Edición Nº 1103 - Viernes 23 de octubre de 2026

La enfermedad “infantil”

Viernes 8 de mayo de 2026. Lectura: 4'

Por Julio María Sanguinetti

El expresidente Julio María Sanguinetti advierte que el persistente antiyanquismo de sectores del Frente Amplio no solo desdibuja la inserción internacional del país, sino que lo empuja hacia posiciones ideológicas anacrónicas que comprometen su equilibrio diplomático, desalientan la inversión y tensionan aún más un rumbo económico ya frágil.

El Uruguay nació como república independiente en un tratado de paz en 1828, luego de pasar por la originaria soberanía española, la portuguesa, la argentina y la brasileña. La ciudad de Colonia del Sacramento se fundó en 1680, 46 años antes que Montevideo, y pasó de mano cinco veces. Con esto estamos diciendo que el tema internacional es para nuestro país esencial, integra su naturaleza, el núcleo de su vocación de permanencia.

No es entonces extraño que una visita del presidente Orsi a un portaaviones estadounidense sea motivo de polémica.

Como es notorio, el PIT-CNT y hasta ministros, como el comunista Castillo, a cargo de la cartera de Trabajo, han cuestionado al presidente, afirmando que ellos no habrían hecho esa visita. Abdala, consternado, hablaba como un doliente que acaba de perder a un familiar.

Comprendemos que el actual gobierno de EE. UU. no nos lo hace fácil a los demócratas, con sus excesos verbales y exageraciones, que lo van llevando a cometer errores. Pero EE. UU. es la mayor potencia mundial y, por su propio peso específico, la figura mayor del mundo democrático. Más allá de un gobierno, que pasará como pasan todos en la democracia, la relación con ese Estado es fundamental.

Nuestro país ha tenido, especialmente por influencia del Partido Colorado, una aproximación a los EE. UU. en la perspectiva histórica. Primero, cuando las potencias europeas amenazaban nuestra independencia en el siglo XIX. Luego, en el enfrentamiento con el fascismo, en que nuestra militancia por los Aliados chocó con el neutralismo herrerista. Más tarde, durante la Guerra Fría, cuando el mundo socialista alentó guerrillas, especialmente después de que la revolución cubana se declarara comunista.

Desde el retorno democrático se ha mantenido esa aproximación, con la novedad de que ahora el socialismo frentista abandonó oficialmente sus viejas distancias o enfrentamientos. Tanto Vázquez como Mujica visitaron Washington y el propio Vázquez recibió a George W. Bush en Anchorena, donde compartieron asado y pesca en el San Juan. Fue en 2007, y el presidente estadounidense ya había sido el invasor de Irak en nombre de “armas de destrucción masiva” que nunca aparecieron. Algo bastante más imperial que lo que hoy ocurre en Irán, donde no hay duda de que estaban armados hasta los dientes para destruir Israel. Añadamos el reconocimiento del Dr. Vázquez de haber informado al gobierno de Bush, pidiendo eventual ayuda, cuando el conflicto con Argentina por la planta de celulosa. Esto marcó ya el punto máximo de lo que era el abandono del antiyanquismo de la Guerra Fría para entrar en un período de madurez. Sin embargo, esta no ha llegado. Es un espejismo pasajero, que cada vez que aparece rápidamente se desvanece.

El Frente Amplio como partido no asume aún el cambio. Lenin hablaba de la “enfermedad infantil” del izquierdismo y ese mal afecta la visión del propio país, al cual proyectan sus utopías. En su delirio antiyanqui, terminan militando con la sangrienta teocracia iraní, la más reaccionaria y persecutoria de nuestro mundo. En enero sofocaron a sangre y fuego una protesta iniciada por las postergadas mujeres, estimándose miles de muertos. Podemos discutir decisiones de Trump (y lo hacemos), pero nunca nadie con un mínimo de sentimiento humanista puede estar del otro lado, como están. En ese desvío, también terminan alentando el antisemitismo que ha crecido en el mundo entero.

El antiyanquismo infantil los lleva a sostener causas horrorosas o hacer el ridículo con la visita del presidente Orsi al portaaviones. Es obvio que hoy Uruguay no está revistando entre los 12 países que integran el núcleo cercano al gobierno estadounidense actual. Tampoco está entre sus enemigos, pero corremos el riesgo de caer de ese lado, lo que no deja de ser peligroso. Hay que tener equilibrio. Una invitación protocolar a un portaaviones podrá no ser la más neutra del protocolo diplomático, pero no aceptarla era atravesar un umbral hacia la hostilidad. Por eso hizo bien el presidente en hacer lo que hizo. Entre otras cosas, porque además —para nuestra visión— se ha vuelto a desnudar el primitivismo ideológico que aún afecta a la mayoría del Frente Amplio, la que aún no ha reconocido el fracaso marxista en Cuba y por eso sigue soñando con peligrosas utopías anticapitalistas que solo perjudican el trabajo nacional. Basta oír los discursos del 1.º de mayo y los argumentos del “Diálogo Social” para asumirlo. No se dan cuenta de que están ahuyentando la inversión y que así el país no crece.

El gobierno retorna a una encrucijada. Se subió en buena hora al portaaviones, pero puede naufragar si se embarca con ese Diálogo Social que todavía cree que, cuando vivimos más años y mejor, podemos bajar la edad de jubilarse.



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