Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

Los aranceles de Trump irrumpen en la campaña brasileña

Viernes 17 de julio de 2026. Lectura: 5'

La imposición de un arancel del 25% por parte de Estados Unidos no sólo abre un nuevo frente comercial con Brasil: también irrumpe de lleno en la campaña presidencial. Lo que parecía una herramienta de presión económica podría terminar fortaleciendo a Lula al alimentar un reflejo nacionalista y colocar al bolsonarismo ante el incómodo dilema de elegir entre su cercanía con Donald Trump y la defensa de los intereses brasileños.

La decisión de la administración de Donald Trump de imponer un arancel adicional del 25% a una amplia gama de productos brasileños trasciende el plano estrictamente comercial. Aunque el fundamento formal es una investigación sobre supuestas prácticas comerciales desleales de Brasil, el impacto político puede ser incluso más relevante que el económico. A menos de tres meses de las elecciones presidenciales de octubre, el conflicto comercial amenaza con convertirse en uno de los principales ejes de la campaña entre Luiz Inácio “Lula” da Silva y Flávio Bolsonaro.

La paradoja es evidente: una medida concebida para presionar al gobierno brasileño podría terminar fortaleciendo precisamente al presidente al que busca debilitar.

Un arancel con fuerte contenido político

Desde el punto de vista jurídico, Washington fundamenta la decisión en la Sección 301 de la Trade Act de 1974, tras una investigación que concluyó que diversas políticas brasileñas —desde el comercio digital hasta la propiedad intelectual, la regulación ambiental y aspectos de la política anticorrupción— perjudican a las empresas estadounidenses.

Sin embargo, el contexto político resulta imposible de ignorar.

Las relaciones entre Trump y Lula vienen deteriorándose desde hace meses. La Casa Blanca acusa al gobierno brasileño de no negociar “de buena fe”, mientras Brasil interpreta la decisión como una forma de presión política en plena campaña electoral. Lula incluso ha vinculado el endurecimiento de Washington con la cercanía entre la familia Bolsonaro y la administración republicana.

No se trata, por tanto, únicamente de una disputa comercial. Se trata también de una disputa narrativa.

El “efecto bandera”

La ciencia política conoce desde hace décadas un fenómeno denominado rally around the flag: cuando un país percibe una presión externa, buena parte del electorado tiende a cerrar filas detrás de su gobierno, aun cuando mantenga diferencias con él.

Lula parece haber comprendido rápidamente esta lógica.

Su respuesta ha sido desplazar el debate desde la economía hacia la soberanía nacional. En lugar de discutir exclusivamente los efectos de los aranceles, presenta la controversia como una defensa de la dignidad de Brasil frente a una potencia extranjera.

Ese encuadre resulta especialmente eficaz porque obliga a la oposición a caminar por una cuerda muy delgada.

El dilema de Bolsonaro

Flávio Bolsonaro enfrenta un problema político complejo.

Si respalda las medidas de Trump, corre el riesgo de aparecer defendiendo intereses extranjeros frente a los productores brasileños.

Si las critica, se distancia del principal referente internacional del bolsonarismo.

Ese equilibrio es particularmente delicado porque una parte importante del electorado conservador brasileño mantiene una fuerte identificación ideológica con Donald Trump.

La consecuencia es que Bolsonaro queda parcialmente atrapado entre la lealtad política internacional y el interés económico nacional.

Diversos analistas brasileños ya señalan que esta situación podría terminar beneficiando electoralmente a Lula, precisamente porque el oficialismo logra presentarse como el único defensor inequívoco de los intereses nacionales.

¿Será realmente grave el impacto económico?

Paradójicamente, probablemente no tanto como sugieren los titulares.

Estados Unidos excluyó del nuevo arancel varios productos estratégicos para su propia economía y para las cadenas de suministro estadounidenses.

Entre las excepciones figuran productos como café, carne vacuna, componentes aeronáuticos y otros bienes considerados críticos para el mercado norteamericano.

Eso limita considerablemente el impacto macroeconómico inmediato.

Brasil, además, cuenta hoy con una estructura exportadora bastante más diversificada que hace veinte años, con China consolidada como su principal socio comercial.

Por ello, el daño económico probablemente será administrable.

Pero la política rara vez sigue la lógica de la economía.

La campaña se nacionaliza

Hasta hace pocas semanas, la elección brasileña giraba principalmente alrededor de temas internos: inflación, seguridad pública, crecimiento económico y corrupción.

Los aranceles introducen un nuevo eje: la política exterior. Y ese cambio favorece a quien ocupa la Presidencia.

El oficialismo puede convertir cada crítica estadounidense en un argumento para reforzar la idea de que Brasil necesita un liderazgo firme frente a presiones externas.

La oposición, en cambio, deberá convencer simultáneamente de dos cosas difíciles de compatibilizar:
  • que los aranceles son perjudiciales para Brasil;
  • y que la estrecha identificación de Trump con el bolsonarismo no tiene responsabilidad política alguna en esa situación.
No parece una tarea sencilla.

La respuesta brasileña

El gobierno de Lula anunció que utilizará la Ley de Reciprocidad Económica recientemente aprobada por el Congreso para responder a las medidas estadounidenses y mantiene abierta la posibilidad de acudir a la Organización Mundial del Comercio.

La estrategia busca transmitir una imagen de firmeza sin escalar inmediatamente hacia una guerra comercial de gran magnitud.

De hecho, Brasil procura evitar una confrontación que termine perjudicando más a su propio sector exportador que a Estados Unidos.

Una elección condicionada desde Washington

La experiencia internacional demuestra que las sanciones económicas rara vez producen los efectos políticos buscados por quienes las imponen.

Con frecuencia fortalecen los discursos nacionalistas del país afectado.

En Brasil puede estar ocurriendo exactamente eso.

Las últimas encuestas ya mostraban una ventaja de Lula sobre Flávio Bolsonaro antes del anuncio de los aranceles. Si el presidente consigue consolidar la percepción de que enfrenta una injerencia extranjera y que defiende la soberanía brasileña frente a Washington, el conflicto comercial podría transformarse en un inesperado activo electoral.

En definitiva, la decisión de Trump podría terminar produciendo un resultado paradójico: perjudicar comercialmente a Brasil en alguna medida, pero beneficiar políticamente al hombre al que la derecha brasileña intenta derrotar en las urnas. Sólo si los costos económicos comenzaran a sentirse con intensidad antes de octubre —algo que hoy no parece el escenario más probable debido al alcance limitado de los aranceles y las excepciones concedidas— esa dinámica podría invertirse. Por ahora, la principal batalla no se libra en las aduanas, sino en el terreno de la opinión pública.



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