Edición Nº 1100 - Viernes 2 de octubre de 2026

Llamativos incidentes

Viernes 2 de octubre de 2026. Lectura: 6'

Dos episodios ocurridos con apenas tres días de diferencia, uno junto a una base aérea británica utilizada por Estados Unidos y otro a bordo de un avión que se dirigía a Israel, son investigados por posibles motivaciones terroristas. Hay hechos comprobados, hipótesis todavía abiertas y una coincidencia temporal que llama la atención.

Dos incidentes de características muy diferentes, ocurridos con apenas tres días de diferencia, han encendido las alarmas de seguridad en Gran Bretaña y Medio Oriente. No existe hasta ahora evidencia pública que permita vincularlos. Pero ambos involucran objetivos relacionados con Estados Unidos o Israel y en los dos aparece, aunque de manera diferente, la pregunta sobre una eventual conexión con Irán.

El primero ocurrió en la madrugada del domingo 27 de setiembre en las inmediaciones de RAF Fairford, una base de la Real Fuerza Aérea británica utilizada habitualmente por Estados Unidos y desde la cual han operado bombarderos norteamericanos en acciones contra Irán.

Tres camionetas fueron detectadas cerca de la instalación y cinco hombres, todos ciudadanos británicos de entre 23 y 25 años y residentes en Londres, fueron detenidos inicialmente por presuntos delitos relacionados con explosivos y posteriormente bajo sospecha de preparación de un acto terrorista.

Las primeras informaciones hicieron pensar en un posible atentado con explosivos. La investigación posterior introdujo importantes matices: no fueron encontrados explosivos en los vehículos, aunque sí gasolina. Los cinco hombres fueron liberados bajo estrictas condiciones de fianza y continúan siendo investigados.

Lejos de cerrar el episodio, sin embargo, esos datos dieron paso a nuevas interrogantes. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó que detrás del incidente estaban las “manos de un actor extranjero”. Y el primer ministro británico, Andy Burnham, fue posteriormente más lejos al señalar que existen “fuertes indicios” de que Irán desempeñó algún papel en lo ocurrido. Teherán lo niega.

La eventual conexión no sería enteramente inesperada. Fairford ha sido utilizada por Estados Unidos para operaciones contra Irán y autoridades iraníes habían advertido que las bases empleadas para ataques contra su territorio podían convertirse en objetivos.

Pero sigue faltando una pieza esencial: qué pretendían hacer exactamente los cinco hombres. La policía británica no ha establecido públicamente que fueran a cometer un atentado, ni ha explicado cuál sería el vínculo concreto entre ellos y un Estado extranjero. Incluso se investiga si pudo tratarse de una acción de reconocimiento, una prueba de las defensas de la base u otra modalidad de sabotaje.

Tres días después ocurrió un episodio todavía más dramático.

El vuelo FZ1073 de Flydubai había partido de Dubái rumbo a Tel Aviv con 174 personas a bordo, en su mayoría israelíes. Durante el vuelo, el copiloto —un ciudadano omaní— atacó y apuñaló al comandante, el indio Smit Machchhar. El avión descendió violentamente cerca de 14.000 pies en menos de treinta segundos.

Pese a sus heridas, Machchhar consiguió liberar la puerta de la cabina. Pasajeros y miembros de la tripulación ingresaron y redujeron al copiloto, mientras otros pilotos de Flydubai que viajaban a bordo consiguieron hacerse cargo de la aeronave y aterrizarla en Tabuk, Arabia Saudita. Ninguno de los 174 pasajeros murió.

La investigación intenta ahora determinar por qué lo hizo y, sobre todo, si actuó por iniciativa propia o existió alguna instigación exterior.

Las autoridades israelíes sostienen que el copiloto pretendía estrellar deliberadamente el avión. El gobierno de Emiratos Árabes Unidos abrió su propia investigación para establecer, entre otros extremos, si existió una motivación terrorista, planificación previa o instrucciones recibidas por el atacante. Arabia Saudita, donde permanece detenido, también participa de las investigaciones.

Desde que se conoció el episodio han surgido nuevos elementos sobre el atacante. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que la información preliminar indica que el copiloto omaní había atravesado un proceso de “adoctrinamiento islamista radical” y que aparentemente tenía intenciones suicidas. Fuentes israelíes sostienen además que en su actividad en redes sociales aparecieron referencias a matar judíos, un extremo cuya evidencia no ha sido divulgada públicamente.

La hipótesis israelí es, por ahora, que habría actuado solo. No existe evidencia pública de que perteneciera a una organización terrorista ni de que hubiera recibido instrucciones de un Estado extranjero.

Precisamente allí permanece una de las principales incógnitas. Netanyahu fue cuidadoso cuando se le preguntó por una eventual participación de Irán. “Es demasiado pronto para decirlo”, respondió. Y añadió: “Llegaremos al fondo de quién es este atacante, si tenía cómplices, si Irán estaba detrás”.

El presidente estadounidense, Donald Trump, también introdujo públicamente la posibilidad de una conexión iraní y advirtió sobre graves consecuencias para Teherán si llegara a comprobarse. Hasta ahora, sin embargo, ninguna evidencia conocida permite establecer esa relación.

Por ahora, no existe evidencia pública que vincule a Irán con lo sucedido en el vuelo de Flydubai. Tampoco existe evidencia conocida que relacione este episodio con el ocurrido en RAF Fairford.

Eso debe quedar claro.

Pero también resulta difícil ignorar la proximidad temporal.

En el espacio de tres días, cinco hombres fueron detenidos cerca de una base desde la cual Estados Unidos ha realizado operaciones contra Irán y cuya investigación llevó a Washington y Londres a hablar de la participación de un actor extranjero; y un copiloto atacó al comandante de un avión cargado mayoritariamente de pasajeros israelíes y aparentemente intentó provocar su caída.

A ello se suma que los episodios se producen a pocos días de un nuevo aniversario del ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, en un escenario regional en el que las amenazas, las operaciones encubiertas y la utilización de actores interpuestos forman parte habitual del conflicto.

Las coincidencias no constituyen pruebas. Pero tampoco deben convertirse, por exceso de prudencia, en hechos que se examinan como si hubieran ocurrido en compartimentos estancos.

En Fairford, el secretario de Estado de Estados Unidos afirma que hubo un actor extranjero y las autoridades británicas reconocen fuertes indicios que apuntan hacia Irán. En el vuelo de Flydubai, un copiloto presuntamente radicalizado atacó al comandante de un avión que llevaba mayoritariamente ciudadanos israelíes y, según Israel, intentó estrellarlo. Todo ocurrió en apenas tres días.

No sabemos todavía si existe alguna conexión. Puede perfectamente no existir. Pero determinarlo es precisamente una de las preguntas que deberán responder las investigaciones.

Porque cuando dos episodios de esta naturaleza ocurren casi simultáneamente, afectan intereses estadounidenses e israelíes y al menos uno de ellos presenta indicios de intervención extranjera, la cercanía temporal deja de ser un detalle menor.

Por ahora, son dos investigaciones distintas y muchas preguntas sin respuesta.

Conviene seguirlas muy de cerca.



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