Edición Nº 1074 - Viernes 27 de marzo de 2026

Los “cucos”, viejos, nuevos, eternos...

Edición Nº 1074 - Viernes 27 de marzo de 2026. Lectura: 5'

Por Julio María Sanguinetti

Hacer política sobre el miedo y desde el miedo es viejo como el mundo. “Cuidado que ahí viene el Cuco...”.

Personalmente amanecí a la vida política, cuando acababa de morir el enemigo real, demasiado real, del nazi-fascismo y se vislumbraban los albores de lo que luego se llamó “guerra fría”. Duró tiempo. Los EE. UU., legítimos vencedores de la Segunda Guerra Mundial, salvadores de la democracia, se autoerigían en policía universal de sus principios. Grandes intenciones, no siempre bien ejecutadas.

Para la derecha del mundo, el “cuco” era el comunismo y sospechoso todo aquel que, en nombre de la democracia, cuestionaba cualquiera de sus intervenciones. Nos pasó a nosotros. Cuando el golpe de Estado en Guatemala, que derrumbó el gobierno de Arbenz, con todas sus consecuencias, los batllistas militamos fuerte. Dimos asilo a Arévalo, padre del actual Presidente. Y de ahí nació “el comunismo chapa 15” que nos endilgaba Benito Nardone. Veníamos de una fuerte militancia pro-aliada en la Segunda Guerra Mundial, enfrentados al aislacionismo herrerista, que nos atribuía un yanquismo obsecuente, o sea, la inversa. Ahí vino toda la fantasía de las famosas “bases” estadounidenses que se hubieran podido instalar en Uruguay, una historia increíble que se repite sin mirar los hechos.

De a poco vendría lo contrario, cuando después de la Revolución Cubana de 1959, saludada por todos los demócratas, su evolución la llevó a la ortodoxia comunista y la protección soviética. Ahí estaba el “cuco” norteamericano, la presencia de la CIA (que es verdad estuvo en golpes como el chileno) y la locura de guerrillas como la nuestra, que trajo la violencia a una democracia pacífica. Una locura real. Lo dijo hasta el Che Guevara en el Paraninfo pero nadie lo escuchó. Ahí pasamos a ser “represores” y “fachos”.

Cuando el 7 de octubre de 2023, se produjo el ataque de Hamas, guerrilla pro-iraní, nadie dejó de repudiar el cruel episodio. Es el origen de esta guerra, aunque hoy sistemáticamente se olvida. Israel estaba en paz. Fue Irán quien empezó y fue por un motivo bien claro: impedir que Arabia Saudita se incorporara al Pacto Abraham y todo el mundo árabe quedara relacionado diplomáticamente con Israel. Una oportunidad más que histórica. El cruel atentado fue bien cruel para provocar una reacción defensiva fuerte que cumpliera ese objetivo evidente. Lo lograron, porque Israel invadió Gaza, Hamas usó escudos humanos, murieron civiles y de a poco pasó de agredido a agresor, en la prédica de esa izquierda superficial y prejuiciosa a la que solo le queda el antiyanquismo como actitud.

Es verdad que el Presidente de los EE. UU. actúa con un personalismo peligroso e irritante, con objetivos contradictorios. Pero nadie que tenga un mínimo de adhesión al republicanismo puede estar del lado de Irán. Es farsesco que las organizaciones feministas de esa izquierda sin contenido se sumen al régimen más antifemenino de los últimos 200 años. Es una teocracia del año 1.000 con mujeres uniformadas de negro, con un velo en su cabeza y en su versión extrema todas tapadas. En enero, una rebelión de origen femenino provocó una matanza de 3.000 reconocidas y 10.000 probables. Algo horroroso.

