Edición Nº 1081 - Viernes 22 de mayo de 2026

La costumbre de llegar tarde

Viernes 22 de mayo de 2026. Lectura: 2'

Por Alicia Quagliata

Cuando la reacción ante la crisis del día reemplaza a las soluciones estructurales, los montevideanos terminan normalizando el deterioro de la ciudad que habitan.

Vivimos en una ciudad donde muchas cosas empiezan a discutirse recién cuando el problema ya explotó. Nos acostumbraron a que la gestión municipal funcione por urgencias: que las inundaciones regresen con cada lluvia fuerte, que las veredas se reparen cuando ya están intransitables o que el tránsito se vuelva insoportable antes de evaluar soluciones estructurales.

Salimos a la calle y vemos una administración que parece correr siempre detrás de sus propios problemas. Barrios enteros conviven desde hace años con infraestructura envejecida y espacios públicos deteriorados. Las respuestas llegan tarde, y las obras —muchas veces fragmentadas— aparecen recién cuando el desgaste ya forma parte del paisaje cotidiano de Montevideo.

Y lo más preocupante es que empezamos a naturalizarlo. Nos resignamos a convivir con arreglos parciales y soluciones transitorias, como si gestionar una ciudad consistiera solamente en reaccionar ante la crisis del día.

Un territorio no se deteriora únicamente por falta de recursos. Se deteriora cuando la improvisación reemplaza a la planificación y cuando se pierde la capacidad de sostener prioridades claras en el tiempo. La falta de un mantenimiento continuo y la postergación de las transformaciones de fondo no se solucionan con una nueva campaña de comunicación; se agravan.

Una ciudad no se transforma acumulando proyectos inconclusos o anunciando nuevos mecanismos de financiamiento para paliar emergencias. Se construye con capacidad de ejecución, rigurosidad técnica y una conducción política dispuesta a mirar más allá del próximo período electoral.

Al final, la calidad de una gestión urbana no se mide por las obras que promete inaugurar a las corridas. Se mide por la capacidad de hacerle la vida más simple, más digna y más previsible a quienes habitan la ciudad todos los días.



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