La desaceleración exige respuestas
Edición Nº 1092 - Viernes 7 de agosto de 2026. Lectura: 3'
La actividad económica pierde dinamismo, la confianza de los consumidores retrocede y la inversión continúa debilitándose. Mientras el contexto internacional aporta incertidumbre, crecen las críticas a la falta de medidas que impulsen la competitividad y reactiven el crecimiento.
Los indicadores económicos comienzan a dibujar un escenario que merece atención. Lejos del dinamismo esperado al inicio del período, la actividad muestra señales de debilitamiento que alcanzan tanto al consumo como a la inversión y que empiezan a reflejarse en las expectativas de empresas y familias. Si bien el contexto internacional aporta incertidumbre, buena parte de las dificultades responden a factores internos y a decisiones de política económica.
Los datos más recientes confirman esa tendencia. La evolución del nivel de actividad evidencia una pérdida de impulso, mientras que la confianza de los consumidores se ha deteriorado hasta ubicarse en niveles que no se registraban desde hace varios años. A ello se suma una inversión privada que continúa mostrando escaso dinamismo y proyecciones de crecimiento que colocan a Uruguay entre las economías de menor expansión de la región.
Resulta evidente que el escenario internacional no favorece. La desaceleración de la economía global, el encarecimiento del petróleo y un clima de incertidumbre afectan a prácticamente todos los mercados. Sin embargo, esos factores por sí solos no alcanzan para explicar la situación uruguaya. También pesan decisiones internas que han incrementado los costos para producir e invertir, así como señales contradictorias en materia económica que terminan debilitando la confianza de los agentes.
En ese contexto, la mayor carga tributaria derivada de distintos instrumentos fiscales, las dudas generadas por iniciativas vinculadas al mercado laboral y las idas y vueltas del Poder Ejecutivo respecto de algunas propuestas surgidas del denominado Diálogo Social han contribuido a generar incertidumbre. Para una economía pequeña como la uruguaya, donde las decisiones de inversión dependen en gran medida de la previsibilidad, estos mensajes no son menores.
La recuperación del crecimiento pasa inevitablemente por mejorar la competitividad. Ese es el desafío central si se pretende atraer inversiones, generar empleo y sostener mejoras en el nivel de vida de la población. En esa dirección, algunas iniciativas impulsadas por el Ministerio de Economía representan una señal positiva, aunque de alcance limitado. Además, varias de las medidas planteadas podrían implementarse mediante decisiones administrativas sin necesidad de un largo trámite legislativo.
El problema de fondo, sin embargo, permanece prácticamente intacto. Los elevados costos de producción continúan siendo un obstáculo para la competitividad. Energía, combustibles, regulación laboral y otras cargas estructurales siguen sin formar parte de una agenda integral de reformas. Por el contrario, algunas decisiones recientes, como el retorno a criterios discrecionales para la fijación de los precios de los combustibles, son vistas por diversos analistas como un retroceso respecto de mecanismos más objetivos y transparentes.
A ello se suma la preocupación por la estrategia fiscal adoptada por el gobierno. Concentrar el mayor esfuerzo de ajuste hacia el final del período presupuestal implica un riesgo considerable, especialmente si el crecimiento económico continúa por debajo de las previsiones originales y los ingresos públicos evolucionan con menor dinamismo del esperado. La capacidad política para aplicar ese ajuste en los últimos años de la administración aparece, además, como un desafío difícil de concretar.
En definitiva, la economía uruguaya atraviesa una etapa de enfriamiento que ya encuentra respaldo en distintos indicadores. Si el objetivo es recuperar el ritmo de crecimiento, será necesario avanzar en políticas que fortalezcan la competitividad, estimulen la inversión y generen señales claras de estabilidad y previsibilidad. Sin cambios en esa dirección, el riesgo es que la desaceleración deje de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en una tendencia más persistente.
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