La doble lectura de las PISA
Viernes 11 de setiembre de 2026. Lectura: 4'
Por Julio María Sanguinetti
Salieron las pruebas PISA. Recogen los datos del año 2025 en los jóvenes de 15 años, o sea el final del ciclo básico. Las pruebas se hicieron hace un año, entre agosto y septiembre. Recogen, naturalmente, los resultados del mundo pospandemia y como consecuencia registran una caída universal. Hasta los mejores, como Japón o Taiwan, bajaron. Ni hablar de España, que muestra resultados catastróficos, los peores desde que se hacen las pruebas.
El tema está hoy en un abierto debate en el mundo entero. Y, como ocurre siempre con los números, cada cual trata de hacerles decir lo que más le conviene. Los opositores procuran mostrar la caída —fácil de exhibir en este caso— y los gobiernos procuran atenuar esa impresión.
En ese contexto, nuestro país muestra una mejoría clara en Ciencias, se mantiene en matemáticas y cayó en lectura. Estamos parejos con Chile en ciencia y matemáticas, despegados del resto. Podemos así afirmar que el país enfrentó bien la situación de la pandemia, con la “libertad responsable” del gobierno del Dr. Lacalle Pou y el Codicen que presidió Robert Silva. Todos recordamos cómo se informaba sobre este tema y cómo se hizo un enorme esfuerzo para mantener los centros de enseñanza abiertos y funcionando lo más posible, mientras la educación a distancia alcanzaba su máxima extensión.
Es la primera vez que estamos primeros en Ciencia en América Latina y ese dato es revelados porque fue el foco de estas pruebas PISA, o sea el que se evaluó con mayor amplitud. Al mismo tiempo, nos encontramos con otro dato importante: el 81% de los alumnos están en el grado que les correspondería por edad, o sea que no se registran mayores rezagos.
La mirada corta, entonces, es razonablemente satisfactoria. La “transformación educativa”, con sus tutorías y seguimientos de los alumnos, logró superar los efectos más negativos de la pandemia. En todo caso, si miramos más en detalle, el panorama es triste, porque nos está diciendo que el 58 % de nuestros adolescentes en matemática y el 43 % en lectura no alcanzaron el nivel 2, que es el mínimo para asegurar un desarrollo que permita “resolver problemas en una variedad de contextos del mundo real”.
Si vamos a una visión más larga, ya no estamos ante el mejor panorama. Si nos comparamos con las pruebas de 2006, es decir, con las de hace dos décadas, mostramos una leve tendencia de mejora en ciencias, estabilidad en lectura y una leve caída en matemática. Con los resultados de ese largo lapso salimos bien en la comparación latinoamericana, pero muy lejos de lo que son los países desarrollados, de la OCDE. Este es el tema en la sociedad del conocimiento. No es casual que los cinco mejores resultados se dan en Singapur, Taiwan, Japón, Macao y Corea. Amen de cuatro provincias de China que aparecen despegados del resto, aunque no reflejan el promedio nacional, seguramente muchísimo más bajo si se hiciera.
El tema nos interpela y desafía a todos. Si Asia hoy es la vanguardia del mundo contemporáneo es porque sus alumnos, preparados durante los últimos cincuenta años, en las universidades norteamericanas y europeas, han asumido hoy la conducción de las empresas y los laboratorios científicos. Esa es la élite, pero cuando se mira al conjunto de la sociedad, a través de estas pruebas, también están muy por delante del resto de la OCDE. O sea que son pueblos mejor educados, y todo Occidente no puede ignorar esa circunstancia; mucho menos Latinoamérica, que está aún más abajo.
No podemos resignarnos. O mejoramos estos resultados o miraremos desde lejos los avances espectaculares de este mundo, que hoy vive el asombro de incorporar a su vida diaria la inteligencia artificial. Todo está muy referido a la situación social. Es inocultable. No se trata, entonces, solamente, de más recursos para la educación, el eterno reclamo, sino de que la sociedad en su conjunto mejore a través de un crecimiento económico que sólo asoma por la vía de la inversión.
Un párrafo aparte merece la conciencia cívica sobre el tema, el estado espiritual, el ánimo con que se encara la tarea educativa. Cuando el país creció había un espíritu colectivo de superación, la convicción de que se estaba realizando la tarea más relevante del país. Se vivió así desde la obra de José Pedro y Jacobo Varela en la educación primaria, a fines del siglo XIX, hasta el impulso dado por Baltasar Brum, ya en el siglo XX, a la gratuidad de Secundaria y a su expansión. Cuando íbamos al Liceo Rodó, sólo había otros seis liceos en Montevideo. Actualmente son una cincuentena. Naturalmente, aquella era todavía una enseñanza de élite y la masificación diluyó el peso de los grandes maestros. Aun así, no hay razón para que no se pueda recuperar el espíritu de “cruzada” y allí está el fondo mismo de la cuestión. Desgraciadamente, el mayor enemigo son las gremiales empequeñecedoras, gimnastas del paro, siempre sembrando amargura, nunca mirando hacia arriba ni exhortando a mejorar. Sus temas son los privilegios sindicales, los horarios, la elección de establecimientos y los debates sobre seguridad, pero no la educación ni su mejora.
Las PISA son un espejo en el que debemos vernos como somos. No peor que antes, pero muy lejos de lucir lozanos.
|
|
 |
Terminal TCP y el diálogo como coartada
|
La doble lectura de las PISA Julio María Sanguinetti
|
Una semana colorada que vale la pena recorrer
|
Una denuncia que exige respuestas inmediatas
|
¿De qué se va a hablar el “Día de la Mujer Palestina”?
|
Casupá: CAF confirma el alto riesgo que el gobierno minimizó
|
La JUTEP sigue perdiendo crédito
|
La universidad ignota: del absurdo a la irregularidad
|
El Partido Socialista contra la modernización, una vez más
|
Por un camarero...
|
El palo en la rueda Luis Hierro López
|
El Abuso o el túnel que horadó la democracia Santiago Torres
|
Veinte años de trazabilidad individual obligatoria: entre el relato oficial y la historia completa Tomás Laguna
|
Convertir la geografía en seguridad energética Fitzgerald Cantero Piali
|
La prisión domiciliaria que la política no quiso resolver Juan Carlos Nogueira
|
Estables, ¿pero conformes? Angelina Rios
|
Mucha militancia y poco curso: el curso de la Udelar sobre Palestina e Israel — Parte II Jonás Bergstein
|
El Coyote le hace juicio al capitalismo de mierda Eduardo Irigoyen García
|
Veinticinco años de una herida que no cierra Marcela Pérez Pascual
|
Actuar no es proteger Alicia Quagliata Rienzi
|
Apenas una voz Susana Toricez
|
Brasil: el Supremo se desordena y la elección se cierra
|
AfD: el triunfo que la etiqueta no explica
|
El oportuno sarampión malvinense de Milei
|
La ministra que permaneció sentada
|
Meloni: la estabilidad como victoria y como coartada
|
Alejandro Betancourt, el personaje que ensombrece todavía más el pacto petrolero
|
Frases Célebres 1097
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|