre quienes sostienen que la prioridad absoluta debía ser la derrota militar de Hamás y quienes consideran que la recuperación de todos los secuestrados debía ser la prioritaria en la estrategia oficial. El aniversario de los mil días volvió a poner esa discusión en el centro de la agenda pública.

Las diferencias editoriales entre los principales diarios israelíes se hicieron evidentes.

Haaretz mantuvo su tradicional postura crítica hacia el gobierno de Netanyahu, insistiendo en la necesidad de profundizar las investigaciones sobre las fallas de inteligencia y las decisiones políticas adoptadas. Sus análisis continúan señalando que la fortaleza de la democracia israelí depende de la capacidad institucional para reconocer errores, asumir responsabilidades y preservar la independencia del sistema judicial y las comisiones investigadoras.

Ynet reflejó con mayor amplitud el impacto humano del conflicto, privilegiando los testimonios de las familias, los relatos de los sobrevivientes y la evolución de la situación de los rehenes. Su cobertura ha estado orientada a reconstruir las historias personales de quienes fueron secuestrados, asesinados o lograron regresar después de meses de cautiverio, mostrando el enorme costo psicológico y social que la guerra produjo en miles de familias.

Maariv, por su parte, continuó ofreciendo un enfoque donde las cuestiones de seguridad nacional ocupan un lugar central, aunque también dio espacio al debate político y a las críticas formuladas por antiguos responsables militares sobre la conducción estratégica del conflicto. Su línea editorial refleja la coexistencia de una firme preocupación por la seguridad del Estado con una creciente demanda de transparencia respecto de las decisiones adoptadas.

El Jerusalem Post mantuvo un equilibrio entre la cobertura militar, el análisis diplomático y la dimensión internacional del conflicto, destacando tanto la necesidad de preservar la seguridad israelí como la importancia de mantener el respaldo de los aliados occidentales. Sus editoriales han insistido en que la reconstrucción de la confianza pública es el principal desafío para el liderazgo israelí, una vez concluida la etapa militar más intensa.

¿Pudieron salvarse más rehenes?

Uno de los temas de mayor repercusión pública durante la conmemoración fue la difusión de nuevas declaraciones de un alto oficial —cuyo nombre aún no trascendió— que participó en los contactos indirectos con Hamás para negociar la liberación de los secuestrados. Según él, hubo oportunidades para rescatar con vida a un mayor número de rehenes, que finalmente no prosperaron debido a decisiones del primer ministro. Estas afirmaciones reavivaron una controversia que atraviesa desde hace meses a la sociedad israelí y que enfrenta a quienes sostienen que el gobierno privilegió los objetivos militares por encima de las negociaciones humanitarias. Otros defienden que cualquier concesión excesiva habría fortalecido a Hamás y debilitado la posición estratégica de Israel. La polémica no modificó el amplio consenso existente respecto del carácter criminal de la organización responsable de la masacre, pero sí profundizó el debate sobre la forma en que debía haberse administrado la negociación para salvar más vidas.

El aniversario de los 1.000 días confirmó que la memoria colectiva del 7 de octubre continúa configurando la identidad nacional. Para la población, aquella jornada representa el ataque más grave sufrido por el pueblo judío desde la creación de Israel. El ataque fue percibido como una agresión contra la propia existencia del pueblo judío y las lecciones extraídas seguirán marcando la doctrina militar israelí durante décadas.

Las ceremonias realizadas sintetizaron esa doble dimensión de memoria y futuro. Los nombres de las víctimas, las fotografías de los secuestrados y las intervenciones de familiares recordaron que detrás de las cifras existen historias personales marcadas por el sufrimiento, mientras que los mensajes pronunciados durante la jornada insistieron en la necesidad de preservar la unidad nacional frente a las diferencias políticas. Esa convivencia entre duelo y resiliencia constituye uno de los rasgos más característicos de la sociedad israelí contemporánea.



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