Los “4 mapas” palestinos y la verdad histórica
Viernes 17 de abril de 2026. Lectura: 6'
Por Edu Zamo
Un relato ampliamente difundido sobre la evolución territorial del conflicto palestino-israelí se apoya en una secuencia de mapas que, lejos de reflejar la complejidad histórica, simplifica y distorsiona procesos clave. Este artículo revisa esa narrativa y contrasta sus omisiones con los hechos documentados.
En todo conflicto humano, sea personal o nacional, cada parte defiende lógicamente su visión. Casi nunca la verdad sale bien parada, pero existen límites. El caso del conflicto árabe-israelí es un ejemplo asombroso de cómo deformar los hechos sin el menor respeto por la verdad histórica.

Mandato Británico: abarcaba la actual Jordania, Israel y la Autonomía Palestina
Veamos los famosos “4 mapas”, exhibidos oficialmente por el propio presidente Abu Mazen. Son utilizados como material político para mostrar una versión simplificada de cómo se perdió territorio palestino frente a Israel. Sin embargo, —como demuestran historiadores y documentos oficiales—, esta secuencia oculta datos esenciales y mezcla conceptos diferentes.

Mapas de la historia según la versión árabe
El primer mapa representa el territorio total del Mandato Británico; el segundo, 1/3 del mismo, tras darle Inglaterra la independencia a Jordania en 1922; el tercero, el plan de partición de la ONU —resolución 181— de 1947; y el cuarto, las fronteras israelíes de 1948 hasta 1967. El quinto, las zonas actuales de autonomía palestina. Pero como secuencia histórica está manipulada.
Hasta 1917, toda la región era parte del Imperio Otomano, no independiente. Tras la Primera Guerra Mundial, el territorio quedó bajo el Mandato Británico, autorizado por la Liga de Naciones. Incluía lo que hoy es Israel, Cisjordania y Jordania. La superficie total era de unos 120.000 km² (2/3 del Uruguay), de los cuales 90.000 pasaron a ser Jordania en 1922, por decisión de Londres.
Históricamente, nunca en los 30.000 km² restantes existió un estado soberano llamado Palestina. El único pueblo independiente en esa zona, en distintos periodos, fueron los hebreos. Y fuera de ellos hubo imperios coloniales. Otros pueblos que habitaron también la región desaparecieron como naciones a través de los siglos.
La relación de los actuales árabes palestinos con los cananeos o filisteos es imaginación pura, lo cual no implica negarles actualmente derechos nacionales en parte del territorio.
Mandato Británico
Como explicamos, el primer mapa muestra un territorio bajo administración británica, no un estado independiente. El mismo incluía tierras donde coexistían judíos, árabes y otros grupos, sin soberanía oficial: un área colonial.
Tras 1945, los graves enfrentamientos entre ambas comunidades —los musulmanes guiados por el Muftí, ex aliado de Hitler— condujeron a Inglaterra a llevar el caso a la ONU. En 1947, la Asamblea General votó dividir el tercio restante del Mandato en dos estados: uno judío y otro árabe. Jerusalén quedaría bajo estatus internacional. Sumados ambos, alcanzaban una superficie similar a Tacuarembó, Rivera y Maldonado juntos.
El liderazgo hebreo aceptó el plan, pero el liderazgo árabe lo rechazó. Cinco ejércitos musulmanes invadieron al día siguiente la zona adjudicada a Israel. Pese a los pronósticos de militares ingleses, fueron derrotados. Las fronteras del plan (tercer mapa) nunca fueron implementadas por la invasión de 1947-48. Tras la guerra, se firmaron armisticios en 1949. La frontera de los mismos —conocida como Línea Verde— no era definitiva, sino un límite temporal de cese del fuego (cuarto mapa).
Tras la guerra, unos 750.000 musulmanes huyeron hacia los países limítrofes —no recibieron ciudadanía— y 720.000 judíos fueron expulsados de naciones árabes a Israel, que además integró a 250.000 partisanos y sobrevivientes del Holocausto. Este hecho marcó la independencia del nuevo Israel y la llamada “nakba” —catástrofe— palestina. De haber aceptado los árabes la partición, hoy celebrarían simultáneamente la independencia dos estados.
El quinto mapa indica las zonas autónomas palestinas, fijadas en los Acuerdos de Oslo (1993-95). Las negociaciones posteriores (2001 y 2008), pese a estar muy cerca de las exigencias árabes, fueron rechazadas por Abu Mazen.


Oferta israelí en 2008. Obsérvense los cambios mínimos de fronteras respecto a 1949-67.
Narrativas y paz
La historia real y la leyenda palestina tienen enormes diferencias. Se mezclan adrede conceptos diferentes: mandato colonial, plan fallido de 1947, armisticio de 1949 y arreglos parciales entre las partes. Ignorar los acuerdos de paz y tratados posteriores (paz con Egipto y Jordania, retirada de Gaza, acuerdos de Oslo) falsea la realidad política. El pueblo judío tiene derechos históricos, culturales y legales en esta tierra, reconocidos por todo el mundo democrático. Israel se creó en 1948, tras siglos de persecuciones y matanzas en Europa. Fue una necesidad legítima de seguridad y refugio. Las guerras de 1948 y 1967 fueron la defensa frente a coaliciones árabes que buscaron su destrucción. Este hecho ha impedido una solución definitiva —tan postergada— y perjudicó los anhelos de independencia palestina, que solo puede llegar mediante el diálogo.
No se puede iniciar guerras, perderlas todas y creer que igual les corresponde todo como si nada hubiera pasado.
El último plan integral de paz fue presentado durante el primer mandato de Donald Trump. Washington lo consideró un gran paso que podría ser la “última oportunidad” de los palestinos para poseer un estado al lado de Israel. En la propuesta presentada, figura la creación de un estado palestino independiente, cuya capital esté ubicada en las afueras de Jerusalén oriental. Contemplaba, además, una cesión de nuevos territorios para dicho estado, en contraparte con la anexión de otras tierras por Israel.

El detalle del nuevo mapa de paz presentado en 2020.
El plan propuso una inversión de 50.000 millones de dólares a lo largo de 10 años para desarrollar la economía palestina. Se proyectó la construcción de un túnel para conectar Gaza con los territorios cisjordanos controlados por Ramallah y que la nueva capital fuera Abu Dis, en las afueras de Jerusalén. Por otro lado, propuso la anexión a Israel del estratégico valle del río Jordán. La tendencia hoy en Israel continúa siendo aplicar el plan de Trump, pero cediendo al estado palestino la zona oriental —salvo la Ciudad Vieja amurallada— de Jerusalén. Esta oferta sería aceptable para la ciudadanía israelí —salvo la derecha radical—, pero fue rechazada por Abu Mazen. Lo que ocurre es que las autoridades que gobiernan al pueblo palestino no comprendieron aún que las oportunidades históricas no se repiten indefinidamente. En 2026, las elecciones en Israel abrirán —con la probable derrota de Netanyahu— una oportunidad de paz que los palestinos no deberán perder.
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