Leo articulistas que hablan de que esta guerra no se sabe a qué obedece. Es increíble. Se saltean la agresión a Israel y su motivación política. Se saltean que Irán solo ha ganado tiempo a lo largo de 20 años para llegar al armamento nuclear. Ha mentido al mundo una y otra vez y ahora es evidente que estaba llegando a ese poder. Lo comprobó la agencia especializada de los EE. UU. Su objetivo, machaconamente repetido, es destruir Israel. Lo dijeron y lo siguen diciendo. No es un “cuco” construido por nadie. Quien abra internet y busque un poco encontrará las evidencias. Pero el “cuco” yanqui renace. Ayudado, es verdad, por los modales de Trump.

El “cuco” ahora también reaparece en el tristísimo caso cubano. Es la expresión absolutamente indiscutible del fracaso del sistema marxista. El famoso “bloqueo” norteamericano nació simplemente como una prohibición comercial unilateral y nada más. Cuba podía vender y comprar al mundo. México, Venezuela y Colombia, más toda Europa, le ofrecían fácil intercomunicación. Como todo iba a mal, se disimuló por la protección de la Unión Soviética. Cuando ella faltó, apareció Venezuela con petróleo gratis. Cuando Venezuela empezó a disminuir su ayuda, todo se hizo evidente. El país estaba quebrado. Hace ya una década que empezaron los apagones. Todo esto no merece ni una brizna de duda. Hasta que reaparece “el cuco”, con las amenazas impresentables de Trump. Ya está operando abiertamente en Venezuela, sin duda para bien aunque con procedimientos horrorosos. Sus amenazas y ahora sí el “bloqueo” petrolero ponen a Cuba en la necesidad de negociar poco menos que arrodillada. Esto también es una realidad, pero por fin también la oportunidad de salir de una tiranía horrorosa, que borró del mapa toda libertad posible y además ha llevado a su pueblo a la miseria.

Que cuestionemos una intervención militar en Cuba, bien. Nos sumamos. Pero que ignoremos el fracaso absoluto, en estado de flagrancia, de la ideología marxista es impresentable. No podemos entender que gente inteligente pueda llegar a ese extremo, pero llegan.

Confiemos en que EE. UU. y China lleguen a algún acuerdo y la guerra del Medio Oriente dé paso a la oportunidad de la paz entre Israel y todo el mundo árabe, como lo reiteró anteayer el Príncipe Heredero del régimen de Arabia Saudita. Pongamos también una ficha a la esperanza de que lo de Cuba se maneje con un mínimo de ecuanimidad y ofrezca la oportunidad de que vaya saliendo del fracaso de la ideología comunista y se reencuentre, además, con una libertad política que tres generaciones no han visto. Si los EE. UU. asumieran por un rato cuánto ayudan a sus adversarios, si advirtieran que, resucitando el fantasma de sus intervenciones, solo dan armas a los que no las tienen, la política podría tener un mejor espacio para el examen racional de las situaciones.



La montaña y el ratón
Los “cucos”, viejos, nuevos, eternos...
Julio María Sanguinetti
“Pepe” Serrato
Baltasar Brum, el gesto que fundó una conciencia
Cuando la palabra se transforma en respuesta
Contra las urnas: el atajo del “diálogo” para reescribir lo ya resuelto
Gobernar también implica poner límites
Premios Artemisa: trayectorias que hacen del conocimiento y la memoria un compromiso
Cuando el dinero sucio toca la puerta
El giro “antichorro” que llega tarde
Cuatro de cada cinco candidatas en Uruguay sufrieron violencia política en 2024
Médicos en alquiler: la ficción solidaria de Cuba
Su Majestad el gasto
Luis Hierro López
¡Descarados!
Santiago Torres
Garrapata trasmisora del virus de la incompetencia
Tomás Laguna
140 años de la Revolución del Quebracho
Leonardo Vinci
La sombra del poder
Juan Carlos Nogueira
El problema no es la idea, es la realidad
Angelina Rios
La dueña de la cancha
Alicia Quagliata
Los payasos malos
Susana Toricez
Joe Kent: salto de la seguridad nacional a la conspiración
Adorni en la cornisa
Maduro en Nueva York: una causa firme, un juicio incierto
Frases Célebres 1074
Así si, Así no
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2024 Correo de los Viernes.