La infancia que creció
Viernes 16 de octubre de 2026. Lectura: 3'
Por Angelina Rios
Los niños que hace más de una década comenzaron a participar en una investigación sobre su desarrollo hoy son adolescentes. Los nuevos resultados muestran problemas de salud, desigualdades que persisten y diferencias en sus expectativas de futuro. ¿Qué ocurrió mientras crecían?
El pasado 7 de octubre, el Ministerio de Desarrollo Social presentó los resultados de la cuarta ronda de la Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud (ENDIS). El estudio, realizado en 2024, permite conocer cómo se encontraban en ese año los adolescentes que comenzaron a participar en esta investigación en 2013, cuando tenían entre cero y tres años.
En aquel momento, las preguntas estaban dirigidas principalmente a los adultos. Se buscaba conocer cómo se alimentaban esos niños, qué cuidados recibían y en qué condiciones vivían sus familias. Once años después, la investigación vuelve a encontrarse con ellos en otra etapa de sus vidas, cuando ya pueden expresar sus propias experiencias, preocupaciones y expectativas.
Los resultados ofrecen una mirada poco frecuente sobre el crecimiento de una misma generación. Y algunos datos merecen especial atención.
El 44,1% presenta sobrepeso u obesidad. El 13,5% reconoce haber dejado de comer o dormir por el tiempo que pasa en internet. Y el 10,9% registra síntomas emocionales de relevancia clínica.
Son situaciones diferentes, pero muestran algunos de los desafíos que atraviesan la adolescencia, relacionados con la salud física y emocional, los hábitos cotidianos y las nuevas formas de relacionarse con el entorno.
Sin embargo, hay dificultades que no comenzaron con las pantallas ni con esta etapa de la vida.
La encuesta revela que el 41,9% de los hogares estudiados experimenta algún grado de inseguridad alimentaria. Entre las familias de menores ingresos, esa proporción alcanza el 69,8%.
Esto significa que para muchos hogares el acceso a una alimentación suficiente y adecuada no está siempre garantizado. También recuerda que las recomendaciones sobre hábitos saludables, aunque necesarias, no pueden separarse de las posibilidades económicas de cada familia.
Las desigualdades también se reflejan en los proyectos educativos de los adolescentes. Mientras el 69,3% de quienes viven en hogares de mayores ingresos aspira a alcanzar la universidad, entre los de menores ingresos ese porcentaje desciende al 46,7%.
La diferencia no significa que unos tengan más capacidad o voluntad que otros. Tampoco permite anticipar qué decisiones tomarán dentro de algunos años. Pero muestra que las condiciones en las que se crece pueden influir en la manera de imaginar las oportunidades futuras.
Hay otro contraste revelador. Mientras el 71,3% de los adultos espera que sus hijos lleguen a la universidad, sólo el 56,7% de los adolescentes menciona esa posibilidad.
Quizá algunos estén pensando en otros caminos. Otros todavía no saben qué quieren hacer. Lo importante es que sus respuestas permiten conocer una perspectiva que no siempre ocupa un lugar central en las decisiones de los adultos.
Durante años, Uruguay ha discutido, con razón, la importancia de invertir en la primera infancia. Los primeros años son decisivos para el desarrollo. Pero las necesidades no terminan cuando un niño empieza la escuela ni cuando llega a la adolescencia.
Cambian los problemas, aparecen nuevas exigencias y se vuelven más visibles las diferencias entre quienes cuentan con mayores recursos y quienes deben enfrentar dificultades cotidianas.
La ENDIS no ofrece por sí sola todas las respuestas, pero deja planteada una responsabilidad. Si conocemos las condiciones en las que una generación nació y sabemos cómo llega a la adolescencia, tenemos mejores herramientas para identificar dónde hacen falta apoyos y qué políticas deben fortalecerse.
También nos recuerda que los adolescentes no son solamente destinatarios de decisiones tomadas por los adultos. Tienen opiniones, preocupaciones y expectativas que merecen ser consideradas.
Aquellos niños de 2013 siguieron creciendo mientras el país discutía presupuestos, prioridades y programas sociales.
Ahora tenemos información sobre cómo están.
La cuestión es qué vamos a hacer con ella.
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