Las alarmas fiscales ya se encendieron
Viernes 17 de julio de 2026. Lectura: 4'
El gobierno insiste en que su programa económico es consistente y sostenible. Sin embargo, dos advertencias independientes apuntan en la dirección contraria. El Consejo Fiscal Asesor cuestionó los supuestos sobre los que descansa el Presupuesto y Moody’s sostuvo que la consolidación fiscal prevista no alcanza para estabilizar la deuda pública. Cuando los organismos técnicos comienzan a coincidir en el diagnóstico, lo prudente es escuchar antes que descalificar.
Una de las fortalezas que Uruguay logró construir durante las últimas décadas fue la credibilidad de su política económica. Esa reputación no nació de los discursos, sino de la existencia de instituciones que permitían controlar el manejo de las cuentas públicas y de un compromiso relativamente amplio con la responsabilidad fiscal.
Precisamente por eso resulta preocupante que las principales observaciones al Presupuesto quinquenal provengan de dos actores cuya independencia difícilmente pueda ponerse en duda: el Consejo Fiscal Asesor (CFA) y la calificadora internacional Moody’s.
Lejos de tratarse de críticas opositoras o de debates ideológicos, ambas instituciones coinciden en advertir que el sendero fiscal presentado por el gobierno descansa sobre supuestos optimistas y que las medidas previstas no bastan para detener el crecimiento de la deuda pública.
Un crecimiento demasiado optimista
El informe del Consejo Fiscal Asesor reconoce algunos avances en el nuevo marco fiscal, pero introduce un conjunto de advertencias que el gobierno no debería minimizar.
La primera refiere al crecimiento económico proyectado para el quinquenio. El CFA entiende que existe incertidumbre respecto de que el Producto Interno Bruto evolucione al ritmo previsto por el Ministerio de Economía y Finanzas. Si ese crecimiento termina siendo menor, automáticamente caerá la recaudación tributaria y las metas fiscales se volverán mucho más difíciles de cumplir.
En otras palabras, buena parte del equilibrio financiero prometido depende de que la economía crezca exactamente como espera el gobierno.
Y la historia económica demuestra que construir un presupuesto sobre escenarios demasiado optimistas suele terminar obligando posteriormente a aumentar impuestos, recortar inversiones o incrementar el endeudamiento.
La deuda sigue subiendo
La segunda observación es todavía más relevante.
El Consejo Fiscal Asesor sostiene que las medidas anunciadas van en la dirección correcta para moderar los desequilibrios, pero no alcanzan para detener el crecimiento de la deuda neta sobre el PIB.
Incluso expresó preocupación por el nuevo ancla de deuda planteada por el Poder Ejecutivo, al entender que podría interpretarse como un margen adicional para seguir incrementando el endeudamiento antes que como un verdadero límite prudencial.
No es un detalle menor.
El objetivo central de cualquier regla fiscal es justamente impedir que la deuda siga creciendo hasta transformarse en un problema para las futuras administraciones.
La respuesta del gobierno
Frente a estas observaciones, el Ministerio de Economía optó por defender íntegramente sus proyecciones y cuestionar algunas de las propuestas formuladas por el Consejo Fiscal Asesor, llegando incluso a sostener que determinadas recomendaciones serían incompatibles con el marco jurídico vigente.
Es una respuesta llamativa.
Las instituciones fiscales independientes fueron creadas precisamente para introducir una mirada técnica que no dependa de las necesidades políticas del gobierno de turno. Su función consiste en señalar riesgos antes de que los problemas aparezcan.
Responder descalificando esas advertencias debilita la institucionalidad que el propio país decidió construir.
Moody’s confirma las dudas
Las observaciones del CFA podrían haber quedado como un debate técnico interno. Pero pocos días después fueron reforzadas por una voz que los mercados internacionales siguen con particular atención.
Moody’s mantuvo la calificación de Uruguay en su máximo histórico, una buena noticia que refleja la fortaleza institucional acumulada durante muchos años. Sin embargo, acompañó esa decisión con una advertencia inequívoca.
La agencia considera que la consolidación fiscal prevista es insuficiente para estabilizar la deuda y proyecta que la deuda bruta continuará aumentando durante los próximos años, superando el 65% del PIB hacia el final de la década. Además, señaló que las rigideces del gasto reducen significativamente el margen de maniobra ante eventuales shocks externos.
Conviene subrayar un aspecto importante.
Moody’s no rebajó la nota precisamente porque Uruguay conserva instituciones fuertes, acceso fluido a los mercados y una larga tradición de cumplimiento de sus obligaciones financieras.
Pero esa misma credibilidad no es un cheque en blanco.
La agencia deja claro que, si la trayectoria fiscal continúa deteriorándose, esa fortaleza institucional puede dejar de ser suficiente para sostener la actual calificación.
Un llamado de atención
El economista Aldo Lema resumió con claridad el problema al señalar que el nuevo marco fiscal incorpora avances institucionales, pero también riesgos importantes, particularmente porque el presupuesto no logra estabilizar la deuda y porque el nuevo umbral podría transmitir una señal equivocada acerca del espacio disponible para seguir incrementándola.
No se trata de sembrar alarmismo.
Uruguay no enfrenta hoy una crisis de deuda.
Lo que sí enfrenta es un creciente consenso técnico acerca de que la trayectoria fiscal proyectada resulta demasiado optimista y demasiado dependiente de supuestos favorables.
Cuando el organismo asesor creado por el propio Estado y una de las principales calificadoras internacionales coinciden en señalar prácticamente los mismos riesgos, la discusión deja de ser política para transformarse en un problema de credibilidad.
Y la credibilidad fiscal, una vez perdida, es mucho más difícil de reconstruir que de conservar.
|
|
 |
La trazabilidad no controla a los pobres: controla al Estado
|
La licuadora frentista Julio María Sanguinetti
|
Julio, el Mes de la República
|
Luis Batlle Berres, un líder popular hijo de su tiempo
|
El clima de negocios también se deteriora
|
Cuando el problema no es la comunicación
|
Cuando las advertencias convergen
|
Las alarmas fiscales ya se encendieron
|
Castillo promete jubilar antes, pero elude explicar quién pagará la cuenta
|
¿Punto final?
|
Rendición de cuentas: el otro yo del doctor Merengue Elena Grauert
|
El petróleo no va a desaparecer Fitzgerald Cantero Piali
|
Manini y el Frente Amplio: ¿afinidades inadvertidas? Juan Carlos Nogueira
|
Cuando cambian los motores, ¿cambian las tarifas? Angelina Rios
|
“No sé lo que quiero, pero lo quiero ya” Eduardo Irigoyen
|
Laicidad sin miedo: por qué el Parlamento debe invitar a León XIV Marcela Pérez Pascual
|
Copa Mundial de la FIFA 2026: hacia una mayor precisión de la reglamentación para el uso de los símbolos nacionales Gabriela y Roberto Pena Schneiter
|
Lust, Salle y la vieja estrategia de dividir para reinar Gonzalo Durañona
|
Construyendo nidos Susana Toricez
|
La campaña antiargentina
|
La inteligencia de no tocar lo que funciona
|
El Mar de Azov deja de ser un santuario: por qué los ataques ucranianos a la “flota fantasma” pueden cambiar la guerra
|
Los aranceles de Trump irrumpen en la campaña brasileña
|
Frases Célebres 1089
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|