Edición Nº 1087 - Viernes 3 de julio de 2026

La primera infancia es el comienzo. ¿Y después?

Viernes 3 de julio de 2026. Lectura: 4'

Por Angelina Rios

La primera Rendición de Cuentas del actual gobierno pone a la infancia en el centro de la agenda. La propuesta destina nuevos recursos para fortalecer las transferencias dirigidas a los niños de cero a tres años, una decisión respaldada por la evidencia científica. Pero también invita a abrir una discusión que Uruguay no debería postergar: ¿cómo garantizar que ese esfuerzo inicial tenga continuidad durante toda la infancia y la adolescencia?

El próximo miércoles 8 la Comisión de Presupuestos integrada con la de Hacienda de la Cámara de Diputados comenzará el tratamiento de la primera Rendición de Cuentas del gobierno, al recibir al equipo económico encabezado por el ministro Gabriel Oddone.

Entre las principales prioridades que anunciaron las autoridades del Ejecutivo figura una inversión adicional estimada en 31 millones de dólares para fortalecer las políticas dirigidas a la primera infancia, que se suman a los 50 millones de dólares ya previstos en el Presupuesto Quinquenal.

La iniciativa concentra su esfuerzo en los niños de cero a tres años y, particularmente, en los llamados primeros 1.000 días de vida, considerados por la comunidad científica como una etapa decisiva para el desarrollo físico, cognitivo y emocional de las personas. Las estimaciones oficiales indican que, a partir de 2027, más de 50.000 niños y niñas serán incorporados al nuevo sistema y las transferencias para esa franja etaria aumentarán, en promedio, un 82%.

No es una decisión improvisada. El ministro de Economía, Gabriel Oddone, afirmó que “el tema infancia está en el corazón de las asignaciones presupuestales”. A su vez, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Rodrigo Arim, definió esta reforma como “la transformación más relevante del sistema de transferencias de ingresos que Uruguay está instrumentando en estas últimas dos décadas”.


La prioridad está claramente definida.

Y probablemente exista un amplio consenso en que es una buena decisión.

Invertir en los primeros años de vida significa prevenir desigualdades antes de que se consoliden. Cada peso destinado a la nutrición, la salud, la estimulación temprana y el acompañamiento familiar durante esa etapa tiene un impacto que trasciende la infancia y alcanza toda la vida de una persona.

Sin embargo, toda buena política pública también plantea una segunda pregunta.

¿Y después? Porque esos niños crecerán.

Dentro de pocos años comenzarán la escuela, enfrentarán nuevos desafíos educativos, sociales y emocionales. Más adelante llegarán la adolescencia, el riesgo de desvinculación educativa, la necesidad de acceder a oportunidades culturales, deportivas y laborales.

La pobreza también evoluciona.

No desaparece cuando un niño deja de pertenecer a la franja priorizada por una política pública. Cambian las necesidades, pero la vulnerabilidad puede seguir presente.

Las cifras oficiales muestran que la pobreza continúa afectando a más de uno de cada cuatro niños en edad escolar y adolescentes. Es decir, el desafío no termina con la primera infancia.

El propio gobierno informó que esta política tendrá una implementación gradual. Ese dato es importante porque demuestra que no se trata de una medida aislada, sino del comienzo de un proceso.

Ahora bien, todo proceso necesita una hoja de ruta.

Uruguay ha construido históricamente políticas para distintas etapas que van desde la primera infancia y la educación primaria hasta la adolescencia. Tal vez haya llegado el momento de integrarlas en una verdadera estrategia nacional de infancia que acompañe a cada niño desde su nacimiento hasta el final de la adolescencia.

Porque las necesidades cambian con la edad.

A los dos años la prioridad puede ser la nutrición y la estimulación. A los siete, una escuela que enseñe y contenga. A los doce, la permanencia educativa, la salud mental y el acceso al deporte y la cultura. A los dieciséis, evitar que la pobreza se transforme en abandono educativo, desempleo o exclusión.

Cada etapa exige respuestas diferentes. Pero todas forman parte de la misma infancia.

La primera Rendición de Cuentas del gobierno puede marcar un punto de inflexión en la lucha contra la pobreza infantil. Ojalá sea recordada no solo por haber fortalecido a la primera infancia, sino también por haber iniciado un camino que, con el tiempo, alcance a todos los niños y adolescentes que siguen creciendo en condiciones de vulnerabilidad.

Porque la primera infancia es el mejor lugar para empezar. Un país no cambia el destino de un niño en tres años. Lo cambia si es capaz de acompañarlo durante toda su infancia.



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