Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

La propaganda terrorista vuelve a la Udelar, ahora con un foro a medida

Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026. Lectura: 6'

La Facultad de Psicología exhibirá la misma película vinculada a Hamás cuya proyección fue suspendida en agosto por la Facultad de Información y Comunicación. Esta vez, la actividad contará con la participación de altas autoridades universitarias y un supuesto foro de discusión en el que no aparece ninguna voz que represente una posición contrapuesta. La propaganda encuentra así un nuevo espacio, ahora revestida de legitimidad académica.

Lo que hace apenas dos meses provocó un escándalo en la Universidad de la República vuelve a presentarse, esta vez con mayor respaldo institucional. El próximo lunes 19 de octubre, la Facultad de Psicología proyectará La gran Palestina, del director mexicano Rafael Rangel, la misma película cuya exhibición en la Facultad de Información y Comunicación (FIC) fue suspendida en agosto tras las denuncias de legisladores blancos y colorados por sus vínculos con la organización terrorista Hamás.

Como advertimos entonces desde Correo de los Viernes [https://www.correodelosviernes.com.uy/La-propaganda-terrorista-no-tiene-lugar-en-la-Universidad-de-la-Republica-2026-08-14.asp], no estamos ante una simple controversia sobre la libertad de expresión ni ante el legítimo derecho de denunciar el sufrimiento de la población palestina. Estamos ante una obra cuya realización contó con la colaboración de integrantes de una organización responsable de algunas de las peores atrocidades terroristas de nuestro tiempo.

La película fue promocionada originalmente mediante un afiche que mostraba a hombres armados y encapuchados, identificados como integrantes de Hamás, presentados bajo la denominación de «combatientes de la resistencia». Lejos de tratarse de una acusación infundada, el propio director reconoció posteriormente, en una entrevista con Revista FILM [https://www.revistafilm.com/la-gran-palestina-de-rafael-rangel-y-la-noticia-deseada/], que dos de los doce fotógrafos que participaron en la realización pertenecían a Hamás. Aunque sostuvo que éstos no portaban armas y afirmó que no justificaba los ataques del 7 de octubre de 2023, confirmó expresamente esa colaboración.

El dato es sustancial. Hamás no es una organización humanitaria ni un movimiento político convencional. Es el grupo terrorista responsable de la masacre del 7 de octubre de 2023, cuando fueron asesinadas unas 1.200 personas en Israel y centenares fueron tomadas como rehenes. Presentar a sus integrantes bajo una estética de resistencia heroica implica, cuando menos, una gravísima banalización de su naturaleza y sus métodos.

Sin embargo, la presentación oficial de la Facultad de Psicología omite toda referencia a esa colaboración. Prefiere describir la película como un testimonio colectivo realizado con fotógrafos palestinos y atribuirle un carácter de «resistencia cultural» y un compromiso ético. Ninguna explicación sobre la participación reconocida de integrantes de Hamás, ninguna advertencia sobre las controversias que rodearon la obra.

Un foro donde todos miran hacia el mismo lado

Pero el episodio adquiere una dimensión todavía más preocupante cuando se examina la composición del denominado foro de discusión que seguirá a la proyección.

Según la propia convocatoria universitaria [https://www.psico.edu.uy/eventos/cine-foro-13], participarán Ahmad Salem Ahmad Al-Sweis, embajador palestino en Uruguay; Enrico Irrazábal, decano de la Facultad de Psicología; Agustín Cano, secretario técnico del Rectorado; Ana María Araújo, docente universitaria y vocera de la Coordinación por Palestina; y Gabriel Eira, profesor del Instituto de Psicología Social.

La actividad, además, está organizada conjuntamente por ese instituto universitario y la propia Coordinación por Palestina.

¿Dónde está la contraparte? ¿Dónde aparece alguien que pueda representar la perspectiva israelí, cuestionar el relato de la película, examinar críticamente sus vínculos con Hamás o aportar una interpretación diferente de los acontecimientos?

No existe ninguna voz expresamente identificada con esas posiciones entre los cinco participantes anunciados. Y, aunque no corresponde presumir que todos los académicos comparten idénticas opiniones, resulta evidente que los organizadores no se preocuparon por asegurar una representación plural de las perspectivas enfrentadas.

Un foro universitario debería servir para contrastar argumentos, discutir evidencias y someter las afirmaciones al examen crítico. Lo que aquí se anuncia tiene, por el contrario, todas las características de una actividad concebida para reforzar una determinada interpretación del conflicto, sin garantizar una verdadera contradicción intelectual.

La presencia del embajador palestino resulta perfectamente comprensible en una actividad dedicada a esa cuestión. Lo incomprensible es que no se haya considerado igualmente pertinente convocar a una voz que exponga una perspectiva diferente. Si se pretende organizar un acto de solidaridad política, corresponde presentarlo como tal. Lo que no resulta aceptable es revestirlo de la apariencia de un debate académico plural que su propia integración desmiente.

De la iniciativa estudiantil al respaldo institucional

Hay, además, una diferencia fundamental respecto del episodio de agosto. Entonces, la iniciativa había partido del Centro de Estudiantes de Información y Comunicación (Ceico), que terminó suspendiéndola. Ahora son una dependencia académica de la Facultad de Psicología y una organización militante las que promueven conjuntamente la actividad.

Y no estamos hablando de autoridades menores: participan el propio decano y el secretario técnico del Rectorado.

Su presencia no significa necesariamente que respalden cada afirmación de la película, pero otorga a la convocatoria una indudable legitimidad institucional. Por eso mismo, sus responsabilidades son mayores.

En agosto reclamábamos explicaciones sobre los mecanismos que habían permitido programar aquella exhibición. Dos meses después, lejos de haberse despejado las dudas, la misma película regresa a las instalaciones universitarias en condiciones que hacen todavía más pertinente aquel reclamo.

La autonomía universitaria, conquista fundamental de nuestra tradición democrática, protege la libertad de pensamiento, la investigación y el debate frente a las interferencias del poder político. Pero no convierte a las autoridades académicas en árbitros exentos de responsabilidad sobre las actividades que promueven ni justifica que una institución pública confunda deliberadamente el debate con la militancia.

Defender los derechos de los palestinos, denunciar el padecimiento de los civiles de Gaza o criticar severamente las decisiones del gobierno israelí son posiciones absolutamente legítimas. Nada de ello exige silenciar los crímenes de Hamás, relativizar su condición terrorista o prescindir del pluralismo cuando se convoca a una supuesta discusión académica.

La universidad pública pertenece a todos los uruguayos, no a una corriente ideológica determinada. Precisamente por eso debe extremar su cuidado cuando presta sus instalaciones, sus símbolos y el prestigio de sus autoridades a actividades sobre conflictos internacionales profundamente controvertidos.

Nadie discute que una película pueda ser examinada críticamente, incluso cuando contiene elementos propagandísticos. Lo cuestionable es organizar su exhibición sin ofrecer una instancia genuina de confrontación de perspectivas y pretender que semejante convocatoria constituye un ejercicio de pluralismo académico.

La Universidad de la República tiene derecho a debatir sobre Palestina e Israel. Tiene también el deber intelectual de distinguir entre la solidaridad con las víctimas y la legitimación de quienes practican el terrorismo.

Lo que no debería hacer es convertir sus aulas en escenarios de propaganda política bajo la apariencia de foros universitarios.

Porque, si sólo se convoca a quienes se identifican con una de las partes o no se asegura una contraparte reconocible, eso no es un foro de discusión: es un acto de afirmación ideológica con ropaje académico.



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